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El tumbao de Andrea Buenaventura se siente con su nuevo show Hechizo

El tumbao de Andrea Buenaventura se siente con su nuevo show Hechizo

REVISTA JET-SET

La creadora de la carpa Delirio, en Cali, es tan rumbera y talentosa como las bailarinas de este espectáculo, que presentará el nuevo montaje a partir del 28 de abril. La historia festiva de esta empresaria de la industria cultural empezó desde adolescente en el Club San Fernando hasta llegar a Juanchito, donde se ‘graduó’ como experta de la música de Niche y Celia Cruz. ¡Azúcar!
La Fundación Delirio, que creó Andrea Buenaventura, ha capacitado a más de 300 bailarines de las barriadas de Cali y los 42 municipios del Valle del Cauca. Varios de ellos participarán en el montaje Hechizo, un homenaje a las fiestas populares de Colombia.
Por: Revista Jet-set.25/4/2017 00:00:00

La casa donde creció Andrea Buenaventura, creadora de la Fundación Delirio de Cali, quedaba en una de las calles más viejas del exclusivo barrio San Fernando, cerca del piedemonte del cerro Cristo Rey y al río Cañaveralejo. La mansión, de antejardines y espacios generosos como todas las del sector, tenía un espíritu diferente ante la agitación musical y cultural de la familia Buenaventura Borrero.

La fundadora de Delirio tiene varios intérpretes musicales de cabecera, incluyendo a Celia Cruz, Héctor Lavoe y Rubén Blades. Foto:Hroy Chávez.

Berta Borrero, la madre de Andrea, buscaba la manera de liberarse de las tardes tediosas con un transistor que siempre estaba ubicado en el dial de las primeras emisoras que programaban la música antillana, con énfasis en las melodías que tenían influencia del jazz neoyorquino. La afición sin pretensiones de doña Berta, la salsera mayor de la familia, trazaba el rumbo profesional de su hija que llevó este género rumbero a la carpa de Delirio, uno de los espectáculos más aplaudidos del país. Con los años incorporó temas como Amparo arrebato y Sonido bestial, de Richie Ray y Bobby Cruz, los culpables de que la salsa haya labrado la identidad musical de los caleños desde los años sesenta. De alguna manera también era un homenaje a Berta Borrero, la mujer inspiradora.

Antes de inventar a Delirio, Andrea Buenaventura pasó por todas las etapas de rumbera desprevenida, desde los años en que Cali gozaba del prestigio cultural gracias a los montajes de su tío paterno Enrique Buenaventura en el Teatro Experimental y al aporte del Cine Club de Andrés Caicedo a la cinematografía nacional. Por un momento, Buenaventura trató de meterla en la actuación, con un papel de extra en la obra En la diestra de Dios Padre, de Tomás Carrasquilla, pero se encontró con el muro de una joven que solo quería participar como vestuarista o productora musical del TEC.

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En ese entonces, apenas salía del cascarón de la casa paterna con las últimas fiestas que se realizaron en el Club San Fernando, antes de que lo demolieran, y al fervor que sentía por la movida vespertina de la discoteca Éxtasis, en el centro, una especie de templo de la música tropical, que pegó en la radio el tema La Sirena, de Luis Felipe González. El ritual de la rumba juvenil de Andrea y sus amigos se extendía al bar Lemond, primer refugio de la música de plancha, y luego remataban en Juanchito, territorio hegemónico de la salsa, donde los niños bien de la sociedad caleña se codeaban con algunos personajes sórdidos de la ciudad.

Juanchito era peligroso por las dificultades que teníamos a la hora de conseguir transporte. Pero en realidad conoció el verdadero ocaso después de que se dejó permear por la época del narcotráfico. Quedan algunos sitios para los turistas. Por fortuna la salsa todavía habita en los barrios y el corazón de Cali”, dijo Andrea Buenaventura, quien ante la decadencia del sector y como cualquier otro rumbero se trasteó a la Alameda, el nuevo distrito de los salsómanos de la capital vallecauna. Allí, al igual que muchos amantes de la música de las Antillas le ha hecho seguimiento a la nueva historia de Niche, después de la muerte de Jairo Varela; a Guayacán y La Gran Banda, tres referentes de la salsa criolla. Según la gestora cultural, en Alameda están más vivos que nunca.

El nuevo montaje de Delirio incluye personajes de los carnavales colombianos como el diablo y la muerte. Por supuesto habrá un sitial importante para los bailarines de salsa. Foto: Hroy Chávez.

En este lugar, Buenaventura amplió su horizonte musical de la mano de algunos coleccionistas que atesoran trabajos discográficos que no se escuchan ni siquiera en Cuba, debido a las prohibiciones de la familia Castro. “Todos los días descubro temas nuevos, pero Cali pachanguero sigue siendo la canción de mi vida. Es la mejor para empezar el día. La pongo donde me encuentre”, aseguró esta gestora cultural que fue alcaldesa encargada de su ciudad y directora de la feria decembrina.

Las dos veces que más cerca estuvo al poder la volvieron a conectar con tres de los ídolos que descubrió a través de la vieja radio de su casa en San Fernando: Celia Cruz, Richie Ray y Bobby Cruz, a quienes conoció durante las presentaciones en Cali. Después de estos encuentros fugaces, por ejemplo, los reyes de la descarga recibieron un homenaje en uno de los montajes de Delirio. “Muchas veces me han hecho guiños para que me lance a la Alcaldía pero no me quedaría bien bailar las canciones de Celia y Richie en el palacio municipal. Solo me motiva el servicio social al lado de los artistas”, afirmó la empresaria que desde el 28 de abril presentará el montaje Hechizo, una oda a las fiestas paganas del país.

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Precisamente, antes de esta nueva temporada, ella y su equipo de investigadores recorrieron la geografía completa de la rumba colombiana en busca de personajes inspiradores que encontraron en el Carnaval de Negros y Blancos, de Pasto; las fiestas del dios Momo, en Barranquilla; y San Pacho, en Chocó. La rumbera desprevenida del pasado ahora se preocupaba por darle una mirada intelectual al espíritu festivo de los colombianos, pero desde la sociología y la academia. “Estudiamos el colorido de las fiestas. Tratamos de entender las diferentes danzas. Me quedó claro que las máscaras carnavaleras nos permiten mostrar nuestra verdadera esencia”, aseguró Andrea.

El espectáculo, que contará con 180 bailarines y 250 vestidos de fantasía, también incorporará algunas canciones que ella bailaba en el Club San Fernando, del talante de Pa’l bailador, de Joe Arroyo, y Colombia, tierra querida, compuesta por Lucho Bermúdez.

Cada montaje deja entrever la carga nostálgica de Andrea Buenaventura, quien siempre está abierta a los nuevos bailes y letras con connotación sexual de la música urbana, incluyendo el reguetón. Este género musical encontró en Andrea a una de sus más fervientes defensoras: “Es la expresión frenética de la juventud. Muchos lo han satanizado, pero yo veo la sensualidad de los cuerpos. Por ejemplo Despacito, de Luis Fonsi, es lo máximo. También adoro el Ras tas tas. Claro que no los bailo”.

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Del Club San Fernando a Juanchito; y más tarde a la Alameda y a los carnavales colombianos. Lo bailado y lo gozado no se lo quitan. Menos cuando aún sigue escribiendo su historia de rumbera en función de Delirio.

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