Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Se buscan santos colombianos

Se buscan santos colombianos

Revista Jet-Set

El 95 por ciento del país es católico, pero no contaba con una figura como la hermana Laura Montoya, que fue canonizada en 2013. Detrás de ella, ocho beatos más, incluyendo al padre Marianito, esperan subirse a los altares. Este es el santoral criollo.
Hermana Laura Montoya. Según testimonios, la hermana Laura, de Jericó, Antioquia, empezó a santificarse en vida cuando creó las misiones indígenas embera de Chimá, Córdoba. Laura Montoya murió en 1949 y su proceso de canonización, que empezó en 1963, duró más de 40 años. Foto: Convento de la Madre Laura.
Por: 14/3/2013 00:00:00
“Nuestra Colombia, católica, apostólica y romana, está llena de santos, pero el problema es que no están en los altares”, dice con resignación el padre Jaime Abril, de la Conferencia Episcopal Colombiana. La gran paradoja del país es que con tantos héroes anónimos, mártires del conflicto armado y filántropos que han compartido sus fortunas con los más pobres no haya tenido en todos estos siglos un solo santo de sangre criolla como la beata Laura Montoya, evangelizadora de los indígenas embera chamí y creadora de la comunidad Misioneras de María Inmaculada. Por su devoción y humildad, ella fue canonizada el 12 de mayo de 2013.

Los nombres de los españoles San Luis Beltrán, San Pedro Claver y San Ezequiel Moreno fueron incluidos en el santoral colombiano, aunque no hayan nacido en el territorio patrio, pero en el momento de la canonización pesó que sus misiones y actos de entrega a Dios y a los necesitados se desarrollaron en la geografía nacional.

“La hermana Laura, de Jericó, Antioquia, será la primera santa realmente nuestra. Qué tristeza que no tuviéramos un santo desde antes. Ecuador y Perú nos ganaron en eso”, aseguró monseñor Álvaro Fandiño, excapellán de la iglesia San Diego y postulador de la canonización del padre Rafael Manuel Almansa Riaño, quien sería el primer santo realmente cachaco.

Por lo pronto, el fraile Almansa fue declarado Siervo de Dios, algo así como un prerrequisito para alcanzar el título de venerable. Después vendría la beatificación, que en últimas es el paso anterior a la santidad. Para llegar a este cuarto escalón se necesitan dos milagros comprobados, como los que le atribuyeron a la hermana Laura, entre estos el del médico Carlos Eduardo Restrepo, quien padecía cáncer terminal y se encomendó al alma de ella para lograr la sanación.

Otro beato antioqueño es el padre Marianito, de Yarumal, cuyo cuerpo estaba momificado cuando fue desenterrado diez años después de su muerte. Según Roma, a él le falta un milagro para subirse definitivamente a los altares.

En otros procesos de canonización se encuentran siete paisas, llamados los mártires hospitalarios de la comunidad religiosa San Juan de Dios, que viajaron a España en los años treinta en plena persecución a la Iglesia católica. Estos novicios criollos, que recibieron la beatificación de Juan Pablo II en 1996, murieron asesinados en plena Guerra Civil Española por defender el nombre de Dios. Debido a esta entrega incondicional, el Vaticano los exoneró del requisito del milagro para convertirlos en beatos.

“Colombia necesita más personas con santidad para demostrar que hay gente buena y ejemplar”, dice el padre Fandiño. Esta misma preocupación tenía el papa Benedicto XVI, quien durante sus ocho años de pontificado se dedicó a buscar una especie en vía de extinción: los santos.
LO MÁS VISTO