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Se casa la princesa más bella de Europa

Se casa la princesa más bella de Europa

Revista Jet-Set

Los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia de Suecia dieron una nueva muestra de elegancia y fastuosidad con motivo del enlace de su hija menor, la princesa Magdalena, con el banquero angloamericano Christopher O’Neill.
Los novios antes de abordar el barco que los llevó a su banquete de bodas. El traje de Magdalena, de Valentino, es de organza de seda plisada con apliques de encaje Chantilly, el cual forma además la parte superior del corpiño. Del acentuado talle se desprende una amplia falda que concluye en una cola de cuatro metros. Pequeñas flores de azahar de encaje y puntos point d’esprit adornan el velo, también de organza. Foto: AFP
Por: Edición 26227/6/2013 00:00:00
La capilla del Palacio Real de Estocolmo, la misma que ha acogido los grandes momentos de la realeza sueca desde tiempos inmemoriales, se engalanó con las flores propias de los primeros días del verano escandinavo para la boda de la bella Magdalena. Entre arreglos de lilas blancas, peonias, hojas de haya, delfinios y lirios del valle, y bajo los acordes de piezas de Handel, Roman, Wesley y otros maestros de diversas épocas, los invitados presenciaron el matrimonio por el rito lutenaro, que tuvo varios instantes de máxima emoción, como la entrada de la novia, quien no se hizo esperar, del brazo de su padre, el rey Carlos XVI Gustavo.

Al son de la tradicional marcha nupcial de la isla de Gotland, ella caminaba airosa al encuentro de su amado Christopher O’Neill, mientras que todas las miradas se clavaban en su traje, que llevaba la indiscutible marca del gran Valentino. Sobre sus sienes, la tiara Modern Fringe, del joyero de su madre. También fueron conmovedores el momento en que Marie Fredriksson, del grupo sueco Roxette, interpretó Ännu doftar kärlek; la lectura del Himno de la Caridad, de San Pablo, por parte de la princesa Victoria; y, por supuesto, los votos nupciales.

Tras la ceremonia, los nuevos esposos saludaron a la multitud que se agolpó en el atrio del templo, donde llovieron las aclamaciones porque no se dieron uno sino varios besos. Luego, emprendieron un romántico paseo en calesa por Estocolmo y atravesaron en barco las aguas del mar Báltico para llegar al Palacio de Drottningholm, residencia de los reyes y donde creció Magdalena. Allí tuvo lugar un banquete para cerca de 500 invitados, entre ellos varios herederos reales parientes de la princesa, nobles, miembros de la alta sociedad neoyorquina, dignatarios y amigos íntimos de los recién casados, que seguirán viviendo en la Gran Manzana, donde se conocieron hace dos años.
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