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Paula López habla de su spa espiritual

Paula López habla de su spa espiritual

REVISTA JET-SET

Hace 20 años, Paula abandonó su exitosa carrera como joyera para dedicarse a su misión en la vida: ser acompañante espiritual. Hoy desde su Fundación Casa de Paz invita a los empresarios del país y a sus equipos de trabajo a que, en un retiro de dos días en Subachoque, dejen de pensar en la productividad y miren a su interior.
Paula tiene una conexión muy especial con la sede de Casa de Paz en Subachoque, pues era la finca de polo de su familia. Hace cinco años, cuando su papá, Byron López, sufrió un derrame cerebral, se la regaló para que abriera un centro espiritual.
Por: 26/3/2015 00:00:00
Paula nació en el seno de una de las familias más influyentes en política y empresa en el país. La hija de María Paulina ‘Pum Pum’ Espinosa y el empresario Byron López estudió joyería en Roma y se especializó en diamantes en Bélgica. Pero el brillo de esta vida se empezó a opacar hace 20 años cuando enfrentó tres procesos dolorosos: la separación de su exmarido, el tenerse que ir a vivir fuera de Colombia por amenazas a su familia y la complicación de una enfermedad intestinal por la que ha tenido que someterse a ocho cirugías, en la última le dejaron 80 centímetros de intestino que es lo mínimo que necesita una persona para sobrevivir. “Estaba muy cansada de pasármela en los hospitales. Además, ser sobresaliente en una profesión enfocada en lo material me hacía sentir vacía”. 

Entonces abandonó su carrera y empezó una búsqueda para encontrarle sentido a su vida. Un día la invitaron a un retiro de tres días en el que reafirmó que su misión era ayudar a los demás como acompañante espiritual. Por eso hace cinco años creó Casa de Paz, un centro que promueve el crecimiento humano y psicológico de adultos y jóvenes, entre los 13 y 22 años, a través de retiros. 

Su santuario de paz queda en Subachoque, a las afueras de Bogotá, en medio de un paisaje natural donde es fácil desconectarse de la agitada vida citadina. Ese lugar tiene un significado muy especial para ella: “Mi papá sufrió un derrame cerebral y quedó en silla de ruedas. Cuando se encontraba sumido en una profunda tristeza me dijo: ‘Ahora entiendo lo que tú haces para ayudar a las personas de salir del sinsentido y por eso quiero regalarte la finca’”. 

Transformó las caballerizas en habitaciones y los campos de polo donde montaba a caballo de niña hoy son un spa para el alma de las 7000 personas que pasan por allí cada año. Entre quienes han vivido esta experiencia están la ex primera dama Nohra Puyana; Santiago Santos, el hijo de Rafael Santos, y José Manuel Restrepo, rector de la Universidad del Rosario. 

En su misión de ayudar a la gente a encontrar la paz interior, Paula se vale de un grupo de sacerdotes y psicólogos que trabajan la logoterapia, un método psicoterapéutico, creado por el neurólogo austriaco Viktor Emil Frankl, que se centra en descubrir el sentido de la vida. “Es algo que va más allá de la religión, aquí no importa si eres católico, judío o cristiano. Este lugar está abierto a todos los hijos de Dios”. 

A la entrada de Casa de Paz, en una de las paredes hay una carta enmarcada que les envió el papa Francisco avalando su voluntariado. El pontífice conoció el trabajo que hace la fundación de Paula a través de un libro que ella le entregó en 2013, cuando formó parte de la comitiva colombiana que asistió a la canonización de la madre Laura. “Cuando me llamaron a decirme que su santidad nos había mandado un mensaje pensé que era una pega, pero después empecé a gritar en la oficina: ‘Niños, niñas, el papa nos escribió’. Todos empezamos a llorar de la emoción pues era el reconocimiento de que estamos impactando al mundo de una manera positiva”. 

Según Popolita, como la llaman cariñosamente, el problema más grande que tiene la humanidad hoy en día no es la pobreza física sino espiritual. “Nos pasamos la vida buscando dinero para tener un mejor carro o una mejor casa, y nos olvidamos del resto”. De ahí nace su nuevo proyecto “La empresa en busca del ser humano”, en el que invita a los empresarios y a sus equipos de trabajo a que vayan a Casa de Paz y, durante dos días, se olviden de la productividad, se desconecten de sus celulares y le den una mirada a su interior. “Hoy el mundo está lleno de talleres de capacitación profesional, pero nadie nos enseña cómo ser mejores personas”. Por eso su anhelo es crear una universidad espiritual. 

Paula es logoterapeuta y en septiembre empezará a estudiar psicología, a distancia, en la Universidad de Madrid, en España. Su madre espiritual es Inés Ordóñez de Lanús, una laica argentina, fundadora del SEA, una asociación privada de fieles que debe su nombre al “servicio, entrega y alabanza”. 

Detesta el fanatismo: “Si me ven, no tengo pinta ni de monja ni ando con velos, soy una mujer de vanguardia, que me gusta la moda y verme bien. Llevo una vida común y corriente”. Es mamá de tres hijos: Verónica, Simón y Valerie Behar, quienes han sido voluntarios en los retiros. Está ennoviada hace ochos años con Alejandro Payan, con quien pronto se casará por lo católico. Ya hicieron la ceremonia de bendición de las argollas y ahora están en los preparativos del matrimonio. 

Su salud está mejor, aunque tiene recaídas esporádicas que, según ella, ha aprendido a entender y a manejar a través de la fe. “Mi mamá siempre me ha dicho que si después de todas las cirugías que me han hecho sigo viva es porque tengo una misión muy importante que hacer en la Tierra y esa misión es dejar el mundo mejor de lo que lo encontré. El día que me muera y Dios me pida cuentas, no quiero tenerle que confesar que no hice nada porque él me va a decir: ‘Yo no te regalé la vida para que la desperdiciaras’”.

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