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Por fin nació el bebé

Por fin nació el bebé

Revista Jet-set

Ante la insaciable curiosidad del mundo entero, la familia real de Windsor recibe al primer hijo de los duques de Cambridge con gran emoción y circunstancia, pues no todos los días nace un futuro rey de Gran Bretaña.
23 de julio de 2013. Kate y William presentan ante el mundo a su hijo, el príncipe de Cambridge, en la puerta del pabellón Lindo del hospital St. Mary. El niño había nacido el día anterior a las 4:24 de la tarde y su padre estuvo presente en el parto. Foto: AFP.
Por: Edición 26429/7/2013 00:00:00
No hay plazo que no se cumpla y, tal como el día de su compromiso, su boda y el anuncio de su embarazo, la bella Catherine de Cambridge acaparó otra vez la atención del planeta al aparecer con su primogénito en brazos, junto al príncipe William. La escena, que se convirtió en la gran obsesión del ejército de reporteros apostados por varios días y noches a las puertas del hospital St. Mary, ponía fin a lo que se llamó “The Great Wait Kate”, para significar la prueba a la paciencia que había sido el parto de la duquesa, llamada de soltera Kate Middleton.

Lejos estaban los días del “Waitie Katie”, frase burlona que se usó cuando ella esperaba y esperaba la propuesta de matrimonio de William. Ahora, dos años después de su boda, con su principito en las puertas del mismo hospital donde nació su esposo hace 31 años, la duquesa ya no era la plebeya temerosa de ser despreciada, sino la princesa investida de poder por haberle dado continuidad a la corona.

Mientras Catherine cargaba a su pequeño envuelto en una manta blanca, William les decía a los periodistas que su hijo tenía más pelo que él, aludiendo a su calvicie prematura, con su humor británico. El futuro rey dijo también que el bebé, “afortunadamente”, se parecía a su madre, a lo cual ella respondió que no tenía certeza aún. “Tiene dos buenos pulmones, eso es seguro. Es un niño grande, tiene buen peso. Aún estamos trabajando en buscarle un nombre, y lo tendremos tan pronto como sea posible”, le respondió el duque a un reportero que le preguntó si George, favorito en las apuestas, figuraba entre las opciones. Kate, vestida con un traje de jersey azul estampado con pepas blancas, de Jenny Packham, declaró: “es muy emocionante, es un momento muy especial. Cualquier padre sabe cómo es este sentimiento”.

La pareja volvió a entrar al hospital tras la presentación de su hijo, a quien su padre puso en una silla para auto, antes de salir una vez más para abordar una camioneta Range Rover. Como cualquier padre, William quiso tomar él mismo el volante para conducir a su familia a casa, el Palacio de Kensington, dejando atrás una estela de ovaciones de la multitud. Unos le dijeron a la revista Time que habían llegado atraídos por la pompa de la realeza; otros, por el modelo en que se han convertido los duques para la juventud, y otros más confesaron que los movía más el buen humor del momento que la familia real.

El día anterior, el 22 de julio, el mundo finalmente había oído la noticia del suceso, cuyo número definitivamente parece ser el tres: tres semanas de expectativa por un bebé que es el tercer bisnieto de la reina Isabel II y el tercero en la línea de sucesión al trono. Con el “infant Prince” (príncipe niño), como lo llama la realeza en sus comunicados, se juntan además tres herederos vivos de la corona en línea directa: su abuelo Carlos de Gales, su padre William y él, algo que no sucedía desde 1894.

Desde los pasados Juegos Olímpicos, no se veían tantos periodistas de todo el planeta en Londres. Pero esta vez no habían llegado atraídos por las hazañas de los deportistas, sino solo por un bebé que no ha balbuceado sus primeras palabras y ya es asediado por la prensa. A mediados de julio, la entrada del pabellón Lindo del hospital St. Mary se convirtió en el epicentro de la espera. Según diarios locales como el Times, el wi-fi en el área colapsó y las cafeterías aledañas se convirtieron en salas de redacción improvisadas. Pero como lo dijo la propia duquesa de Cambridge alguna vez, los bebés no tienen una agenda, y para el 19 de julio no había indicios de que el parto estuviera cerca, aunque no escasearon las especulaciones sobre su inminencia. El caso es que con su impaciencia, los fans de la monarquía ya habían contagiado a los que no siguen a esta institución. Finalmente, el día 22, cuando se decía que el asunto podría prolongarse hasta fin de mes y los periodistas manifestaban su frustración por la demora, el desenlace se dio de modo rápido y discreto. Hacia las 5:30 de la mañana, los príncipes llegaban a la clínica, pero burlaron a la prensa ingresando por una entrada lateral, sin darles tiempo a los fotógrafos de reaccionar. El trabajo de parto duró cerca de once horas, cinco menos que el del nacimiento de William. Algunos medios británicos aseguraron que Kate tuvo su hijo con el apoyo de una técnica llamada hypnobirth, en la cual se utiliza la relajación con el fin de reducir el uso de drogas para el dolor durante el alumbramiento.

El bebé llegó a las 4:24 de la tarde, pero sus padres quisieron estar en privado con él unas horas antes de dar la noticia. Siguiendo el protocolo, la primera a la que William llamó fue a su abuela, la reina Isabel II, quien desde antes de que naciera había nombrado a su bisnieto “príncipe de Cambridge”. Así, la monarca rompió una tradición, según la cual solo los hijos del soberano en el trono y los hijos de sus hijos tienen derecho a recibir títulos. El principito pesó 3,8 kilos al nacer, algo más que su padre, quien pesó 3,6, según informó la casa real, que hacia las 8:00 de la noche hizo el anuncio oficial, el cual desempolvó de inmediato una cadena de tradiciones. A la entrada del Palacio de Buckingham, sobre un caballete, fue publicado el boletín oficial, firmado por el equipo médico que asistió a la duquesa, encabezado por el doctor Marcus Setchell, exginecólogo de la reina y quien le realizó una histerectomía a la duquesa Camilla de Cornualles, la esposa del príncipe Carlos, quien se estrena como abuelo y es “brillante con los niños”, según declaró la propia Camilla.

Otra tradición que la familia real Windsor siguió al pie de la letra fue la repartición de 2013 Royal Mints, o peniques conmemorativos del acontecimiento, a los súbditos que fueron padres el mismo día que el heredero. Además, como desde los tiempos de la reina Victoria, 62 salvas de artillería fueron disparadas en la histórica torre de Londres, y otras 41 en el Green Park, en homenaje al príncipe, llamado a ser el rey número 43 de Inglaterra, desde Guillermo el Conquistador en 1066. Sin embargo, habrá que esperar mucho para que eso suceda. Según cálculos de The Times, si su padre William llega a vivir hasta los 80 años, su primogénito solo ascendería al trono en 2062. Si alcanza los 87 se convertiría en el primer monarca del siglo XXII, pero quién sabe si la institución aún persista.

Mientras todo eso sucede, ahora las nuevas expectativas se centran en cuándo se publicarán las primeras fotos del bebé con sus padres en casa y la fecha de su bautizo, un hecho notable si se recuerda que también está predestinado a ser defensor de la fe y cabeza de la iglesia anglicana.

El Times no dudó en pronosticar que su educación seguirá los lineamientos de la que recibió su padre, quien siempre ha insistido en lo importante que es para él que lo traten como una persona común y corriente. Así, no se descarta que la realeza establezca acuerdos con la prensa para que el príncipe de Cambridge no se vea acosado por las cámaras, aunque con eventuales apariciones y posados para saciar el legítimo interés de los súbditos y el mundo entero.

Así como la princesa Diana, quien era institutriz, impuso sus ideas en la crianza de sus hijos, Kate también viene con las suyas. Ya se supo que no contratará una niñera, toda una revolución, pues desde siempre los niños reales han estado a cargo de ellas y han tenido poco contacto cotidiano con sus padres. Para la muestra, William es aún muy cercano a las suyas, Olga Powell y Tiggy Legge-Bourke.

Todo parece indicar que Kate, además de hacerse cargo de su hijo, tendrá a su madre, Carole Middleton como su mano derecha. Como se recuerda, en Inglaterra ha hecho carrera comparar la frialdad de la familia Windsor, con la calidez que reina en el hogar de la duquesa. Comoquiera que sea, el príncipe de Cambridge cierra con broche de oro una época estelar para la realeza, que deja atrás los terribles escándalos conyugales que la hicieron tambalear en los años 90.
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