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Rosemary la Kennedy olvidada

Rosemary la Kennedy olvidada

Revista Jet-set

El célebre clan americano reconoce públicamente su mea culpa por haber ocultado a su tía discapacitada mental.
Rosemary con su padre, el embajador Joe Kennedy, en los años 30 en Londres. Kennedy jamás volvió a ver a su hija luego de autorizar la lobotomía que la dejó discapacitada hasta su muerte en 2005. Foto: ABC LATIN STOCK COLOMBIA
Por: Edición 29518/11/2014 00:00:00
En una familia en la que era obligación ser brillante, la tercera de los nueve hijos de Joe y Rose Kennedy sufría de limitaciones mentales de nacimiento que avergonzaban a sus padres. “Ella era nuestro secreto”, escribe su sobrino Timothy Shriver en su nuevo libro Fully Alive, sobre su experiencia al frente de Special Olympics, la fundación que creó su madre, Eunice Kennedy, inspirada en los problemas de Rosemary.

Timothy cuenta en su obra detalles poco conocidos de la vida de su tía: en principio, sus padres trataron de esconderle a ella misma y al mundo por qué era diferente. Así, fue presentada en sociedad ante los reyes de Inglaterra, donde su padre era embajador, y se divertía con sus hermanos como una joven normal. El futuro presidente John F. Kennedy, por ejemplo, la llevaba a bailar. Pero cuando su afección se agravó con ataques de furia, en los que agredía a los demás, su padre ordenó someterla a una lobotomía, considerada una cura milagrosa en aquel 1941. Era una operación espeluznante, afirma Shriver, pues el cirujano insertaba una especie de cuchillo de untar en el cráneo y lo movía de arriba abajo, separando la conexión del lóbulo frontal con el resto del cerebro, mientras el paciente permanecía consciente. Para Rosemary, el resultado fue devastador, pues perdió muchas de sus capacidades cognitivas y de movilidad para siempre.

Sus padres la internaron en una institución en Wisconsin, a donde Joe Kennedy jamás fue a visitarla, sintiéndose culpable por la desgracia. Timothy cuenta que el resto del clan no supo qué pasó con ella a ciencia cierta, hasta que Eunice Kennedy empezó a llevarla de visita a su casa. La tía, recuerda, solo podía decir algunas palabras, como “baby” o “algo para comer”. “Nunca sabremos qué pálpito tenía sobre su condición”, reflexiona Shriver, quien concluye que Rosemary, fallecida en 2005 a los 86 años, merece una reivindicación: “¿Por qué hemos ocultado esta historia? Es un capítulo humano, heroico –dice–, tan poderoso, que inspiró el espíritu de servicio de nuestra familia”.
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