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Pilar Calderón de regreso a la Casa de Nariño

Pilar Calderón de regreso a la Casa de Nariño

Revista Jet-set

La prestigiosa periodista tiene el reto de conectar a la gente con las gestiones y proyectos de Santos. Con este objetivo se estrenó como ministra asesora de Comunicaciones que, según analistas, servirá de ayuda para mejorar los índices de popularidad del mandatario.
Con más de 30 años en el periodismo, Pilar Calderón ha sido jefe de prensa de la campaña presidencial de Galán y del gobierno de Gaviria, y subdirectora de Semana, El Espectador y el Noticiero de las 7. Foto: ©Imagen Reina/14.
Por: Edición 28925/8/2014 00:00:00
La periodista Pilar Calderón no tuvo tiempo para asumir el duelo y analizar con cabeza fría su salida intempestiva de la dirección de la revista Diners. Apenas dejó este cargo, el presidente Santos le reinyectó adrenalina al entregarle el nombramiento de ministra asesora de Comunicaciones del país, que llevará el mensaje de las gestiones gubernamentales a los colombianos. La vida de Calderón se ha movido entre los medios de comunicación privados del país como Semana, El Espectador, Noticiero de las 7 y la revista Cambio, y el Gobierno. La comunicadora fue jefe de prensa durante los primeros años de la administración Gaviria y su nombre ha sido un gran referente en el periodismo moderno nacional.

¿Por qué se crea el cargo de ministra asesora de Comunicaciones? ¿Es una reacción a los problemas que tuvo Santos para comunicar sus logros en el primer mandato? –Es evidente que el Gobierno detectó que hubo fragilidad en el manejo de las comunicaciones. En este nuevo periodo hay que entender que las segundas partes son diferentes a las primeras. Las necesidades y objetivos son otros. Con la nueva estructura se busca un discurso coherente para que el trabajo del Gobierno llegue a los medios, pero primordialmente a la gente.

¿Se busca darle continuidad a un proyecto político de Santos para el 2018 o mejorar su imagen? –La nueva estructura en la presidencia solo busca articular todas las actividades del Gobierno y luego enviar el mensaje al colombiano. En esta tarea estamos Néstor Humberto Martínez, ministro de la Presidencia; el vicepresidente, Germán Vargas; María Lorena Gutiérrez, quien enlazará el sector público y privado; el general Óscar Naranjo, que servirá de puente entre los temas de seguridad y posconflicto; y yo.

En un trabajo como el suyo se necesitan muchos medios gobiernistas. ¿Ya los tiene identificados? –No tengo idea cuáles son. He trabajado toda la vida en política y entiendo que lo más relevante es enfocar el mensaje, no importa por dónde se transmite, si en los medios gobiernistas o en los de la oposición.

Miembros de la familia Santos, como Rafael Santos, aseguran que lo mejor fue vender El Tiempo porque hubiera sido muy difícil opinar con un pariente en la presidencia. –Ha sido muy conveniente que el periódico ya no sea de la familia del presidente, pero si todavía lo fuera tampoco habría que rasgarse las vestiduras. Creo que los medios colombianos nacieron como una propiedad de familia y eso le ha hecho mucho bien al periodismo. Los tiempos cambiaron y con la globalización se transformó el esquema de propiedad. Hoy los grupos económicos que son dueños de papas fritas, tienen medios.

¿Cómo le llega el nombramiento? ¿De quién es cuota política? –El presidente me llamó y me preguntó si tenía interés en ser parte del equipo de Gobierno. No soy una cuota política de nadie y tampoco soy amiga de Santos.

¿Cuál es su partido político? –Fui jefe de prensa de César Gaviria y de Luis Carlos Galán. Desde ese punto de vista podrían decir que soy liberal, pero también es porque nunca he trabajado con los conservadores. Soy independiente. He estado en Gobiernos en los que he creído.

¿Por qué creer en el de Santos? –Le hizo una apuesta muy grande a la paz. Todas las generaciones que nacimos durante la guerra la estamos esperando. Yo cubrí el conflicto durante muchos años. Fui con mis camarógrafos a contar muertos, al punto que me vomitaba. Hice reportería en la época en que pusieron la bomba en el avión de Avianca. No he podido olvidar el olor a carne chamuscada de los restos humanos en el fuselaje de la nave. Cubrí las muertes de Carlos Pizarro, Guillermo Cano, Galán... Soñé con escribir el perfil de Galán el día que fuera presidente y me tocó hacerlo para Semana cuando lo mataron. Me cansé de la violencia.

Usted fue la primera periodista en entrevistar a Carlos Pizarro después de la toma del M-19 al Palacio de Justicia. –Sí, me sirvió de puente Carlos Alonso Lucio, a quien conocí en el Nuevo Liberalismo. Cuando pasó todo lo del Palacio de Justicia creció la euforia por la Asamblea Constituyente. Era una buena oportunidad ponerlo a hablar de esto y de las atrocidades de la toma. Con él compartí el ideal de acabar la guerra.

Es una periodista que muchos ubican en el galanismo. ¿Cómo fue su relación con Galán? –Lo entrevisté para el programa de la Emisora Javeriana, Este es el tema, cuando estudiaba comunicación. Apenas era candidato del Concejo de Bogotá en 1980. Después me llamó Gloria Pachón y me dijo que trabajara con ellos en las comunicaciones de la campaña presidencial del 82. Nadie conocía a Galán. Tomábamos los directorios y llamábamos a la gente para que fuera a la plaza pública. Luis Carlos fue la primera persona que me corrigió un texto, porque en la universidad uno no aprende nada.

¿Qué otros maestros tuvo? –Gabo, en la época de la revista Cambio. Fue excepcional y generoso en la transmisión de su conocimiento. Era un psicólogo innato porque tenía la capacidad de leer a las personas en minutos. Felipe López es otro: nos hemos querido, nos hemos odiado, nos hemos dejado de hablar. A él lo quiero muchísimo. Es de esas personas que conoce el poder y se independizó de él. No le come cuento. Otros maestros son Mauricio Vargas y Rodrigo Pardo, su ecuanimidad lo lleva a realizar análisis en las situaciones más complejas. También María Elvira Samper, a quien conocí desde que dictó clases en un colegio con mi mamá.

Esos nombres son los mismos de muchos años en el periodismo. No ha habido cambios generacionales. –Los que alcanzan la veteranía en los medios son los grandes periodistas del mundo. El cambio llega cuando una nueva generación está lista para reemplazar a la anterior. Los directores no escogen a los periodistas por ser jóvenes o viejos sino por su talento y trabajo. Punto.

¿Con tantos años en el Noticiero de las 7 y Noticias Uno sigue viendo televisión? –No. Mis hábitos de consumo han ido cambiando y todo porque hace un tiempo los horarios de emisión no eran puntuales. No hay unidades investigativas. El buen periodismo informativo, el de los acontecimientos relevantes, ha ido perdiendo espacio. La radio en Colombia tiene más peso como generadora de opinión que la televisión.

En la radio hay muchos periodistas que toman partido. –Nadie tiene la verdad. Jamás miro el mundo en blanco y negro. Hay grises que te invitan a ser tolerante y respetuoso con los demás. Hay gente que dice: “Dios existe” y otros que no. No sé quién tiene la verdad. La radio tiene muy buenos programas que generan debate, análisis, y confrontan puntos de vista.

¿Es devoradora de los nuevos medios digitales? –Todo el mundo entró a lo digital. Hay que cambiar el chip y es que estamos dando el salto de lo impreso a las plataformas diferentes. Yo soy una gran lectora de revistas en iPad. Soy enemiga acérrima del papel. Mis agendas, mis libretas son digitales.

Se habla de la crisis del periodismo. ¿Qué piensa? –Siempre ha habido periodismo aun en la era digital. Ya sea en papel o en la web no se debe cambiar la exigencia de la calidad periodística. Hay que hacer crónicas, investigación, análisis y todos los géneros para que haya diversidad en los medios. La competencia de lo impreso y lo digital está fuerte.

¿Qué le dejó el paso por la revista Diners? –Los temas no son light sino la manera de tratarlos.
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