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Sangre azul  y turbulenta

Sangre azul y turbulenta

Revista Jet-set

Con Juan Carlos I a la cabeza, los Borbón recuperaron su lugar en la historia. Pero sus sonados deslices, incluidas las aventuras de cama del rey, raptos de codicia y trifulcas le han restado lustre al halo mágico de la Corona.
Juan Carlos y la princesa Sofía de Grecia, minutos después de su boda en el Palacio Real de Atenas, el 14 de mayo de 1962. Entre los asistentes figuraron la reina Victoria Eugenia de España, los reyes Federica y Pablo de Grecia (padres de la novia), la reina Ingrid de Dinamarca, los condes de Barcelona (padres del novio), Constantino de Grecia, la reina Juliana de Holanda, el rey Olav V de Noruega, los príncipes Grace y Rainiero de Mónaco, los reyes Humberto y María José de Italia, los reyes Miguel y Ana de Rumania, el gran duque Jean de Luxemburgo, los condes Henri e Isabel de París y Duarte II de Portugal; así como miembros de las casas de Aosta, Hesse, Mecklenburg-Schwerin, Hanover, Calabria, Baden, Wu¨rttemburg, Parma y Mountbatten. No se había visto tal congregación de sangre azul desde comienzos del siglo XX. Foto: Getty Images
Por: Edición 2849/6/2014 00:00:00
La historia de la actual familia real de España comenzó cuando la reina Federica de Grecia, madre de la princesa Sofía, organizó un crucero por el Mediterráneo en el yate Agamenón, solo para miembros de la realeza. Allí, luego de tórridos romances con María Gabriela de Saboya, la condesa Olghina de Robilant y muchas otras amantes anónimas, el entonces príncipe Juan Carlos de España inició sus coqueteos con Sofía. Todo terminó en boda, en mayo de 1962, contra muchos pronósticos, según la propia reina: “La idea de un príncipe español no pasaba por mi mente ni por la de mi familia. Yo alternaba con alemanes, con nórdicos, con centroeuropeos. Incluso, por la religión, tenía más relación con búlgaros, yugoslavos y rumanos que eran ortodoxos como mi familia. No pensábamos en una boda con un católico. Eso era rarísimo (...) Pero nosotros dos nos gustamos y nos enamoramos no como príncipes, sino como un hombre y una mujer. Y nos casamos sin saber ni dónde íbamos a vivir. Fue también un brindis al sol, porque el futuro no estaba escrito. ¡En absoluto estaba escrito!”.

En ese momento también era improbable que el dictador Francisco Franco los dejara en el trono, como en efecto sucedió en 1975. Para ese año, la familia real estaba completa, con tres hijos, Elena, Cristina y Felipe, el heredero del trono. En adelante, los Borbón afincaron su popularidad en España y el mundo, y su vida privada fue intocable durante años. Pero en las primeras décadas del siglo XXI, la exposición de las intimidades reales se hizo cada vez más frecuente. Mucho más cuando el clan real resolvió dejar de ser tan chapado a la antigua y acogió a una plebeya y divorciada, Letizia Ortiz Rocasolano, como consorte de Felipe y, por tanto, futura reina de España. De ella se ventilaron sus días de estudiante de izquierda y periodista recorrida, al tiempo que el esposo de la infanta Elena, Jaime de Marichalar, era acusado de drogadicto y se murmuraba que le gustaban más los hombres que las mujeres. El punto culmen de los embrollos reales arreció con el juicio por corrupción al otro yerno real, Iñaki Urdangarin, esposo de Cristina, quien como socia de su marido se vio imputada en este escándalo de malversación de millonarios fondos públicos que sigue vivo. Los Borbón habían pasado por toda clase de líos, pero jamás ante la pena de verse en los estrados judiciales, de modo que los Urdangarin fueron borrados de los actos oficiales y de la web de la casa real, según ellos mismos por las intrigas de Letizia.

Ello, sumado a las revelaciones según las cuales el matrimonio de Juan Carlos y Sofía es una farsa, acabó con la imagen del clan unido y feliz y tuvo repercusiones: solo el rey, la reina y los príncipes herederos, quedaron encargados de representar a la Corona, mientras que las infantas eran excluidas. El rey, que ya venía cavilando su abdicación, quiso darle así un protagonismo cada vez mayor a Felipe hasta dejarlo finalmente en el trono.

A la nueva generación le tocará reparar la imagen del apellido. Tarea difícil, al menos por el lado de los genes, pues si se revisa a fondo la historia, es evidente que las aventuras de cama y las transgresiones han sido una arraigada constante de los Borbón en más de 300 años en el trono ibérico. Solo que ahora esos trapos sucios se ventilan sin pudor alguno en la prensa.

Mató a su hermano por accidente
El jueves santo de 1956 presenció uno de los momentos más aciagos de la vida de Juan Carlos. Ese día, según el primer parte oficial de la época, él y su hermano menor Alfonso estaban limpiando un revólver cuando un disparo accidental acabó con la vida de este. Pero pronto empezaron a surgir versiones encontradas sobre lo que sucedió en aquel cuarto de Villa Giralda, Estoril (Portugal), donde la familia real estaba exiliada. Según una asistente, Juan Carlos apuntó y disparó a su hermano sin saber que el arma estaba cargada. Según un amigo del rey, Bernardo Arnoso, la bala calibre 22 en realidad rebotó sobre la pared antes de entrar por la nariz de Alfonso. De acuerdo con lo dicho por la infanta Pilar, hermana del rey, Alfonso irrumpió en el cuarto y al empujar la puerta, esta golpeó el brazo de Juan Carlos produciendo la detonación. En 2012, en su biografía La soledad de la reina, Pilar Eyre aseguró que un testigo le contó que, sencillamente, los dos hermanos estaban tirando al blanco y que Alfonso, hiperactivo como era, se le ocurrió pasar por delante de su hermano en el momento fatal. Otros aseguraron haber oído al infante Juan, su padre, pedirle a Juan Carlos que le jurara que no lo había hecho a propósito.
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