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José Gabriel Ortiz se mexicanizó

José Gabriel Ortiz se mexicanizó

REVISTA JET-SET

Tras cinco años como embajador de Colombia en México, el carismático expresentador del talk show con más éxito de la televisión nacional fijó su residencia en el D.F. La Organización Ardila Lulle lo nombró su embajador comercial y empresarial en el país azteca.
En el Palacio Postal del D.F., José Gabriel recordó que su afición por la fotografía empezó cuando recibió de regalo de Primera Comunión una cámara Kodak de 8 fotos. Ahora registra las imágenes de México con sus cámaras Cannon y Leica, que es la que lo tiene más “engomado”.
Por: 5/11/2015 00:00:00
José Gabriel Ortiz es un buen conversador. Y cuando habla, lo hace con el característico acento cachaco que no ha perdido después de cinco años de vivir en México. A veces se le sale un “a poco”, la única expresión que adoptó de sus amigos mexicanos, quienes según sus cuentas, ya forman un “parche” más grande que el que tenía en Colombia: “Son tenistas, golfistas, embajadores, políticos, gobernadores, empresarios y uno que otro ‘sinvergüenza’ rumbero que nos invita a sus ranchos o haciendas a pasar temporadas deliciosas”, cuenta. Las relaciones públicas y hacer amistades es un arte que domina. Ese mismo carisma, sumado al profesionalismo, lo llevó a mantener con éxito por más de 11 años su talk show en televisión, y luego le permitió cumplir con su labor como representante de los colombianos en México. “Siempre me sentí en mi ‘salsa’. Modestia aparte, mi misión como embajador plenipotenciario fue bastante buena, ya que logramos muchos objetivos culturales, turísticos y empresariales”. 
Después de terminado su encargo diplomático, José Gabriel cumplió con lo que había pronosticado desde el día que llegó a México: “Aquí me les quedo”, dijo entonces. Y fue precisamente gracias a los contactos, relaciones y planes que construyó, que la Organización Ardila Lulle le propuso que fuera su embajador comercial y empresarial. “Acepté encantado. Primero, por mi amistad y cariño con la familia Ardila; segundo, por la oportunidad de quedarme, y tercero, por hacer lo que siempre me ha gustado: la promoción de nuevos negocios y proyectos empresariales”.
Y es que José Gabriel no es solo un hombre que maneja el charm a su antojo, es un ingeniero industrial de Los Andes quien por muchos años tuvo una comercializadora internacional. Aunque sabe aprovechar la buena vida, a los 65 años bien llevados sigue siendo un trabajador incansable. Sus días son intensos. Viaja constantemente por el norte de México a cumplir citas con los propietarios de los ingenios azucareros y distribuidores de vehículos. En la capital se reúne con los directivos de los canales de televisión, con productores de contenidos, con empresarios de las cadenas de radio y con fabricantes de refrescos. “Como dirían los ‘chinos’ de ahora: full actividad”.
Por supuesto ya no vive en la casa de la Embajada en Altos de Chapultepec, esa que junto a su esposa, Diana van Meerbeke, se encargó de remodelar y poner a punto para recibir a los cientos de invitados que durante su gestión llegaron a estrechar los vínculos entre los dos países. José Gabriel, Diana y su hija menor, María, viven ahora en Lomas Altas de Chapultepec, una colonia cercana, igual de sofisticada y segura. “Contamos con mucha suerte y encontramos la casa perfecta en un conjunto cerrado espectacular, y encima de todo, a muy buen precio”. Con el ajiaco preparado lo más fielmente posible, pero sin la compañía de los “churritos” colombianos que le hacen falta, allí en su nuevo hogar, se prepara para ser anfitrión de sus numerosos amigos, entre los que están Joe Slim y su tío el millonario Carlos Slim, o Lorenzo Zambrano, el dueño de Cemex a quien conoció en Monterrey. Dice que su felicidad está en amanecer cada día en México, pero que extraña a sus otros dos hijos, Gabriel, que está haciendo una maestría en la Universidad de Austin, Estados Unidos; y a Andrés, “quien, con su adorable señora y mi nieta divina, vive en Bogotá dedicado a su arquitectura”.
El confeso apasionado por toda la obra de Mozart, heredero de la elegancia y el gusto por el whisky de su abuelo Williamson, encontró su otro yo en el país manito y cedió ante la tentación de quedarse un tiempo más. En sus calles y lugares llenos de historia se le acrecentó su afición por la fotografía, tanto que acaba de terminar un estudio de las 28 zonas arqueológicas más importantes del D.F. La Secretaría de Turismo lo invitó a exponer en el Paseo de la Reforma en diciembre.
En ese país, que conoció a los 18 años por las playas de Acapulco, descubrió que se identifica con su cultura, que le encantan las rancheras y que tiene el tono para cantar, “a todo dar” el coro de su favorita: “Yo soy el aventurero, el mundo me importa poco, cuando una mujer me gusta, me gusta a pesar de todo”. José Gabriel continúa su aventura.

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