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Robert Redford campante a sus 80 años

Robert Redford campante a sus 80 años

REVISTA JET-SET

El legendario actor de Hollywood, sueño de amor de las mujeres de los años setenta, llega a la octava década de su vida como un roble, muy activo y sin ninguna intención de retirarse.
Charles Robert Redford Jr. nació el 18 de agosto de 1936 en Santa Mónica, California. Ha participado en más de 120 obras de cine y televisión como director, actor y productor y es uno de los hombres más bellos que hayan adornado las pantallas.
Por: Revista Jet-set.7/9/2016 00:00:00

Conserva su look de ídolo de matiné, pero no hay que decírselo porque siempre ha tenido conflicto con ser uno de los hombres más bellos que han adornado la pantalla. “Esa constante referencia a que soy lo que soy por mi apariencia me enloquece como si me encerraran en una jaula. Ha sido una verdadera lucha ir contra eso y decir: ‘Pero yo soy un actor’. Porque si estoy en esto es por el oficio de intérprete. Comencé con muchos papeles en la televisión. Encarné a violadores, dementes, y todo eso desarrolló mi carrera. Ha sido un orgullo imbuirme en los personajes y ser convincente. Pero la gente siempre termina hablando de mi pelo rubio”, declaró, cuando comenzaba a ser una estrella.

Hoy, con una fortuna de 200 millones de dólares, puede decir que superó el estigma del niño bonito, y cumple 80 abriles como un grande de Hollywood y uno de los artistas más polifacéticos. Su ética de trabajo es tan férrea que no quiso que un cumpleaños tan significativo, el pasado 18 de agosto, interrumpiera la promoción de Pete’s Dragon, la última de las más de 120 producciones en que ha participado.

La verdad es que nunca ha sido dado a festejar su nacimiento. “No me gusta marcar el tiempo de esa manera. Prefiero seguir en movimiento”, le explicó a su biógrafo Michael Callan. Por eso, les pidió a sus familiares y amigos que no hicieran ninguna fanfarria por los 80 años. Aun así, su esposa Sibylle, sus tres hijos y siete nietos, le ofrecieron un festejo íntimo bajo una tienda indígena en su finca Sundance, en las montañas de Utah. En el brindis, Jamie, su único hijo varón, celebró la incesante actividad de su padre, quien recientemente ha escrito más de 50 artículos de opinión, dirigido tres filmes y actuado en diez, además de producir otros tres y realizar 12 documentales.

Cuando nació, casi nadie habría predicho que llegaría tan lejos. Su padre, Charles Robert Redford, un lechero de Connecticut que se convirtió en contador, había trasladado a su familia a California, donde el futuro actor fue mal estudiante, pues le interesaban más el arte y los deportes. “La gente cree que las cosas han sido sencillas para mí y es incorrecto”, se ha quejado el artista, al rememorar sus tragedias. Primero, fue la muerte de su tío David, una figura paterna para él, ya que Charles no paraba en casa. Cuando tenía 18 años, falleció su madre, Martha, en momentos en que Redford estudiaba en la University of Colorado, que lo había becado por su destreza para el béisbol. Pero la orfandad lo afectó de tal manera, que se entregó a la bebida y fue expulsado del campus.

Recorrió y saboreó la vida bohemia de Europa y de regreso en Estados Unidos optó por las artes. Inició estudios de pintura, pero terminó como aprendiz de actor en la American Academy of Dramatic Arts, en Nueva York, donde también se enamoró de una joven mormona, Lola Van Wagenen, en 1957. Poco después de su boda relámpago en Las Vegas, su bebé Scott falleció, víctima del síndrome de muerte en la cuna. “Yo acababa de obtener mi primer trabajo en el teatro, en el que no ganaba mucho. No sabíamos nada del síndrome y nos culpamos mucho. Es una herida que no ha sanado jamás”, confesó Robert. La pareja luego tuvo a Shauna, Jamie y Amy y se divorció en 1985.

En Hollywood, su primer éxito fue Descalzos en el parque, junto a Jane Fonda, la it girl de aquel 1967 y con quien conformó un dúo formidable. “Yo estaba muy enamorada de Robert. No pasó nada entre los dos, pero él era fabuloso besando y no podía esperar por las escenas de amor. Lo malo era que eso a él no le gustaba”, le contó Fonda a Vanity Fair sobre el rodaje.

El llamado definitivo a la celebridad se dio con el éxito de Butch Cassidy and the Sundance Kid, o Dos hombres y un destino, para la cual fue escogido por su coprotagonista, Paul Newman, por encima de ídolos como Marlon Brando y Warren Beatty. Luego, siguieron hitos como El golpe, Todos los hombres del presidente, El gran Gatsby y África mía, entre otros.

Pese a todo eso, Robert se siente un forastero en Hollywood. Su mérito, precisamente, es ser una estrella autónoma en un establecimiento tan dominante. Desde sus primeros días como leading man, se decepcionó del ambiente de farándula y porque las grandes productoras no lo dejaban contar muchas historias profundas y complejas que lo apasionaban. Entonces, en 1961, compró en Utah las primeras fanegadas de Sundance, donde además de su casa, afincó el instituto y el festival del mismo nombre, reconocido como la mejor expresión del cine independiente de Estados Unidos y centro de todo un movimiento. En el primer año del certamen, en 1978, el propio Robert se paraba en la puerta del teatro para pedirle a la gente que entrara. Hoy, millones se mueren por asistir, pese a que tiene lugar en el frío invierno de Utah, atraídos por el encanto de este octogenario que no tiene planes de jubilarse: “La gente que se retira se muere. Mi papá lo hizo y falleció poco después. Por eso no hay que detenerse”, recomienda el actor.

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