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Se vende la casa de Versace

Se vende la casa de Versace

Revista Jet-set

La mansión que el modisto italiano convirtió en un templo del lujo en Miami, una de las más caras del mundo, tiene graves problemas financieros. Su dueño tuvo que reducir su precio de 125 a 100 millones de dólares y ni siquiera así ha podido venderla.
El modisto italiano Gianni Versace rescató la casa de la ruina en 1992. Pagó por ella 10 millones de dólares y gastó otros 33 millones en su restauración y fastuoso mobiliario. Foto: AFP.
Por: 1/3/2013 00:00:00
Casa Casuarina parece un caserón más en el exclusivo sector de South Beach, en Miami. Pero apenas el visitante franquea sus puertas descubre por qué es la segunda mansión más fotografiada de Estados Unidos después de la Casa Blanca. Mosaicos y baños con recubrimiento de oro, paredes forradas de textiles opulentos, pinturas al fresco y muchas otras excentricidades no dejan duda de que el gran Gianni Versace fue su dueño. Tristemente, también es cierto, fue a la entrada de este real palacete que el asesino en serie Andrew Cunanan mató al modisto en 1997, dejando huérfano al mundo de la moda.

Cinco años antes de la tragedia, en el pináculo del éxito y la fortuna, el italiano se enamoró de la casa, que estaba en ruinas, y la compró por 10 millones de dólares, que no fueron nada en comparación con los 33 millones que luego invirtió para devolverle el esplendor con que fue erigida en los años 30 por el político Alden Freeman.

Un monstruo del diseño italiano como Versace no pudo menos que idear hasta los más mínimos detalles de Casa Casuarina. A cada uno de sus diez cuartos, por ejemplo, le asignó un tema. Así, está la habitación marroquí, la persa y la de las aves, que exhibe pájaros pintados en los muros o tallados en los muebles. La suite La Mer, por su parte, era la favorita de Madonna.

A Versace le fascinaba que la construcción se inspirara en el alcázar de Cristóbal Colón en Santo Domingo, el palacio más antiguo de América, pero le pareció que su área era insuficiente para su proyecto, de modo que en 1993 adquirió el vecino Hotel Rever, por otros 3,7 millones de dólares, para demolerlo. Lo malo es que se trataba de una joya del art déco, por lo cual fue demandado. A la final, ganó en los tribunales y su genio estrafalario, al igual que en las pasarelas, no tuvo límites.

Su sitio favorito era la piscina romana, donde ofreció muchas fiestas para el jet-set y considerada la joya de la corona de Casuarina. Adornada con mosaicos que incluyen piezas forradas de oro, exhibe la célebre medusa que sirve de logo a la casa de modas Versace. A la hora de amoblar el modisto tampoco ahorró en gastos, a tal punto que se dice que los muebles y adornos de diversas épocas y estilos costaban más que la propiedad. Solo una parte del tesoro subastada en el 2001 por su hermana Donatella se vendió por 10 millones de dólares.

Pero esos tiempos de superabundacia son hoy un recuerdo en Casa Casuarina. En el 2001, el magnate de las telecomunicaciones Peter Loftin pagó por ella 19 millones de dólares. Luego él se la alquiló a Barton G. Weiss, quien instaló allí un hotel boutique, The Villa by Barton G, que funciona actualmente. No obstante, la negociación no le sirvió a Loftin para pagar la gruesa hipoteca y ahora enfrenta un proceso de ejecución, así como otros pleitos judiciales. Para rematar, la propiedad debe tres años de impuestos, una millonada, porque Loftin y Weiss no terminan de ponerse de acuerdo al respecto.

Ante tantos problemas, Loftin resolvió vender Casuarina en junio del año pasado por 125 millones de dólares, suma que llegó a hacer de ella una de las más caras de Estados Unidos y el mundo. En todos estos meses no apareció el anhelado comprador y hace poco le tocó rebajar el precio a 100 millones. Pero la crisis económica gringa tiene a los inversionistas con los cinturones muy apretados, de modo que los expertos pronostican que la venta todavía se demora.
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