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Tatiana Piñeros la transexual que vende a Bogotá en el mundo

Tatiana Piñeros la transexual que vende a Bogotá en el mundo

Revista Jet-set

En un hecho sin precedentes en Colombia, Petro nombró a un transgénero en la dirección del IDT, la entidad que promueve las bondades turísticas de la capital del país. Tatiana Piñeros tiene entre sus retos el posicionamiento de la ciudad como destino gay friendly, es decir amigable con las personas del LGBTI.
Tatiana Piñeros, el transgénero que asumió la dirección del IDT, estudió contaduría en la Universidad Central de Bogotá. Luego fue gerente de una agencia de publicidad hasta convertirse en una de las personas más fieles a la administración de Petro. Foto: Imagen Reina/14.
Por: Edición 28721/7/2014 00:00:00
La responsabilidad de promocionar los atractivos turísticos de Bogotá recayó sobre Tatiana Piñeros, el primer transexual en asumir la dirección del Instituto Distrital de Turismo, el organismo que manejará un presupuesto de 18.000 millones de pesos en una campaña publicitaria por Estados Unidos y Europa. El alcalde Gustavo Petro le otorgó este espacio en la gestión pública después de conocer sus resultados como secretaria privada del Palacio Liévano.

Con el nombramiento de Piñeros, la imagen del burgomaestre subió puntos en los organismos que defienden los derechos de las minorías sexuales. Por su lado, Tatiana empezó a hacer carrera como ícono de la comunidad del LGBTI debido a su valentía para derribar los prejuicios sociales.



¿Qué sello pondrá un transgénero en el IDT? –Bogotá está posicionada como destino de negocios, con todo y eso la capacidad hotelera se llena en un 52 por ciento de lunes a viernes. Los fines de semana cae al 20. Entonces, la estrategia es venderla como ciudad gay friendly, a un nicho del LGBTI, que por su conformación de familia sin hijos le gusta gastar más. De la mano de hoteleros vamos a trabajar por el respeto a las parejas del mismo sexo, que no se fijen en pequeñeces como si duermen o no en camas separadas.

Entre los transexuales hay una clasificación: los que se cambiaron de sexo y los que no. ¿Usted en cuál está? –De eso no hablo. ¿Tú crees que hacerse una vagina te convierte en mujer? Mi transgenerismo va por el lado de la sensibilidad femenina.

¿Está conforme con la apariencia física que tiene o sigue siendo una mujer en transición? –Soy un ser en continuo cambio. El día a día me exige información, interacción con los demás, crecimiento espiritual… en fin. En cuanto a mi apariencia física me siento bien así. No soy la más mamacita y no me interesa ser modelo. No quiero más hormonas, ni cirugías para verme voluptuosa.

¿Le afecta si alguien la trata como si fuera un hombre? ¿Le duele si el mensaje de ser mujer no le llega a la gente? –Me molesta dependiendo el día. Una vez en un banco una niña me dijo “señor” tres veces. La corregí explicándole: “Soy una señora”. Cuando me volvió a decir “señor” me sobresalté y le dije: “No me puse tetas, ni me cambié el nombre en la cédula, ni me monté en tacones para que me digan ‘señor’”.

Los trans hablan del duelo que hacen cuando ‘matan’ al hombre del pasado. ¿Cómo fue su caso? –Yo maté lo que fui, dejé de ser aquel chico y desde entonces empecé a exigir que me trataran como mujer. Una tía, por ejemplo, se negó a enterrar mi pasado y me decía: “Nene, mijitico”. Le pedí que no me tratara así. Ese hombre que fui se murió. Ahora soy Tatiana.

¿Ni siquiera guarda fotos de su vida masculina? –Mi mamá las guarda, pero yo no. Igual no me afecta porque te aseguro que ya las hubiera quemado. Yo nací cuando cumplí 30 años. Ese día saqué a Tatiana del clóset. Lo anterior es algo que se borró de mi chip.

Se dio cuenta de su condición a los 18 años, pero toma la decisión a los 30. ¿Por qué tanto tiempo? –Fue un tiempo largo y racional porque tenía que construir mi clóset, mi estilo femenino y además para no agredir a la familia. Yo era gerente de una empresa de publicidad. Mis excompañeros de trabajo tuvieron una pedagogía para entender qué era lo trans y que esa condición no minimizaba mis capacidades profesionales. Ellos me apoyaron.

¿En el sector público también hubo pedagogía para entender a Tatiana? –No, pero debería haberla. A muchos de mis funcionarios les da susto tratarme. Los veo incómodos porque no saben si decirme “doctor” o “señora”.

Es un ambiente machista. –Pero me respetan, a diferencia de algunos en la calle. No falta el que me ha dicho “mamacito” y “loquita”. Pero eso es lo de menos.

¿Qué referentes de mujer tuvo para convertirse en Tatiana: las divas del cine, las modelos o las niñas cosmopolitas que tanto les gustan a los gay? –Me construí como Tatiana Piñeros, la mujer, y no la trans. Admiro a las mujeres sobrias sin ser aburridas, las ejecutivas, las chicas que no parecen conejitas Playboy. Mi mamá, mi gran inspiradora, decía: “Así como te ven te tratan y si te ven mal, te maltratan”.

¿Por qué Petro la incluye entre sus funcionarios? ¿Acaso para acercarse a los votos de las minorías sexuales? –Para Petro no soy una cuota del sector LGBTI. Sin embargo, creo que conmigo envió un mensaje y es que mis capacidades profesionales están por encima del género. Lo importante es mi gestión empresarial y no si soy trans o con quién me acuesto.
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