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Simón Araújo es un músico, no un tipo de peleas

Simón Araújo es un músico, no un tipo de peleas

REVISTA JET-SET

El estudiante del Gimnasio Moderno que fue agredido por unos desconocidos mucho mayores que él, aún no se explica cuál fue el motivo del ataque. Hoy, tres semanas después, sonríe sin dos de sus dientes frontales y ha perdido varios kilos porque solo puede comer helados y sopas. Su padre, Sergio Araújo, está en la tarea de que esta agresión no quede impune.
Simón es un artista, ha tocado guitarra desde que tenía 10 años y sus amigos lo conocen como un músico, no como un tipo de peleas. Hace poco compuso una canción donde perdona a sus agresores y se ríe de su situación.
Por: Revista Jet-set.22/2/2017 00:00:00

El sábado 4 de febrero, Simón Araújo Savi, estudiante de grado 11 del Gimnasio Moderno, salió de su casa a las 8:45 de la noche a encontrarse con un grupo de amigos en un apartamento del edificio Sierras del Este en la Circunvalar con 61 en Bogotá. Iban para una fiesta, pero un nefasto encuentro con unos desconocidos acabó con la celebración antes de que pudieran salir del lugar.

Una semana después fue expuesto en las redes sociales ensangrentado y sin dos de sus dientes superiores. Hoy, está atrasado en el colegio pues las consultas y los tratamientos médicos no le permiten asistir a clases. Pesa cuatro kilos menos porque solo puede tomar sopas y helados, pues los puntos que le cogieron, en las dos cirugías que le han hecho, no lo dejan masticar. Aún así bromea y en medio de su buen humor nos dice que no entiende por qué pasó lo que pasó.

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“Cuando nos íbamos para la fiesta, bajamos y se abrió el ascensor, me di cuenta que había dejado mi celular, así que le dije a Posada, un amigo, que me acompañara a recogerlo. Al volver al lobby vi que mis compañeros discutían con unos tipos que no conocíamos. Eran bastante mayores que nosotros, de 25 a 30 años. Estaban muy tomados, y no sé por qué peleaban; pero me puse en plan de tranquilizarlos a todos porque se veían muy alterados. Les dije: ‘vámonos, no peleemos que nos tiramos la fiesta’”.

El álgido momento tuvo unos instantes de calma pero luego adquirió un tono más confuso y violento: “Uno de ellos se vino a pegarle a un compañero, en la carrera se cayó y mi amigo se asustó y salió corriendo. Yo corrí a calmarlo porque tengo cierto sentimiento de protección por mis amigos, por ser el mayor, no solo de mi clase, sino del colegio entero, tengo 19 años.

Alguien me dio un golpe por la espalda y me tumbó, caí y no tuve chance de hacer nada. Recibí muchos puños en la cara, lo siguiente que recuerdo es estar tirado en el piso reventado y sangrando. Cuando me puse la mano en la boca, mi dedo siguió hacia adentro. Luego me pasé la lengua y me di cuenta de que uno de mis dientes colgaba de la encía y el otro ya no estaba. Me habían tumbado los dientes”.

Impactado, llamó a su padre, el columnista y político Sergio Araújo Castro, quien al llegar no podía creer el cuadro ante sus ojos: Simón con la boca destrozada; la camisa blanca teñida de rojo oscuro con la sangre de su hijo, que lo miraba triste, lleno de contusiones en el rostro. La violenta agresión acababa de ocurrir en el lobby de las tres torres ante la impávida presencia de tres porteros del edificio y patrulleros de la Policía que presenciaron todo y no hicieron nada. En su angustia el padre alcanzó a requerir los videos del inexplicable episodio. Le prometieron entregarlos 48 horas después, pero dos semanas más tarde, aún no aparecen.

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El joven acabó en la clínica, le hicieron cirugía plástica en el labio, le suturaron el paladar y le retiraron uno de los dientes que aún colgaba. Le hicieron radiografías, un TAC, le ordenaron hospitalización, quietud y una dieta blanda, que continúa porque el proceso odontológico es lento y sigue sin dientes.

El lunes siguiente no se habló de otra cosa entre los padres de familia de los colegios de Bogotá y sus fotos rodaron por Facebook, Twitter, Instagram y cientos de chats en WhatsApp.

El penalista Jaime Lombana, amigo de la familia, quien conoce a Simón y sus hermanos desde que nacieron, tomó el caso con gran indignación, e impulsa la causa en la Fiscalía mientras la familia espera que la autoridad proceda ante los agresores responsables de un incidente que se repite con mucha frecuencia entre los jóvenes y estudiantes del país.

Simón ha contado con el apoyo de su familia. Su hermano mayor, Daniel, abogado uniandino, escribió una columna en los portales Los Irreverentes y Kienyke, en la que habla de la nobleza y del valor con que su hermano menor ha enfrentado la situación. Dice que le gustaría ser como él, y junto a su padre, se ha puesto en la tarea de que esa agresión cobarde no quede impune.

Su hermana Sofía, mayor que Simón, quien actúa con él en la próxima serie de Caracol que recrea la vida de su tía, la cacica vallenata Consuelo Araújo, lo consiente y aconseja, mientras Matilde, la menor de sus hermanos, le da cuenta de miles de personas que le escriben afectuosos mensajes de solidaridad. Su madre, Sandra Savi, no ha vuelto a diseñar en su taller de joyería porque está dedicada de lleno a la recuperación de su hijo.

Simón Araújo Savi es popular entre sus amigos del Colegio Andino, donde estudió hasta hace tres años, y del Gimnasio Moderno, donde espera graduarse este 2017. “Ser gimnasiano es una gran alegría para mí, el Moderno valora el ser humano y lo hace crecer. En el Andino son más importantes los resultados, y un músico que es lo que soy y en lo que quiero crecer, no encajaba en sus rígidos estándares, por eso me puse de acuerdo con mis padres y me cambié”.

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El 14 de febrero, diez días después del ataque, conmovido por cientos, quizás miles de mensajes que le enviaron a sus redes sociales y a las de sus hermanos, se sentó en el mismo computador donde hace tareas escolares y mezcla su música, y escribió una reflexión muy sentida, descarnada y en lenguaje simple, en la que abrió el corazón, perdonó a sus agresores, pero pidió que la sanción sobre su caso sirva como un ejemplo de justicia... “Tenemos que aprender a burlarnos de nosotros mismos, sin embargo mucha gente no tiene una segunda oportunidad”.

La carta de Simón, en la que da las gracias, quedó en su cuenta de Facebook junto a una graciosa fotografía sonriendo al lado de otra de un chimpancé también sin dientes. Ambas quedaron publicados al lado de un video en el que él toca la guitarra y canta una pegajosa canción de su autoría que tituló: Estar sin dientes.

Todo el tiempo Simón pensó que habría podido evitar esa trifulca. Lo había logrado otras veces, cuando sus amigos casi cayeron en problemas. Precisamente ellos, cuentan que lo de “Saimon” es la música, que toca guitarra desde los 10 años, que compone lindo, y que lo único que quiere es tocar, cantar y estudiar producción musical y actuación en Estados Unidos.

Simón nos recibió en su casa, está nostálgico pensando que no va a poder hacer un papel que le ofrecieron en televisión, mientras tanto hace exploración en internet para escoger universidad. Su habitación es un miniestudio, está llena de guitarras, trastes y micrófonos. Él sonríe cuando le decimos que hay más música que sueño en el espacio, y nos responde con dulzura y una serenidad que fluye de sus manos a la voz: “Mis guitarras son mis novias, las amo y con ellas aprendo a crecer”.

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