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Los Hanover reviven su esplendor

Los Hanover reviven su esplendor

Revista Jet-set

La dinastía real alemana, de la que provienen casi todos los monarcas y príncipes de Europa, como Isabel de Inglaterra, Sofía de España y el esposo de Carolina de Mónaco, exhibe sus tesoros con motivo de los tres siglos de su ascenso al trono británico.
Ernst August, duque de Brunswick-Lu¨neburg, príncipe de Gran Bretaña e hijo mayor de Ernst de Hanover, organizó la exposición El camino al trono en el castillo de Marienburg. Tiene 30 años, ya heredó las posesiones de la familia y es el administrador del tesoro artístico de la casa. Foto: Getty Images.
Por: Edición 28524/6/2014 00:00:00
A finales de mayo, el castillo de Marienburg, cerca de Hanover, volvió a oír los pasos de herederos de sangre azul, como sucedió por última vez hace más de 80 años. Los príncipes Michael de Kent, primos de la reina de Inglaterra, y Pablo, sucesor del trono griego, entre otros, aceptaron la invitación de su primo, Ernst August, hijo mayor de Ernst de Hanover, esposo de Carolina de Mónaco, a la inauguración de la muestra El camino a la corona, una de las diversas exposiciones con que Baja Sajonia, noroeste de Alemania, conmemora los 300 años de un suceso que marcó a la historia para siempre, y fue el inicio de una era de esplendor real que no se volverá a repetir. Así lo testimonian piezas como la opulenta corona de los reyes de Hanover, que se exhibe por primera vez al público, o el carruaje dorado que los condujo a sus fastos.

En 1701, a falta de un heredero de la casa Stuart, Inglaterra escogió a Sophia, electriz de Hanover, para suceder a la reina Anne, por ser su parienta. Ambas murieron en 1714 y entonces el poderoso trono inglés recayó en George I, hijo de Sophia. Por la Unión Personal, él y sus sucesores, George II, George III, George IV y William IV, fueron jefes de Estado a la vez de Gran Bretaña y Hanover. Sus reinados presenciaron gloriosas batallas e hitos como la independencia de Estados Unidos, la derrota a Napoleón Bonaparte y, sobre todo, la expansión del imperio. Fueron además magníficos mecenas y su época presenció la gloria de talentos como Leibniz, Jonathan Swift y Jane Austen.

La Unión Personal se quebró en 1837, cuando la famosa reina Victoria I ascendió al trono británico, pero no al del electorado, cuyas leyes les prohibían a las mujeres reinar. Así, nació el reino de Hanover, un lugar como de cuento de hadas, que vio surgir portentosos castillos como Celle, Herrenhausen y el propio Marienburg. Toda esa fantasía se diluyó en 1866 porque los Hohenzollern de Prusia, sus parientes y futuros emperadores de Alemania, se tomaron su patria. Los Hanover, rama de la casa güelfa, guardaron desde entonces un acerbo odio hacia la familia imperial, que solo pudo ser conjurado años después por el amor entre los hijos de los líderes rivales, en una historia comparada con la de Romeo y Julieta con final feliz. En 1912, Victoria Luise, hija única del káiser Wilhelm II, y Ernst August, hijo del príncipe Ernst August II de Hanover, se enamoraron y convencieron a sus padres de bajar la guardia y dejarlos ir al altar. La boda, el 24 de mayo de 1913 en Berlín, fue la última reunión de la realeza en pleno antes de la Primera Guerra Mundial, tras la cual muchos perdieron sus imperios, como el propio káiser y su primo el zar Nicolas II de Rusia (ver “Los Romeo y Julieta de la realeza”). Los heroicos novios fueron los abuelos de la reina Sofía de España y del díscolo Ernst de Hanover, actual jefe de la casa.
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