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Tina Samper la pintura del silencio

Tina Samper la pintura del silencio

Revista Jet-Set

Esta artista con problemas auditivos y de lenguaje expone su obra en el Mambo. A partir de los 17 años estudió arte en Europa, se enamoró, tuvo dos hijos y, tras separarse, asumió las riendas de su hogar. Tina Samper, prima del expresidente Ernesto Samper, nos contó su admirable historia.
Tina Samper ha expuesto su obra en Japón, Cuba y Estados Unidos. “Mi discapacidad es un don porque me permite crear y ser contemplativa”. Foto: ©Imagen Reina/12.
Por: 18/9/2012 00:00:00
Cuando Blanca Samper de Samper descubrió que su hija mayor, Tina Samper, había nacido con problemas auditivos, no lo pensó dos veces y empacó maletas a México, donde estudió fonoaudiología para aprender a comunicarse con ella. De regreso a Bogotá la matriculó en el Gimnasio Femenino, para socializarla con niñas sin discapacidad, y le ordenó a sus otros hijos que no les hablaran con señas para que aprendiera a leer los labios. A la edad de 17 años, después del bachillerato, Tina Samper se sintió preparada para vivir sola y se fue a Europa, donde estudió arte en Madrid, París y Londres. Más tarde, se matriculó en el Rochester Institute of Technology de Nueva York para aprender fotografía.

Ante las dificultades auditivas, aquella adolescente independiente llamaba por teléfono a sus padres, con quienes sostenía una comunicación unilateral, que ella llamaba monólogo, porque era la única que hablaba. “Yo les decía: estoy bien, estoy viva, pero no me podían hacer preguntas, ni responderme”, recordó la artista, quien años más tarde se enteró de que sus papás terminaban hechos un mar de lágrimas después de cada conversación.

En aquellos días conoció a un belga, de cuya relación nacieron sus hijos Alejandro y Tomás, dos jóvenes sin deficiencias auditivas, ni de lenguaje. Cuando ella creía que era la hora de anclarse en una familia, la relación se fue a pique. Tina quedó sumida en una depresión de la que salió con esfuerzo y lágrimas, tras reencontrarse con la pintura. “Cuando quedé sin las personas que quería me dediqué a la acuarela”. El arte de Tina es abstracto y extremadamente colorido como resultado de la contemplación continua y del sentido de la visión desarrollado. “Quizá como no oigo, me impacta el colorido del mundo. Me parece inconcebible que la gente no se vista de rojo, naranja y tonos incendiados”.

Sin la ayuda de su esposo, Tina emprendió la crianza y manutención de sus hijos con la disciplina y responsabilidad que le inculcaron en casa. Fue así como dictó clases a niños con discapacidad, trabajó en la revista Avianca y se dedicó a recorrer el mundo con su obra: desde Japón hasta Cuba, y de México a Estados Unidos. En esta travesía obtuvo, en 1995, el Premio de Mejor Acuarelista Figurativo que creó las Naciones Unidas.

Esta artista vive sola en Bogotá, pegada a internet y con el celular en la mano para comunicarse por escrito con su familia. Sus hijos Alejandro, de 22 años, y Tomás, de 20, estudian derecho y economía en Bélgica. “Me siento orgullosa porque yo sola los saqué adelante”, dice Tina, quien prefiere no hablar de su parentesco con el expresidente Ernesto Samper. Sus paisajes llamativos estarán expuestos hasta finales de septiembre en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.
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