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¿De qué se arrepienten los periodistas?

¿De qué se arrepienten los periodistas?

Flashback

A propósito del día del periodista recuerde esta nota de septiembre de 2012 cuando Revista Jet-Set les preguntó a los periodistas más destacados del país de qué se arrepentían de cara al inicio de un nuevo proceso de paz en Colombia y donde la responsabilidad de los medios es vital para su éxito.
Yamid Amat se arrepiente de haber transmitido en directo, por Radio Caracol, una tragedia de aviación protagonizada por dos menores de edad. Foto: Imagen Reina/12.
Por: 5/10/2012 00:00:00
Yamid Amat sorprendió a los asistentes al Foro Internacional de los 30 años de la revista Semana al confesar que hoy se cuestiona por haberle abierto los micrófonos de Caracol Radio a los guerrilleros del M-19 durante la toma del Palacio de Justicia en 1985. Jet-set les preguntó a los periodistas más destacados del país de qué se arrepienten ahora que se inicia un nuevo proceso de paz en Colombia y donde la responsabilidad de los medios es vital para su éxito.

En el foro “Los medios, su futuro y su relación con el poder”, que realizó la revista Semana en el marco de la celebración de sus treinta años, Yamid Amat, director del noticiero CM&, reflexionó sobre la responsabilidad de lo que se debe informar y lo que no, a propósito del proceso de paz que comienza. El incisivo periodista sorprendió al auditorio cuando afirmó: “La libertad de prensa debe tener unos límites morales, unos límites éticos, una autorregulación que no puede confundirse con la censura —ni más faltaba— con la limitación de la libertad de prensa, sino con la contribución de los medios de comunicación al bien infinito que es la paz”.

Días después le aseguró a Jet-set que lo que dijo en el foro fue para invitar a sus compañeros de comunicación social para que le aporten bondad y cooperación al proceso de paz que va a empezar a vivir el país. “Los medios pueden entorpecerlo seriamente si no tienen un concepto de ayuda. Si un noticiero en radio o en televisión o un medio impreso comienza a divulgar la tragedia que hemos vivido hace cincuenta años, eso puede llevarnos a un momento irreconciliable. Ojalá los medios no cometan el error que yo cometí cuando dirigía Caracol y se produjo la toma del Palacio de Justicia.

En la cabina estaba conmigo Yesid Reyes, hijo de Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corte Suprema de Justicia. Los dos, padre e hijo, hablaron permanentemente por teléfono a través de la emisora. Recuerdo que Yesid dijo al aire: “Mi padre me acaba de decir que si el presidente Belisario Betancur no pasa al teléfono lo van a matar”. No sé hasta dónde esa transmisión fue un elemento de presión indebida contra el Gobierno y hasta dónde condujo a que la entonces ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, tomara la decisión de censurarnos y ordenar, en ese momento, a todas las cadenas radiales la transmisión de un partido de fútbol de Unión Magdalena contra Millonarios. Hoy me pregunto hasta dónde abrir indiscriminadamente los micrófonos y prestárselos a terroristas fue lo que provocó la censura”.

La reflexión de Yamid abrió el debate entre los gurús de la información en el país. Algunos apoyaron su posición y otros cuestionaron sus planteamientos. “Una periodista me dijo: ‘La chiva por encima de todo’, pero yo hablo de otro tema. Lo que pretendo es que contribuyamos con no revivir el pasado, sin que eso implique la autorregulación de las noticias que van a venir. Quiero una información responsable: cierta sí, mentirosa no, censurada no. Si esa responsabilidad supone que hay cosas que se deben callar, cállelas”.

En cambio de lo que sí se arrepiente Yamid es haber transmitido en directo una tragedia de aviación. “Cuando trabajaba en Caracol, teníamos un escáner que chequeaba las frecuencias aéreas. Eso es ilegal. Un día estaba saliendo de Caracol a las siete de la noche y un periodista me dijo: ‘Venga, oiga esto’. Me devolví y oí en el escáner la conversación de unos niños pidiendo auxilio desde un avión. Venían con su padre, el piloto, volando hacia Bogotá, y él murió en el aire. Los niños tenían como 10 y 12 años. No tenían ni idea de manejar un avión. Eso me pareció absolutamente estremecedor… Decidí sacar la conversación de los niños al aire. Un piloto de Avianca llamó y empezó a darles instrucciones para que pudieran aterrizar en Eldorado. Eso duró veinte minutos. Me llamaron de la torre de control y me dijeron: ‘Mire, señor Amat, usted va a ser responsable de una tragedia sin nombre en Bogotá. Estos niños están cerca de la ciudad, pero no van a poder aterrizar en el aeropuerto. Eso es imposible de hacer, y usted está poniendo a la ciudad en peligro. El avión tiene gasolina. Si cae sobre la ciudad, mata a mil personas. Interrumpa inmediatamente esa comunicación. Ya le dimos órdenes al piloto de Avianca para que los dirija fuera de la ciudad’. ‘¿Pero los van a matar?’, pregunté. ‘Sí, pero ¿qué hacemos’, me contestó. Los desviaron a un lugar despoblado y ahí murieron”.

Enrique Santos Calderón. Exdirector de El Tiempo


“Yamid Amat tiene razón. En este oficio hay que volverse cada vez más autocrítico. En temas de violencia y conflicto, que se prestan a la manipulación, el afán de la chiva lleva a hacerles juego a fuentes que promueven el interés propio por encima de la verdad. Son muchos los errores que cometí en más de cuarenta años de periodismo. En la revista Alternativa, en los 70, a los grupos guerrilleros les dábamos vitrina sin cuestionar debidamente su versión de los hechos. En El Tiempo, en la época de El Caguán, me arrepiento mucho del despliegue que se le dio al sonado episodio del “collar bomba” de la señora de Simijaca, atribuido por la Policía a las Farc, que nada tuvieron que ver. No hicimos el necesario esfuerzo de corroboración. En el proceso de paz actual, el Gobierno tiene razón en pedir prudencia a los medios. Y debe ser el primero en aplicar lo que predica”.

Fidel Cano. Director de El Espectador

“Me arrepiento de las noticias que no he dado, no de las que he dado. Claro, uno quisiera nunca haber publicado informaciones erróneas, mal trabajadas, en las que las fuentes hayan logrado un sesgo sobre uno, con imprecisiones, falsas incluso. Tengo muy mala memoria, pero recuerdo cuando alias Don Diego acusó en una entrevista con El Espectador al general Óscar Naranjo de tener vínculos con la banda criminal de ‘Los Rastrojos’ y años después le pidió perdón por haberlo hecho. Además, recientemente revelamos que el hermano del presidente Santos había estado entre los promotores del proyecto para un hotel en el Parque Tayrona, pero dijimos que había invertido en el proyecto y no lo había hecho. Fue una gran investigación, que de hecho hizo parar el proyecto, pero al cometer ese error pareció como si fuera un ataque premeditado contra el presidente. Sin embargo, en el contexto de la reflexión que hace Yamid, no me arrepiento de nada. Los periodistas estamos para dar información, para conseguir la que alguien quiere ocultar y para garantizarles el derecho a los ciudadanos de estar bien informados”.

Ana Mercedes Gómez. Exdirectora de El Colombiano


“Me arrepiento de haber publicado la foto de alias Raúl Reyes cuando fue dado de baja. La imagen fue enviada por el Gobierno. Dicha foto salió a todo lo ancho de la primera página de El Colombiano y lo mostraba en paños menores. Al verla, me di cuenta de que era una portada sensacionalista. Debimos haber publicado solo la cara, y en el pie de foto debimos haber ofrecido disculpas, agregando que habíamos tomado la decisión de publicarla así para que las audiencias comprobaran que sí era Raúl Reyes quien había muerto. Esto nos llevó a una reflexión serena, pero firme, en el grupo directivo. Con la afirmación que hizo Yamid en el foro de Semana me quedé gratamente sorprendida, pues en la primera visita de directores de medios a El Caguán, mientras un grupo decíamos que la paz no se puede hacer con un micrófono en la boca, Yamid dijo que él sí informaría todo, porque: ‘No había un mejor orgasmo que una chiva’”.

Darío Arizmendi. Director de 6 am Hoy por Hoy de Caracol Radio


“En mi larga vida como periodista me arrepiento de haber ‘inflado’ a más de un guasón, para apropiarme de un término que en su momento utilizara uno de los mejores editorialistas del periodismo colombiano, Juan Zuleta Ferrer, exdirector de El Colombiano. También me arrepiento de no haber sido lo suficientemente riguroso ni cuidadoso en el manejo de ciertos temas relacionados con la guerrilla, el narcotráfico y tantos otros males que han aquejado al país durante décadas. A sabiendas de que las diferentes fuerzas lo primero que tratan de hacer es manipular a los medios y a los periodistas en su propio beneficio. En cuanto al conflicto y el narcotráfico, para citar solo dos frentes generadores de violencia, como decía García Márquez, la primera víctima siempre es la verdad. Todos los medios, sin excepción, hemos pecado unas veces por exceso y en otras por defecto, y en ocasiones hemos preferido la ligereza y el facilismo de las mal llamadas ‘chivas’ al rigor y a la contextualización. Lección: reflexión, autocrítica, pensar unos minutos antes de ser manipulados por fuerzas oscuras y siniestras”.

María Elvira Samper. Columnista de El Espectador


“No recuerdo ninguna equivocación con la que hayamos dañado un proceso. En un país como Colombia, que carece de una justicia pronta y eficiente, los medios de comunicación han cumplido el papel de develar escándalos. El Proceso 8.000 no habría avanzado de no ser por las denuncias de Semana y QAP, o la revista Cambio, dirigida entonces por Patricia Lara. En el proceso de paz con Belisario Betancur, muchas veces entrevistamos guerrilleros, pero nos reservábamos el derecho de publicar. Cada medio fija su pauta editorial y debe mantener su independencia. Lo importante es no caer en la tentación de la chiva. Hay que moverse como gato entre cristales, con las antenas puestas, con las reglas del oficio como brújula fundamental y, sobre todo, ser consciente de que no existe ninguna fuente desinteresada. En el proceso de paz actual, lo ideal sería que los periodistas que vayan a cubrirlo sean veteranos. Muchos aprendimos en el proceso de El Caguán, en el que se crearon unidades de paz y espacios de reflexión con asesores y voces ilustradas. El reto no es informar primero, sino informar mejor”.
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