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Rafael Santos resucita el Faenza

Rafael Santos resucita el Faenza

Revista Jet-Set

Al frente de la Rectoría de la Universidad Central, el exdirector de publicaciones de El Tiempo, Rafael Santos, se ha propuesto recuperar el Faenza, que durante muchos años fue el teatro más importante del país, y sin embargo cayó en el abandono.
Desde la Rectoría de la Universidad Central, Rafael Santos ha sido el artífice de la recuperación del que fuera el teatro más importante de Bogotá. Foto: ©Imagen Reina/14.
Por: Edición 27813/3/2014 00:00:00
Para Rafael Santos, devolver al Faenza toda la gloria que tuvo en sus mejores épocas es una prioridad. Después de años de historia y esplendor, el primer teatro cinematográfico del país cayó en las garras de seda del cine porno y de una atmósfera de decadencia que hasta ahora empieza a superar, gracias a los planes de recuperación de la universidad, que aspira a reinaugurarlo oficialmente en 2015.

El Faenza fue comprado por la Central en 2004 con la clara idea de convertirlo en parte del sistema cultural del campus, que incluye dos más que ya están en funcionamiento: el México, antiguo Azteca, y el Teatro de Bogotá, todos propiedad de la universidad, y recuperados por la misma. La idea es convertir la 22 en una calle cultural y, de ser posible, peatonal. Algo hay de ese concepto de Fame, la reconocida academia de canto y baile en Nueva York, que fue cambiando el paisaje urbano que la rodeaba, y de un barrio duro y difícil pasó a ser un oasis suavizado por las dosis de arte y cultura que empezaron a rondar el sector.

Metido en el proyecto con alma, vida y sombrero está el rector de la Central, quien lucha por la última etapa de toda la obra y dice que tiene el gran reto de conseguir los recursos para cumplir con los plazos de entrega: “afortunadamente estamos a un año de finalizar y lo que hemos logrado ya no se puede abandonar”.?

La fachada está lista desde 2007, con el mismo art nouveau con que fue creada en los años 20, cuando el estilo era de vanguardia. El equipo de restauración, liderado por Claudia Hernández, ha recuperado interiores, frescos que habían sido cubiertos por 70 años de capas de pintura.

Santos explica el interés por el recinto: “es una parte vital de la cultura bogotana. Tenemos ante nosotros un pedazo de historia que queremos recuperar, que vale la pena contar y tener vigente. El Faenza es un teatro valioso, no solamente por lo estético y arquitectónico, sino también por el testimonio de lo que allí se ha vivido y visto en todos estos años”.

Durante varias décadas fue el punto de encuentro de la alta sociedad bogotana: las damas iban a tomar el té, mientras que los hombres enfilaban hacia la cantina. A veces, de paso, entraban al cine o a cualquiera de los espectáculos que se organizaban. En el Faenza sucedieron desde exposiciones caninas, hasta peleas de boxeo, además de ocasionales obras de teatro, y claro, siempre funciones de cine. Pero llegó el 9 de abril de 1948, y la gente que vivía en el centro de Bogotá decidió moverse más hacia el norte. Los saqueos habían quedado en la memoria, y aunque el teatro no sufrió, el imaginario de los bogotanos sí, y empezaron a desplazarse hacia zonas más seguras. El teatro fue cayendo en el olvido y las deudas lo fueron consumiendo.

Llegaron días oscuros y duros para este lugar. De esas primeras proyecciones de cine mudo, de Buster Keaton y Chaplin, se pasó a cine hablado, y los años y las deudas bajaron el rasero a rotativos de karate y vaqueros. Después, llegó el porno, y de ahí pasó a ser un sitio de encuentro gay popular en la zona, en medio de una ciudad reprimida y conservadora. El lugar vio circular entonces, los primeros junkies y amores clandestinos entre sus balcones y lunetas. Incluso, los peores rumores apuntan a una leyenda negra que habla de locación de videos snuff, esos de brutalidad y sangre frente a la cámara. Nunca ha sido confirmado, pero ha servido para tejer parte de la historia de este.

Con una construcción tan antigua, los fantasmas tampoco podían faltar: trabajadores y obreros dedicados a las reformas cuentan que a veces oyen música vieja, ruidos de mucha gente bailando; otros hablan de una niña corriendo por el escenario y un hombre altísimo que circunda los pasillos. ?A pesar de no estar terminado, el teatro sigue vivo: hay espectáculos, desfiles de moda y otras presentaciones que lo mantienen vigente mientras queda listo. Los planes incluyen desde café conciertos, hasta vodeviles y recitales donde se involucre a la Facultad de Artes y Música de la universidad. Hace unos días se rodó el nuevo video de Carlos Vives y Chocquibtown, que está por estrenarse. Lo mejor del Faenza sigue pendiente.
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