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Sofía de España la soledad de la reina

Sofía de España la soledad de la reina

Revista Jet-set

Molesta, relegada e inútil, así se siente la esposa del abdicado rey Juan Carlos de España luego del relevo en el trono, según le contaron sus amigos a la revista Vanity Fair.
La última entrada de Sofía al salón del trono del Palacio Real como reina de España, en junio pasado, con motivo de la cena en honor del presidente de México. Su expresión melancólica presagió la incierta situación que hoy vive en la corte. Foto: Look Press Agency
Por: Edición 29322/10/2014 00:00:00
La abdicación de Juan Carlos I y la subida al trono de su hijo Felipe le cambió la vida a la familia real y no todos sus miembros lo están asumiendo bien. La más afectada, tal vez, es la consorte del monarca saliente, Sofía, quien tras 39 años de reinado hoy se siente desplazada por su nuera, la nueva reina Letizia, según infidencias de amigos suyos a la edición española de Vanity Fair. Y no le falta razón para sentirse así, a juzgar por los aspectos logísticos y de protocolo llegados con el cambio. En la web de la Casa del Rey, por ejemplo, ha sido relegada al último lugar en el orden de jerarquía del clan

real. Por otro lado, la oficina espaciosa que ocupó por años ahora es de Letizia, quien la reemplaza en su nutrida agenda de visitas de jefes de Estado, viajes al extranjero, inauguraciones y jornadas benéficas, entre otros. Si como reina titular cumplía con más de cien citas al año, en los últimos tres meses solo ha tenido dos. “Ahora se siente nómada. Su lugar oficial ya no está a su disposición”, aseguró la fuente de Vanity Fair, aludiendo al hecho de que su papel sigue sin definir y no ha ocultado su molestia con esta “inactividad cada vez más acuciante”.

“Se ha hablado de su profesionalismo y sacrificio, pero va más allá. Tiene un corazón enorme y una gran capacidad de solidarizarse con el sufrimiento de los demás porque ella también sufre”, le declaró a la revista Isabel Hoyos Martínez de Irujo, marquesa de Isasi, y una de las pocas amigas que Sofía tiene en la nobleza española. Se refiere, al parecer, a la delicada situación matrimonial de la reina y que puede ser, en parte, la raíz de su desazón. En condiciones normales, ella y el rey podrían estar haciendo uso de buen retiro como cualquier pareja de casados que ha envejecido unida. Pero este no es el caso.

Mucha tinta sigue corriendo al respecto de que hace tiempo llevan una relación oficial, pero no conyugal, debido a las infidelidades del monarca. “Ni siquiera se hablan”, comenta otro informante cercano a la realeza. Ahora que no necesitan aparentar, muestran sin tapujos que llevan vidas separadas. Así se vio desde el día siguiente de la proclamación de Felipe, desde cuando Sofía y Juan Carlos no volvieron a aparecer juntos en público, salvo un breve encuentro en el reciente Día de la Cruz Roja. Cada uno pasó por su lado las vacaciones de verano, ella en Mallorca y él en Madrid, aunque el diario La Repubblica, de Roma, aseguró que estaba en Londres con Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la princesa alemana que, se murmura insistentemente, ha sido su amante por años. El rotativo causó revuelo al decir, en el mismo informe, que el divorcio de los esposos es inminente. La casa real no ha desmentido la versión, a la que cierto sector de la prensa no da crédito, mientras que otros sostienen que fue la firma de abogados que lleva el caso la que la filtró.

Si el divorcio se concretara, Sofía quedaría en una posición poco halagüeña, en opinión del catedrático de Derecho Constitucional Agustín Ruíz Robledo, de la Universidad de Granada, quien le explicó a Vanity Fair que al no ser más la consorte de Juan Carlos, dejaría de ser reina, y Felipe podría concederle un título de duquesa o de condesa. Igualmente, se vería despojada de su aforamiento. Otros expertos en la materia, como Dativo Salvia, historiador de casas reales, creen que pasaría a ser llamada Doña Sofía, Reina Madre o, simplemente, madre de Felipe VI. De resto, seguiría disfrutando de la fortuna, el joyero y algunas residencias reales. Prácticamente, todo se reduciría a “divorciarse para que todo siga igual”, concluye por su lado Núria Tiburcio, periodista del portal Vanitatis.

Pero tampoco se puede decir que la reina desayuna y queda desocupada. Es una mujer inquieta por las causas sociales, el arte, los ovnis y los fenómenos paranormales, de los cuales habla con especialistas como J.J. Benítez, autor del libro Caballo de Troya. Es, así mismo, asidua asistente a la reuniones del Comité de Sabios, sobre variados temas científicos y humanísticos.

Ahora tiene más tiempo para volcarse a su familia griega. Hija del fallecido Pavlos y hermana del destronado Konstantinos, reyes de los helenos, Sofía vive con nostalgia de la tierra que la vio nacer en 1938 y ha vuelto varias veces en los últimos meses. En Madrid, tiene un grupo de compatriotas amigos y va mucho a la iglesia de los santos Andrés y Demetrio, de la fe ortodoxa que dejó para casarse con Juan Carlos en 1962, aunque sigue siendo católica. Seguramente, la reina siente que necesita ayuda divina en “esta otra vuelta de tuerca para comprobar su resistencia. La vida se le complica más”, reflexiona uno de sus amigos.
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