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Raúl Ávila, el colombiano que hace la gala del Met

Raúl Ávila, el colombiano que hace la gala del Met

REVISTA JET-SET

Detrás de la famosa fiesta neoyorquina se esconde el talento de este bogotano que se fue de Colombia por falta de recursos y terminó convertido en el mejor diseñador de fiestas. Sus clientes, que también son sus amigos, empiezan por Anna Wintour, pasan por Calvin Klein y siguen con Madonna.
Raúl Ávila es el creador artístico de la gala del Met desde hace una década. Su trabajo empieza con un año de anticipación a partir de una idea, dada por la gran anfitriona, Anna Wintour. Esta vez la fiesta giró alrededor de la moda y la tecnología.
Por: 19/5/2016 00:00:00

Raúl Ávila se anotó un nuevo hit en la gala del Metropolitan Museum de Nueva York. Su trabajo como planner de eventos llega a la cúspide cada primer lunes de mayo, cuando pone en escena la fiesta más esperada de las estrellas de la moda, el cine, la música y el arte del mundo. Su musa, su jefa, su maestra y amiga, es ni más ni menos que la mítica Anna Wintour, editora de la revista Vogue y gran anfitriona de la celebración.

Foto: Revista Jet-set.

Fue ella quien hace diez años le entregó la responsabilidad de adecuar el museo para esta velada donde la moda recibe el estatus de arte. Esa vez Raúl decidió decorar el Met con jaulas del tamaño de cuatro pisos con tres pavos reales dentro, dos machos y una hembra cuya función era provocar la expansión de las colas de sus compañeros. Pero el día del ensayo, la pava traviesa se voló y mientras el decorador sufría por las obras del recinto y su futuro en esta nueva empresa, Wintour y los directivos del Met no pudieron más que reír y ayudar a atrapar el animal.

Hoy en día Ávila es el diseñador exclusivo de la fiesta y la mano derecha de la emperatriz de la moda, con quien viaja por todas las pasarelas internacionales en busca de conocimientos, ideas e inspiración para sus próximos montajes. Lo suyo es organizar celebraciones de ensueño y sus clientes van desde Marie Chantal y el príncipe Pavlos de Grecia, pasando por los príncipes de Qatar, Alexander von Furstenberg, Madonna, hasta marcas como Gucci, Carolina Herrera, Marc Jacobs, en fin…

Lo cierto es que Raúl es colombiano. Nació hace 52 años en el barrio San Eusebio en el sur de Bogotá, en el seno de una familia humilde y compuesta por nueve hermanos. Cuando su madre murió, decidió probar suerte en Estados Unidos, cosa que ahora le agradece al destino porque sabe que de haberse quedado en nuestro país, estaría contando otra historia.

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A los 19, en Nueva York le fue bien como modelo porque era trigueño, latino y se había dejado crecer el pelo hasta más abajo de los hombros. Entonces, motivado por otro modelo, rubio de ojos claros, con quien se había enredado, decidió salir del clóset y contarle a su familia lo que para él había sido obvio toda la vida. “Fue tremendo para mi padre –dice–. No entiendo por qué, si de mis seis hermanos hombres, yo era el único diferente”.

Ávila cuenta que cuando era niño le cambiaba la decoración a su casa, pintaba las paredes y le daba la vuelta a la sala. “Desde que tengo uso de razón me gustó la moda: les decía a mis hermanas qué ponerse, peinaba a mi mamá y cambiaba los sofás. Era tremendo, con lo pobres que éramos. Pero siempre me apoyaron”.

Cuando conoció a Robert Isabell, el hombre que se inventó las fiestas de concepto en Estados Unidos, Raúl estaba listo y libre para dedicarse a eso, que era lo que más le gustaba en la vida. Empezó como su asistente y no solo ascendió sino que aprendió a moverse como pez en el agua en el exclusivo mundo del jet set internacional.

De matrimonios para príncipes y princesas europeos pasaban a fiestas de millonarios árabes y después organizaban eventos para las estrellas de Hollywood. Después de 14 años en la compañía, Ávila se convirtió en el director creativo y, más tarde, aconsejado por su amiga Aerin Lauder (nieta de Estée Lauder), decidió renunciar y trabajar por su cuenta.

Foto: Revista Jet-set.

Su primer cliente fue Calvin Klein, quien lo llamó personalmente para que arreglara una de sus vitrinas de Navidad. El segundo contrato fue con Anna Wintour, a quien conocía bien por Isabell: sabía que hay que llegar puntual a las reuniones, estar preparados con el tema y no perder el tiempo. Desde entonces, organiza las fiestas, cenas y reuniones de Vogue, y todos los eventos personales de su editora, quien le ha entregado las llaves de todas sus casas y la confianza para que él decida no solo sobre la decoración, sino lo que se come y se bebe. “Probablemente soy el único invitado no famoso a las fiestas de Anna. Pero ahí ella me presenta con George Clooney, por ejemplo. Y todos son muy amables conmigo”.

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En alguna época abrió una oficina en Colombia pero la experiencia le salió mal. “No me fue bien por la irresponsabilidad de la gente, porque no pagan, quieren todo gratis. Te dicen que ‘later’, y ‘later’ nunca llega”. Así que cerró y solo viene cuando lo contratan desde Estados Unidos para eventos como el matrimonio de Andrés Santo Domingo con Lauren Davis, que organizó en Cartagena hace cinco años.

Por lo pronto, con la humildad de un hombre que planea las mejores fiestas del mundo a punta de talento y sin ufanarse demasiado, investiga sobre el tema de la próxima gala del Met, que no será sino hasta dentro de 12 meses, pero que desde ya empezará a trabajar.

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