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¿Quién es Yohir Akerman?

¿Quién es Yohir Akerman?

REVISTA JET-SET

El periodista que salió de El Colombiano por escribir una columna en la que defendía la adopción por parte de parejas gay, tiene 34 años, es politólogo y nació en una familia judía no practicante. Antes del debate tenía mil seguidores en Twitter y al cierre de esta edición llegaba a los diez mil.
Yohir en su casa en Miami, donde tiene una importantecolección de arte latinoamericano en la que llaman la atención algunas obras que hacen referencia a Dios.
Por: 27/2/2015 00:00:00
Las columnas que publica Yohir Akerman desde hace seis años en El Colombiano ya no irán más. Martha Ortiz Gómez, la directora del medio, tomó la decisión de excluirlo de sus páginas editoriales por considerar que su columna, “Enfermos”, en la que afirma que Dios está equivocado, puede llegar a agredir a los lectores. 

Akerman creció en el seno de una familia judía no practicante. Es hijo de Amalia Lú Posso Figueroa, una escritora y poeta militante de las juventudes comunistas, y de Moritz Akerman, recordado como un mediador entre las Farc y el gobierno de César Gaviria. Se graduó del Colegio Colombo Hebreo en Bogotá y es político y abogado de la Universidad de los Andes. 

A escasos 34 años ha hecho una carrera importante en el periodismo: empezó como reportero del noticiero CM&; luego pasó al diario La República, donde llegó a ser editor internacional; y en 2007 se fue a vivir a Miami para dirigir la revista Poder que circula en siete países. Mientras ejercía ese cargo, Ana Mercedes Gómez, exdirectora de El Colombiano quien en ese entonces era la pareja sentimental de su padre, lo invitó a escribir una columna en ese diario antioqueño, donde se hizo visible por sus posiciones en contra de la Iglesia y el uribismo. Actualmente es socio de Custom Information Services, una empresa de inteligencia corporativa. 

El articulista defiende la adopción de niños por parte de parejas homosexuales desde su mirada heterosexual. Así habló para Jet-set. 

¿Lo habían censurado antes? –Nunca, pero sí había recibido presiones. Columnistas del periódico habían escrito en mi contra: Raúl Tamayo dijo que yo era “una cucaracha en la sopa” y Juan Gómez Martínez escribió una columna muy fuerte en la que me llamó “Akerman, el acólito”. Todos sabemos que El Colombiano es un periódico conservador, que defiende los conceptos católicos y los principios uribistas, puntos en los que iba en contravía y por eso era una voz muy disonante dentro de sus páginas. Escribir columnas en contra del presidente Uribe y del Centro Democrático cuando la exdirectora de El Colombiano pasó a ser senadora de ese partido era algo fuerte. La última columna que escribí rebosó la copa, pero digamos que estábamos esperando pacientemente a que el vaso se llenara. 

¿Era consciente de que la columna iba a provocar tanto rechazo? –Sabía que iba a generar revuelo porque venía sintiendo que el calor con El Colombiano, los lectores y los propietarios del diario estaba en olla a presión. Sabía que era una columna dura e ingeniosa que iba a generar mucha tensión. Y de nuevo digo que esas no son citas que yo me inventé, están ahí, y no son abiertas a interpretación. Los religiosos me atacan por ser irrespetuoso pero mi pregunta es: “¿En qué estoy siendo irrespetuoso si lo que hago es citar el libro sagrado?”. Eso sí, jamás imaginé que el revuelo fuera a ser de este nivel. Igual me encuentro muy agradecido y sorprendido positivamente porque, en pleno debate de la aprobación de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, haya tanta gente hablando de mi tema.

A juzgar por las citas de la columna, conoce la Biblia… ¿Cuándo la leyó por última vez? –Hace más o menos cinco años como parte de un ejercicio intelectual. Para mí como periodista era importante leerla. En ese momento marqué unas cosas que me parecieron sorprendentes por negativas y positivas. En últimas, mi labor fue recuperar esas anotaciones y poner textualmente las citas que vienen del libro sagrado. 

Con su columna se generó un debate en el país de hasta qué punto es válido citar textualmente unos apartes de la Biblia sin interpretarlos. ¿Qué piensa? –Entiendo el argumento de que la Biblia es un texto que requiere de un análisis muy grande, como el Corán o la Torá. Pero de nuevo si uno hace un desglose de estos libros sagrados encuentra frases muy preocupantes que han llevado a varios errores de la humanidad. Los grupos extremistas musulmanes están haciendo barbaridades basados en los preceptos que establece el Corán. Es cierto que hay que hacer una mirada universal, y siento que la he hecho, pero de todas maneras estas frases se sostienen por sí solas. La Biblia, por ejemplo, dice que el castigo para una mujer que tiene relaciones antes del matrimonio es apedrearla en público y eso es un error. La historia va a demostrar que ni la homosexualidad es una anomalía ni es algo que hay que castigar como textualmente dice la Biblia. 

¿Se asesoró de alguien en sus investigaciones de la Biblia? –He consultado desde hace años los textos y preceptos religiosos con curas, rabinos y otros líderes espirituales. El problema que he encontrado es que en el debate con ellos constantemente llego a un punto en que a la fe no se le puede cuestionar, solo creer. Eso siempre me ha parecido una limitante terrible. 

Creció en una familia judía, ¿cómo fue esa formación religiosa? –Mi familia y yo somos judíos en un sentido de pertenencia a un pueblo y a una historia, pero no a una religión. 

¿Cuándo se alejó de la religión? –Aunque la religión nunca fue determinante en mi familia, las tradiciones sí lo fueron y lo siguen siendo. Me alejé de la religión cuando empecé a cuestionar de dónde venían las ordenanzas y por qué. Creo que cuando uno hace un proceso de cuestionar de dónde viene la fe, indudablemente se aleja de ella. El proceso racional de preguntar y controvertir, va en contravía del método ciego de creer.

¿A cuáles columnistas lee? –Me gustan mucho las novelas y las columnas de Héctor Abad. Leo a Salomón Kalmanovitz para entender; a María Jimena Duzán para descubrir; a Daniel Coronell para aprender; a Mauricio Vargas para disentir; a Ricardo Silva por poético; y a Daniel Samper Ospina para reír. También leo las columnas de David Brooks, Paul Krugman y Nicholas Kristof en The New York Times. Y el Twitter de Félix de Bedout ya que sus trinos parecen columnas condensadas en píldoras para quitar el dolor de cabeza.

¿Quiénes son sus padrinos en el periodismo? –Rafael Pardo, cuando era director de CM&, fue quien me dio mi primer trabajo como reportero; Fernando Quijano me llevó a trabajar en La República como editor; Ana Mercedes Gómez me invitó a ser columnista en El Colombiano; Daniel Coronell me enseñó con el solo hecho de leer sus textos; es el periodista que quiero ser cuando sea grande; y finalmente Isaac Lee, quien me sacó de las ligas menores y me llevó a jugar en las mayores de Estados Unidos, cuando me invitó a ser director de la revista Poder.

Estudió ciencia política, derecho y economía. ¿Por qué no se dedicó a estas carreras y se inclinó por el periodismo? –De alguna manera las aplico ya que desde el periodismo hay que ser un buen analista político para entender el acontecer nacional; saber de economía para no morir de hambre en el intento de ser periodista, y, finalmente, como columnista hay que ser un constante abogado de tus propias palabras para nunca hacer crítica o escribir algo que puede terminar siendo injuria o calumnia. Paradójicamente, hoy en mi trabajo de investigador privado, dirigiendo la firma de inteligencia e investigaciones llamada Custom Information Services, trato de ser el periodista investigativo que siempre quise ser en los medios. El problema es que mis investigaciones casi nunca las puedo revelar. 

Cuando uno se mete a defender a la comunidad gay generalmente lo tildan de ser uno de ellos. ¿Le ha pasado? –Sí, me han querido atacar diciendo que si defiendo los derechos de los homosexuales es porque soy uno de ellos. La verdad, gracias a eso encontré que si uno se siente atacado por ese comentario es porque cree inconscientemente que los gays no son iguales. No me ataca que piensen que soy gay, es más, me siento halagado. Ahora bien, puedo salir del clóset y decir que nunca me han gustado los hombres. Tengo una novia hace un año con la que vivo y estoy muy enamorado. Se llama Anggie Bryan, es isleña, alegre, divertida y muy inteligente. Trabaja como modelo en Estados Unidos con la agencia Wilhelmina.

¿Después de su salida de El Colombiano en qué medios le gustaría trabajar? –En aquellos que tienen el valor de publicar a sus columnistas sin sentirse atacados por sus posiciones diferentes o contrarias a las de la dirección o de los propietarios. Y creo que entre esos en Colombia se destacan la revista Semana, El Espectador y El Tiempo. Me sentiría muy honrado que cualquiera me hiciera una invitación.

Apoyo en Twitter

“El señor @yohirakerman ha dado hoy una lección de periodismo y de decencia. Muchas gracias”: Daniel Coronell.

“Todo mi apoyo, respaldo y afecto para @yohirakerman, columnista despedido de @elcolombiano, motivo #porqueSí; sin ningún fundamento”: Vladdo. 

“La salida de @yohirakerman no es ilegal, pero es injusta y retrógrada. Así @elcolombiano pierde credibilidad y pierde lectores”: Héctor Abad. 

-“¿Vites Tola que @yohirakerman dijo por radio que es ateo? –¡Cómo! ¿No cree en Uribe?”: Tola y Maruja. 

“Los invito a que tripliquemos los seguidores de @yohirakerman como protesta por la forma en que lo despidieron de El Colombiano”: Daniel Samper Ospina. 

“Casos como el de @yohirakerman y @Vladdo demuestran que en el mundo de hoy censurar o intentar censurar una voz, acaba multiplicando esa voz por miles”: Félix de Bedout. 

“Akerman renunció, bajo presión. Su salida acaba con uno de los principios básicos que mueven al periodismo: la libertad”: Ana Cristina Restrepo.


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