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Pedro Montoya Vernaza, con el polo en las venas

Pedro Montoya Vernaza, con el polo en las venas

REVISTA JET-SET

El hijo de la presentadora María Andrea Vernaza tiene 23 años y es uno de los polistas con mayor proyección en el país. Su exitosa carrera, que ya completa una década, lo ubica en los mejores torneos del mundo. Ahora juega en el Argentina Polo Tour que termina en abril.
Pedro Montoya Vernaza vive la mayor parte del año en Colón, la finca de su familia paterna en Subachoque, donde practica para las temporadas de polo en el país.
Por: 26/3/2015 00:00:00
Pedro Montoya Vernaza vive hace cinco años en una especie de chalet que le adecuaron sus abuelos paternos en Colón, la finca familiar en Subachoque. El polista colombiano, con gran proyección internacional, se despierta de madrugada con los relinchos de los caballos y el bullicio de los herreros que preparan las bestias para los partidos. Cuatro días a la semana entrena en los mismos campos donde lo hacían su abuelo Alfonso Montoya Sánchez; su padre, Carlos Eduardo, y su tío Juan Pablo Montoya Jaramillo, quienes llegaron a tener siete goles de hándicap en los torneos nacionales. 

Solo basta verlo caminar por las caballerizas y recorrer las praderas en donde pastan más de 200 caballos de cría, para reconocer que esa es su pasión.

La primera vez que montó tenía 4 años de edad, y desde ese momento no quiso saber de nada más. “Era un enfermo por los caballos. Mi papá me cuenta que cuando él terminaba los partidos en el Polo Club de Bogotá tenía que darme la vuelta completa a la cancha, porque de lo contrario yo me agarraba de la montura y no paraba de llorar”, recuerda. Jamás quiso un PlayStation, y el Nintendo 64 que le regalaron en una Navidad se quedó intacto en la caja. Desde los seis años él prefería practicar con el taco y la bola sobre La Scooby, su primera yegua de polo. 

Su vocación sumada a la disciplina que le inculcó su madre, la presentadora María Andrea Vernaza, y al entrenamiento de Germán Sabogal, lo llevaron a sobresalir en torneos infantiles en Colombia, Argentina y República Dominicana. A los 13 años, su nombre apareció en las noticias como el polista más joven que se ha ganado la Copa Uribe, la más importante del país desde 1903. Y aún mantiene el récord. “Fue una excepción porque en 2005 los menores de 15 años no podíamos jugar en equipos de adultos. Pero como yo ya tenía un gol de hándicap, me permitieron participar y ganamos”, recuerda Pedro. 

Diez años después, su hándicap, que ya va en cinco, lo ha llevado a Perú, Argentina, Chile y Estados Unidos. “Los polistas profesionales viven de los ‘patrones’, como se les dice en todos los idiomas a los empresarios millonarios que tienen equipos de polo y contratan jugadores con buen desempeño para que jueguen a su lado en los torneos”, explica. Pedro es uno de ellos. Por estos días está en Argentina, el país que tiene la liga de polo más poderosa del mundo y donde Pedro aprendió del mejor: el entrenador Héctor ‘Cacho’ Merlos. 

El bogotano de 23 años viajó el pasado 18 de marzo a Pilar, una pequeña ciudad cerca de Buenos Aires, invitado a formar parte del equipo La Vanguardia, en el Argentina Polo Tour que termina en abril. Justo a tiempo para regresar a Bogotá, a retomar sus clases de administración de empresas en el CESA y reencontrarse con su equipo Colón, en el que están también su padre y su tío Juan Pablo. El clan Montoya se prepara para la temporada de julio en la Copa Uribe, la misma en la que Pedro se llevó el título de mejor jugador el año pasado.

Montado en La Fortuna, su yegua preferida, el guapo joven de 1,85 metros de estatura y 77 kilos de peso, reconoce que tantas salidas fuera del país y su amor por la vida en el campo no le han hecho fácil tener a su lado una mujer que lo entienda. “Todo lo que pienso es en función del polo: si tengo tiempo libre me voy a entrenar a la finca o al Polo Club, y la mayoría de mis viajes son para participar en un campeonato. Las novias no comprenden que este no es un deporte como el fútbol o el tenis, es un estilo de vida, una actividad que requiere de mucho tiempo porque no se puede practicar en la ciudad”, dice. Pero no se queja, sabe que algún día encontrará una compañera que disfrute tanto como él los planes de finca, las cabalgatas, las conversaciones a la luz de una fogata y, por supuesto, las temporadas de polo.

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