Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Shirley Temple adiós a la niña prodigio

Shirley Temple adiós a la niña prodigio

Revista Jet-set

Consternación ante la muerte de la exestrella juvenil que salvó con su gracia a la industria del cine en los años 30 y brilla aún como la artista más taquillera de la historia de Hollywood.
Una de sus últimas apariciones en público ocurrió en 2006, cuando recibió el Screen Actors Guild Award en homenaje a su vida y obra. Actuó en 43 cintas.
Por: Edición 27724/2/2014 00:00:00
“Cuando llegamos, nos recibió un mar de brazos que parecían obedecer a un impulso ascendente y ondeaban como tentáculos. Esa humanidad rebosante emitía una cacofonía palpitante de gritos y resonantes aullidos. (…) Las cuerdas y barricadas de contención cayeron y fuimos engullidos por el avance de la multitud (…). De repente, solo vi un mosaico de caras, brazos y bocas gritando. Las manos se levantaban para agarrar mis piernas, quitarme los zapatos o halar mi vestido”. Así recordó Shirley Temple en sus memorias el apoteósico recibimiento que le tributaron 10 mil personas en el Boston’s Public Garden en 1938, cuando tenía 10 años y estaba en la cima de su fama. Minutos más tarde, ella le preguntó a su madre, Gertrude, por qué la gente actuaba así y ella le contestó: “porque tú los haces felices”.

Mejor respuesta no pudo recibir la niña que con su precocidad, rizos dorados y tierna sonrisa ayudó a Estados Unidos a escapar y sobrellevar la miseria y desesperanza que vinieron con la Gran Depresión de los años 30. Hoy, con otra crisis sobre los hombros del mundo, pero sin una Shirley para evadirse de ella, muchos se declaran sorprendidos al saber de su muerte, pues imaginaban que había acaecido ya.

Lo que sucedió fue que, hacía años, la primera gran estrella infantil de Hollywood había hecho mutis por el foro luego de ser la persona más famosa del globo. Quedaban en el recuerdo las imborrables imágenes del impecable tap y el canto con que cautivó a la audiencia de su tiempo, en filmes como Now and Forever Year o The Little Colonel, en los que compartió cartel con actores de la talla de Gary Cooper.

A la graciosa Shirley las estadísticas aún le reconocen el honor de ser la estrella más taquillera en la historia de la meca del cine, por encima de Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor o Clark Gable. En plena Gran Depresión, cuando la escasez amenazó al cine, ella salvó a un coloso como Fox, la productora para la que trabajaba, la cual recaudó 42 millones de dólares entre 1934 y 1938, cuando la carrera de la pequeña vivió su máximo esplendor.

El deceso de Shirley Temple Black, a los 85 años, en su casa de Woodside, California, ha desempolvado el cuento de hadas que sustentó su increíble celebridad. En esta época en que las jóvenes estrellas, desde Elvis Presley hasta Justin Bieber, pierden el control ante la fama y corren hacia la autodestrucción, ella es alabada como la jovencita exitosa dueña de un inviolable sentido de sí misma que la ayudó a no perderse, al punto que “es quizá la única estrella que realmente era como la vimos”, según Ty Burr, cronista de The Boston Globe.

Pero su paso por el escenario no está exento de pasajes poco amables, en especial en sus comienzos. Su madre, una bailarina frustrada, vio su potencial cuando apenas daba sus primeros pasos y para cuando su tercera hija con el financista George Temple tenía 3 años ya la tenía actuando para Educational Films, donde ganaba 50 dólares a la semana, equivalentes a unos 780 dólares de hoy, nada mal para una niña. Lo reprobable era que el régimen de aquella productora era una “cínica explotación de nuestra inocencia”, según la propia actriz. Las dos semanas de ensayos no se las pagaban y a los niños que se portaban mal en el rodaje los encerraban en una caja de castigo con un enorme bloque de hielo.

A Shirley le tocó pasar varias veces por la horrible “caja negra”, antes de ser descubierta por Fox, donde obtuvo un primer contrato con sueldo de 150 dólares a la semana. La empresa solo se percató de lo excepcional que era cuando Paramount se la pidió prestada para Little Miss Marker, que resultó un hit. “Esa niña me intimida. Se sabe todos los trucos”, recordó el actor Adolphe Menjou, quien también actuó en la cinta.

Shirley, por su parte, se llevó un susto enorme por culpa del director Alexander Hall, quien para que llorara con realismo en una escena, le dijo que a su madre la había raptado un hombre verde y con los ojos rojos, mientras las cámaras seguían rodando. Fox no quiso venderle su contrato a Paramount por 50 mil dólares, una suma espectacular para la época, y se dedicó a hacer de la niña prodigio un fenómeno.

Entonces, los ingresos de la actriz se cuadriplicaron, las 4000 cartas de admiradores que recibía semanalmente evidenciaban su estrellato y para 1935 era la artista más rentable de Hollywood. Y pensar que ella solo podía disponer de 13 dólares al mes, mientras que sus padres despilfarraban su fortuna en viajes, casas y lujos. Cuando se hizo mayor de edad y quiso tomar el control de su dinero, se encontró con que de los 3 millones 200 mil dólares que había amasado en sus días de gloria, solo quedaban unos 44 mil.

El presidente Franklin Delano Roosevelt llegó a decir: “mientras nuestro país tenga a Shirley Temple, todos estaremos bien”, al tiempo que la futura reina Isabel II de Inglaterra y su hermana Margaret eran sus devotas fans, como millones de niños del planeta.

Temple también tuvo detractores, algunos de peso como el gran Graham Greene, quien la llamaba “la pequeña zorra”. A raíz del filme Wee Willie Winkie, él escribió: “sus admiradores

–hombres de mediana edad y curas– responden a su dudosa coquetería y ante su bien formado y deseable cuerpo, rebosante de vitalidad, solo porque la cortina segura de la historia y los diálogos se interpone entre su inteligencia y sus deseos”. Estas insinuaciones de pedofilia asociadas a Temple le costaron una multa cercana a los 3000 dólares.

Pese a lo que Greene pensara, se vendieron como pan caliente la muñeca Shirley Temple, el coctel Shirley Temple (Ginger Ale con granadina y hielo frappé) y hasta la plancha para el pelo para copiar los peinados de la pequeña diva.

Todo aquel brillo empezó a decaer cuando Fox no se la quiso ceder a MGM para que protagonizara El mago de Oz, hoy un símbolo del celuloide. El paso a la adolescencia y la adultez no la trató con la misma deferencia, pese a que protagonizó al lado del galán más deseado del momento, Cary Grant, o que la dirigió el magistral David O. Selznick.

A los 17, Temple mostró cierta rebeldía: fumaba un cigarrillo tras otro y se casó con el primer hombre que se le cruzó en el camino, el militar y también actor John Agar. Él la maltrataba psicológicamente y todo terminó en divorcio. Luego, se casó con el amor de su vida, Charles Black, y se reinventó como diplomática.

Un estremecedor aparte de las memorias de Shirley evoca el momento en que, a los 16 años y ante los fracasos de sus películas, reconoció que nada volvería ser como antes, se retiró y entró a un colegio de Los Ángeles: “lágrimas brotaron de mis ojos. Miré a todas esas jovencitas y supe que yo era una de ellas”.
LO MÁS VISTO