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Rumores sobre la posible separación entre Charlene y Alberto de Mónaco

Rumores sobre la posible separación entre Charlene y Alberto de Mónaco

REVISTA JET-SET

La prensa europea afirma que los príncipes hacen vida aparte desde hace varios meses. Ella se fue con sus hijos a una casa en Francia, mientras que él se quedó en su castillo. La ausencia de Charlene en el reciente Baile de la Rosa reavivó los rumores.
La infelicidad de Charlene se debe a que descubrió que Alberto sigue siendo mujeriego y tiene más hijos ilegítimos de los que se cree, han dicho publicaciones como L’Express, de París. En la foto, los príncipes en el Grand Prix de Mónaco el año pasado.
Por: 9/4/2015 00:00:00
¿Qué tiene este matrimonio que a nadie le acaba de convencer? Se creía que los nubarrones en la relación de los príncipes de Mónaco se habían esfumado con el nacimiento de Jacques, el heredero del trono, y su gemela, Gabriella, en diciembre pasado. Pero hace varias semanas, revistas como Caras, de Portugal y Privé, de Holanda, publicaron imágenes de Charlene en una lujosa mansión del sur de Francia frente al Mediterráneo. La princesa, sostienen los informes, reside allí sola con sus bebés y sus niñeras asiáticas, una para cada uno. Las imágenes volvieron a mostrar a la nadadora sudafricana triste y pensativa, una imagen que se ha vuelto reiterada desde el día de su boda con Alberto, en 2011. Los reportes insistían en que este será en adelante su refugio, lejos de su marido, a quien no soporta. 

Pese a los alarmantes reportes, cierto sector de la prensa resolvió esperar al Baile de la Rosa, el tradicional festejo que Mónaco realiza cada año para abrir la temporada de fiestas de primavera, y así “calibrar” qué tan distanciada se veía a la pareja. Pues bien, resultó que ella no acudió, lo que es considerado un paso en falso, pues se trata de la gala más emblemática del principado junto al Baile de la Cruz Roja. Es la gran ocasión en que el príncipe soberano bota la casa por la ventana y reafirma a Mónaco como el Olimpo de la vida mundana, y que su consorte no lo acompañe equivale a un desaire a la sociedad monegasca.

El palacio principesco informó que Charlene prefirió quedarse en casa cuidando a la bebé Gabriella, quien padecía una gripa. Sin embargo, ni los súbditos ni la prensa local se comieron el cuento, pues les parece que ella tiene el personal suficiente como para cuidar una simple gripa y no tener que dejar solo a su esposo en uno de los eventos más importantes del año. 

La ausencia de Charlene en la gala no ha hecho más que avivar los chismes de separación que resurgieron tras la venida al mundo de los gemelos. La princesa ya cumplió con su deber de darle un heredero a Mónaco, el gran objetivo de su boda con Alberto, y lo que sigue es que cada cual haría vida por su lado, aunque sin dejar de mantener las apariencias, anuncian los cronistas del Viejo Mundo. Afirman, así mismo, que si Alberto quiere ver a sus hijos tendrá que ir a la casa de Charlene, quien, por su parte, solo se trasladará al principado para aparecer en actos oficiales. 

Al contrario de otras ocasiones en que se han visto en el ojo del huracán a causa de sus supuestas desavenencias, esta vez los príncipes reaccionaron de inmediato. Apenas surgieron las nuevas versiones, escogieron dos prestigiosas publicaciones para desmentirlas.

Alberto le confirmó a People, la conocida publicación americana, que Charlene está viviendo en la mansión francesa con sus herederos pero con él y negó que se hayan peleado. Resolvieron que ella permaneciera allí mientras el palacio principesco, que data de la Edad Media, atraviesa por el proceso de restauración y remodelación más importante de los últimos 50 años, debido a que el ruido y el polvo propio de los trabajos perturbaban la sana crianza de sus hijos, de escasos cuatro meses. Charlene tampoco se pudo ir a la propiedad campestre de los Grimaldi en Roc Angel, porque también está siendo arreglada. “Es increíble que tengamos que justificarnos todo el tiempo”, protestó Alberto, de 57 años. “Es ridículo. Es sencillamente imposible creer que estas historias hayan surgido otra vez. ¡Es surreal! No puede ser que medios responsables saquen a la luz estas historias totalmente falsas”, aseguró.

Charlene, por su parte, le entregó declaraciones a Paris Match, pero pidió no ser citada. En un artículo titulado Rendez-vous avec Charlène de Monaco (Cita con Charlene de Mónaco), la publicación gala no justificó su ausencia del Baile de la Rosa por la gripa de Gabriella, sino porque no quiere perderse ni un solo instante de los primeros meses de la vida de sus hijos, tan esenciales. “La estrecha relación de los gemelos, además del modo en que sus caracteres se forjan día a día, son tan novedosos para la princesa, quien no se cansa de mirarlos”, afirmó la revista, cuyo informe remató: “Estar de fiesta no es su prioridad en estos momentos”, en clara alusión al Baile de la Rosa.

Ni aun así, los Grimaldi logran acallar la creencia de que hay algo raro en su matrimonio. Como se recuerda, desde el día de su fastuoso casamiento, se dijo que ella había intentado huir de Mónaco, adonde los hombres de Alberto la obligaron a volver con la promesa de que la dejaría ir cuando le diera un heredero. Luego, en su luna de miel, se confirmó que durmieron en hoteles separados. Cada año, desde entonces, han surgido más capítulos sobre su vida de prisionera en el principado y otros intentos de escapar a Sudáfrica o Suiza, harta del donjuanismo del príncipe, acusado de tener otros hijos ilegítimos ocultos, además de Jazmin Grace y Alexandre Coste.

Informantes monegascos le han reiterado a portales de Internet como The Daily Beast, que Charlene no es querida por los monegascos, tildados por algunos de clasistas y racistas, quienes la ven “corriente como el fango”, por ser hija de un programador de computadores y una instructora de natación de clase media. Ella misma le declaró a Tatler que solo ha hecho dos amigos allí y se le oyó decir que luego de la maternidad se sentiría más independiente para alejarse de este minúsculo y asfixiante principado de dos kilómetros cuadrados, poblado de multimillonarios paranoicos y un Estado policía, dirigido por su esposo, que monitorea hasta las llamadas telefónicas, de acuerdo con el cronista Tom Sykes.


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