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Rafael Santos: de El Tiempo a la Universidad Central

Rafael Santos: de El Tiempo a la Universidad Central

Revista Jet-Set

El último miembro de la familia Santos Calderón en la Casa Editorial El Tiempo renunció para asumir la rectoría de la Universidad Central. Con este cargo busca más tiempo para compartir con su familia. También tomará clases de piano.
El ex subdirector de El Tiempo, Rafael Santos, aterrizó el viejo sueño de tomar clases de piano en sus ratos libres. “Nunca es tarde”, dijo. Foto: ©Imagen Reina/13
Por: Edición 2664/9/2013 00:00:00
En el año 2012, la Organización de Luis Carlos Sarmiento Angulo compró el periódico El Tiempo, que había pertenecido a la familia Santos. El cambio de dueños terminó por replantear la vida profesional del último Santos Calderón en esta casa editorial: Rafael, el hijo mayor de Hernando Santos Castillo y Helena Calderón. “Es hora de doblar la página. Además, ya no me sentía en casa”, dijo antes de dejar el cargo de director de publicaciones que ejerció desde 2009.

Rafael prácticamente pasó por cada una de las dependencias del diario familiar. En 1976, recién graduado como periodista de la Universidad de Kansas, ingresó a la sección internacional, luego asumió la jefatura de la redacción nocturna, más tarde aterrizó en la sección de Bogotá y fue jefe de redacción, hasta que llegó a la subdirección, que compartió con su primo Enrique Santos Calderón. Durante una década, estas dos fuerzas ideológicas trazaron el pensamiento del influyente diario capitalino: “claro que tuvimos diferencias, pero siempre logramos llegar a acuerdos”.

Rafael Santos, de 59 años, se retiró con la idea de sentarse a escribir para el portal de noticias Las dos orillas. Pero esperará a que pase este momento de ebullición electoral que tiene como protagonista a su hermano ‘Pacho’ Santos, quien integra el abanico de candidatos a la presidencia.

Lo claro, por lo pronto, es que no llevará vida de desempleado. Desde septiembre asumirá la Rectoría de la Universidad Central, de Bogotá, donde en 1979 fue decano de la Facultad de Periodismo. Ahora espera estudiar piano, leer más, escuchar a Chopin y jugar con su hijo Pablo, de seis años. La vida después de El Tiempo sigue.

¿Cuánto tiempo demoró para tomar la decisión?
–No la tomé en caliente, sino que la maduré a lo largo de estos últimos cinco años. Al mismo tiempo le iba haciendo duelo.

Parece que no hizo un duelo sino varios. –El primero fue cuando vendimos el periódico a Planeta, y el segundo a Luis Carlos Sarmiento. Las dos ventas duelen, pero la primera dolió menos porque estábamos de socios. Una vez compró Sarmiento salimos todos los accionistas. Esta última fue muy dolorosa.

¿Cuando dice que no se sentía cómo en casa es porque no lo dejaban mandar al igual que antes?
–No. Realmente es que se desgranó la familia. Unos se fueron para la política. Por cuenta de este aspecto salieron Enrique Santos Calderón, debido a la llegada de su hermano Juan Manuel a la presidencia, y Luis Fernando Santos.

¿En El Tiempo de hoy se trabaja con la misma pasión de la época en que estaba en manos de su papá y el resto de la familia?
–Esa época romántica, bohemia y de mucho candor humano es cosa del pasado. Usted va hoy a la redacción de El Tiempo y es helada, helada, helada… No existe ese estado de ebullición y fascinación de los 70 y 80. La tecnología es responsable porque aísla a las personas.

¿Su salida también tuvo que ver con la aspiración de ‘Pacho’ Santos a la presidencia?
–No. Pero si un periódico es inmanejable con un primo en la presidencia, ahora con un hermano… ¿se imagina? Con la precandidatura uribista de Pacho uno realmente comienza a darle vuelta a la idea de si es bueno estar en un periódico que es muy cercano a la política. Hay que estar en mis zapatos para darse cuenta lo difícil y lo incómodo que es tener a dos parientes en la cumbre de la política.

La confrontación de ‘Pacho’ y Juan Manuel está caliente. ¿En qué bando se queda?
–Aunque uno tira para donde el hermano y la sangre jala, nosotros tenemos una condición y es que Juan Manuel y yo somos primos por punta y punta. Nuestros papás eran hermanos y nuestras madres también.

¿Cuál será su futuro como periodista de opinión si la sangre lo jala hacia Pacho?
–Prefiero no opinar políticamente. Cualquier cosa que uno diga resultaría incómoda. Soy muy cuidadoso con la forma como me refiero a Juan Manuel y, por supuesto, a mi hermano. La oportunidad de escribir en Las dos orillas se me enredó porque estoy en la Universidad Central. El país necesita pico y placa de los Santos. Están en todas partes.

¿Cree en esas versiones apocalípticas de que los medios impresos se van a acabar?
–Sí, estos se van a acabar en un futuro no tan lejano. Hay un descenso brutal en la publicidad. Hay muchos periódicos que tendrán que emigrar a una plataforma digital. Otros serán medios impresos de nicho con contenidos analíticos, como es posible que pase con El Tiempo.

Usted es periodista egresado de una universidad, pero casi siempre trabajó con empíricos. ¿Quiénes son mejores?
–Cuando empecé en El Tiempo, el ciento por ciento de la redacción era empírica. Recuerdo que había mucha pasión por escribir crónicas, reportajes, por marcar el periódico con un sello particular.

¿Recuerda su primer día en El Tiempo?
–Entré el primero de noviembre del 76. Venía de trabajar en El Nuevo Herald que era una aventura periodística en español para atender las necesidades de la comunidad cubana en Miami. Estuve poco. Me vine porque mi papá me decía: “esta tienda es para que ustedes la atiendan”.
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