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Sofía Loren y Brigitte Bardot divas de 80 años

Sofía Loren y Brigitte Bardot divas de 80 años

Revista Jet-set

Los símbolos sexuales más famosos de los años 60 y 70 comparten este mes la suerte de llegar a la octava década de unas vidas que no pueden ser más contrastantes.
La italiana en los años 50. Primero triunfó en su país y luego conquistó Hollywood, donde rivalizó con Liz Taylor y trabajó junto a leyendas como Marlon Brando y Charlie Chaplin. Foto: AFP.
Por: Edición 29012/9/2014 00:00:00
En 1970, el mundo del cine tenía dos diosas, Sofía Loren y Brigitte Bardot, quienes a pesar de ser europeas les habían robado a las estadounidenses el protagonismo como bombas sexys. Los paparazzi las asediaban, cualquier cosa que decían o hacían generaba titulares y lo que vestían se convertía en moda. Aparte de eso y de haber nacido en septiembre de 1934, este par de bellezas taquilleras que ahora cumplen 80 años no tienen nada en común.

Sofía, la italiana, creció en la miseria, a causa de la mezquindad de su padre, Riccardo, un joven de la nobleza siciliana, quien nunca quiso casarse con su madre, Romilda, ni cuidar de ella ni de su hermana María. Brigitte, la francesa, era en cambio una niña bien del exclusivo Distrito XVI de París. Mientras que Loren tuvo que hacer una larga antesala para ser notada por los directores, tras ser reina de belleza y actriz de fotonovelas, Brigitte entró sin preámbulos por la puerta grande. Sus padres, Louis y “Toty”, le pagaron una cara escuela de danza, porque su inicial embeleco artístico fue ser prima ballerina. Pero se topó con el realizador Roger Vadim, quien la enroló en la aventura de darle un vuelco al cine francés y terminó convirtiéndola en la precursora de la revolución sexual, en un mito. Con sus películas, como la clásica Y dios creó a la mujer, y su actitud, Bardot desafió las ideas del pecado y de la culpa ante el placer, por lo cual se le reconoce como el símbolo de la emancipación femenina, mérito que ella declina: “No tengo nada que ver con eso. He vivido como he querido y lo sigo haciendo, pero soy a la vez libre y dependiente del hombre que amo”, le explicó hace poco, en una rara entrevista, a Paris Match. En los años 50 y 60 fue junto a Charles de Gaulle el personaje más célebre de Francia en todo el planeta y su influencia era tal, que le reportaba al país más divisas que la fábrica de autos Renault.

Las 39 portadas que le dedicó Paris Match, sus 48 filmes y 80 canciones marcaron el gusto y la curiosidad de ese entonces, “un período de gracia”, al decir de Henry-Jean Servat, autor del libro Bardot, la légende.

Si la parisiense se convirtió en la cara de la Nouvelle Vague, conocida corriente del cine francés, Sofía lo fue del no menos renombrado neorrealismo italiano. Pero al contrario de Brigitte, ella sí soñó con Hollywood, adonde llegó, venció y rivalizó con nadie menos que Liz Taylor y Marilyn Monroe.

Con sus papeles como la francesita deliciosa, avispada y dispuesta para el sexo, en cintas como Une Parisienne, Bardot revolcó la manera de vivir de su género, lo que le valió la condena del Vaticano por impúdica. En la vida real, no era muy distinta. Sus padres tuvieron que acceder a su boda con Vadim, a los 18 años, porque ella amenazó con irse a vivir con él, algo mal visto en su medio burgués. Brigitte no se dejó dominar por esas convenciones y además de sus otros tres esposos, Jacques Charrier, Gunter Sachs y el actual, Bernard D’Ormale, cuenta haber tenido 17 amantes, con algunos de los cuales le fue infiel a sus maridos.

Loren, intérprete de papeles más graves, de víctimas de la dura posguerra o esposas con conflictos conyugales, tiene una historia amorosa calmada. Aparte de su caqueteo con Cary Grant, ha sido mujer de un solo hombre, el productor Carlo Ponti, 21 años mayor que ella y quien la convirtió en estrella. Fueron el símbolo de la pareja famosa y feliz, aunque ella sufrió por los flirteos de él con otras, sin pagarle con la misma moneda, hasta que la dejó viuda en 2007. Desde entonces, confiesa, no puede dormir con la luz apagada.

Sofía libró una dura batalla para cumplir su deseo ferviente de ser madre. Tras varias pérdidas de bebés y cuando no tenía esperanzas, una amiga le recomendó al médico suizo Hubert de Wattaville, gracias a quien tuvo a Carlo Jr., hoy director de orquesta, y a Edoardo, cineasta, quien la ha dirigido en dos cintas. Sofía, además, ha sido el sostén moral y económico de su parentela. Ella pagó el millón de liras que su padre le pidió para darle el apellido a su hermana María, quien luego se caso con un hijo de Benito Mussolini. “Cuanto más envejeces, más te pareces a tus padres”, asegura hoy.

“Jamás he creído en los lazos de sangre”, aclara Bardot, en la orilla opuesta, cuando justifica por qué, tras su divorcio de Jacques Charrier, le entregó a este a su hijo Nicolás. En su autobiografía escribió que el embarazo había sido una pesadilla, que quiso quitarse ese “tumor” (la barriga) a punta de golpes y que hubiera preferido dar a luz a un perrito. Ello ofendió tanto a Nicolás que la demandó. A sus nietos los ha visto una sola vez en la vida, y a sus bisnietos, nunca.

Sofía es tímida, clarividente y cuidadosa con lo que habla. Tras seis décadas de carrera continúa actuando, ha sido imagen de grandes marcas y en este cumpleaños 80 sorprende lo bien que se conserva, como se ve en las galas del cine, a las que acude revestida de diamantes, otra de sus pasiones. Bardot en eso también es muy distinta. Su verbo polémico le ha traído problemas, como cuando una comunidad musulmana la acusó ante un tribunal por racista, y no oculta su simpatía con la ultraderecha. En 1973, en la cúspide de su fama, renunció a la vanidad y la farándula para dedicarse a su fundación en pro de los animales, una labor que la mantiene activa aunque reacia a las cámaras, y la hace soslayar las dificultades para caminar que le ha dejado la artrosis. Mientras que Sofía sigue paseándose regia por la alfombra roja, la francesa anda con muletas, sostiene no acordarse siquiera de haber hecho cine y rechaza la llamada “bardolatría”: “Eso jamás se me ha subido a la cabeza. Son los demás los que han inventado esos chismes. Nunca me he tomado en serio y he sufrido por la falta de libertad que me impone esta celebridad tan pesada”, le explicó a Paris Match.
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