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Salomón Lerner El legendario librero de Bogotá

Salomón Lerner El legendario librero de Bogotá

REVISTA JET-SET

El judío argentino que llegó a Colombia en los años cincuenta y fundó la Librería Lerner acaba de publicar una biografía, Empezar de nuevo, en la que cuenta cómo a través de su buena relación con escritores, artistas y políticos del país logró mantener un imperio editorial en una época en la que se revalúa la importancia del libro impreso.
Salomón Lerner se fue a vivir a España con su familia en 1979. El fundador de la Librería Lerner en Bogotá, se dedicó al negocio editorial en Europa, y fue dueño de fábricas de papel y cartón corrugado.
Por: Revista Jet-Set27/7/2016 00:00:00

Salomón Lerner Mutzmajer siempre dijo que su historia era un libro, pero aclaraba que esto era solo porque los vendía y no porque fuera un hombre importante. El fundador de la Librería Lerner de Bogotá, recordado por su pasión por la poesía, la pintura, los viajes y los amigos, dejó la modestia a un lado y le contó su vida al escritor Miguel Ángel Manrique. Después de hacer un resumen sobre su origen judío y sus inicios como actor, reportero y fotógrafo, o “notero” como le dicen en su natal Argentina, Salomón recordó en las páginas de Empezar de nuevo uno de los capítulos más especiales de sus 87 años: su llegada a Colombia en 1955. En las dos décadas que vivió en el país formó una familia, al lado de la bogotana Rosa Grimberg Possin y sus hijos Diana, Samuel, Rubén y Eduardo; y cultivó la amistad de escritores, abogados, médicos, artistas y presidentes como Eduardo Santos y Guillermo León Valencia, quien lo condecoró con la Cruz de Boyacá.

Reunidos en la casa de Lerner en Madrid, España, el librero y el escritor hablaron del inicio de la emblemática librería. Tras largas jornadas de recuerdos construyeron este episodio que data del 20 de mayo de 1958, cuando ataviado con un elegante traje azul hecho a la medida, abrió las puertas del primer local ubicado en la calle 14 en el centro de Bogotá. Casi una década más tarde se trasladaron al edificio de la Avenida Jiménez marcado con los números 4-35, que le vendieron los dueños de El Espectador en cabeza de Guillermo Cano. Salomón se dedicó a mantener actualizado su local de 1.000 metros cuadrados de estantes con más de 160.000 libros y fue íntimo de Germán Arciniegas, que le ayudó en sus inicios como editor en París; de Édgar Negret y Alejandro Obregón; de Enrique Uribe White, con quien editó la famosa Iconografía del Libertador; de Fernando Botero, pintor al que conoció casi adolescente en el café Automático; de Alberto Zalamea y Marta Traba; o de Leo Matiz, su compañero en la pasión por la fotografía desde que se conocieron en Mendoza, Argentina.

La ausencia de algunos de estos personajes le produjo nostalgia durante su reciente regreso a Colombia, de donde se fue en 1974. “Hace casi 20 años que no venía, y desde que llegué al aeropuerto, me di cuenta de que cada detalle me recordaba a alguno de mis amigos”, cuenta con su imborrable acento argentino. Su última visita fue con Fernando Botero, cuando presentaron su libro de óleos, acuarelas y dibujos, La Corrida. “Extrañaba venir. Colombia es mi vida y a este país se lo debo todo”.

Algunas de estas anécdotas las relata en su biografía que él define como un accidente. “No me interesaba desde ningún punto de vista hacerlo. No creo que merezca un libro, porque yo no me tomé en serio la vida”, dice. Pero quienes realmente lo animaron a que contara sus vivencias y anécdotas fueron sus 11 nietos y 17 bisnietos de quienes bromea, lo tenían un poco aburrido con las preguntas sobre el pasado de la familia. El principal ‘culpable’ fue Alan Lerner, que de tanto oírle las historias a su abuelo creyó que algo de ficción había en ellas. Como cuando les contó que en una época se había dedicado a la industria de avisos luminosos. El nieto cuenta que cada vez que lo invitaba a comer a su casa, encendía la grabadora de su teléfono sin que se diera cuenta. “A la quinta vez se lo conté y me dijo que esas no eran formas periodísticas correctas”, recuerda con el buen humor heredado de su abuelo.

Alan vino por primera vez a Colombia para acompañar al patriarca de la familia. Llegó con su padre Rubén y su tío Eduardo, quienes ahora están a cargo de la librería que, según ellos, “se conserva básicamente porque tiene nuestro nombre en la puerta, y nos enorgullece. En un año y medio que llevamos en el proyecto de abrir una nueva sede en la calle 93 con carrera 11 en Bogotá, nos hemos vuelto a enamorar”, dice Rubén. El segundo hijo de la familia y el único que vive en Madrid con su padre, reconoce que es un poco “quijotesco” insistir con este negocio en medio de la era digital. “Quisimos mantener el modelo que siempre hemos tenido, una librería de fondo con más de 200.000 libros y 60.000 títulos”. Él celebra que Salomón hubiera podido viajar a la inauguración, pero lamenta que su madre, quien falleció hace ocho años, no los acompañara. “Mi papá nunca mira para atrás, y esta fue la primera vez que reflexionó sobre el pasado. Aunque fue duro para él, se transformó en una experiencia enriquecedora”.

Eduardo, el menor, que vive en Argentina, recalca que uno de los libros más queridos de su padre es Cuentos tricolores, que editó en homenaje a Samuel, el hijo que falleció en un accidente automovilístico en Bogotá.

Aunque los pasos de Salomón Lerner son ahora un poco más lentos, y le cuesta respirar con la altura de Bogotá, dice que su biografía lo dejó cargado de energía. Esta experiencia le permitió desplegar su humor exquisito lleno de anécdotas y chistes, pero también lo conmovió cuando recordó sus orígenes humildes en Moisés Ville, Argentina, los amigos y el amor. “Empecé con nada. Me enorgullezco de haber hecho lo que hice, de cómo he vivido, de cómo he gozado la vida y de la familia que construí”, concluye.

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