Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Papás después de los 50

Papás después de los 50

Revista Jet-set

Estos cinco padres están de acuerdo con que tener bebés en la madurez trae más alegrías que problemas. Y cambian pañales, preparan biberones y recogen a sus hijos en el colegio con mucha más sabiduría que cuando lo hacían con sus hijos mayores.
Francisco, Cayetana y Eloisa Samper - Un amor sereno. Foto: Camila Reina/14
Por: Edición 2849/6/2014 00:00:00
Francisco, Cayetana y Eloisa Samper
Un amor sereno
El presidente y socio de la agencia Lowe SSP3 tiene cuatro hijos: Juan Felipe, de 28 años, y María, de 22, fruto de su primer matrimonio; y Cayetana, de 4, y Eloisa, de diez meses, del segundo. “Si yo hubiera sabido en mi vida lo que era tener hijos después de los 50 años lo habría hecho intencionalmente y no solo porque me volví a casar. Esto es algo que debían recetar los médicos. Es como si a uno le pusieran un tanque nuevo de oxígeno en la vida que lo llena de motivaciones, de alegrías y ganas de hacer las cosas. A mí mucha gente me decía: ‘Claro, es que a usted ya se le había olvidado cómo se sentía ser papá’, pero eso es algo que a uno nunca se le olvida”. Según Francisco Samper, la relación que tiene con todos sus hijos es muy distinta. “Cada uno le abre una puerta nueva al corazón que no sabía que tenía”. A las dos chiquitas se la pasa consintiéndolas, tanto que su esposa, Catalina Torres, a veces lo regaña porque las va a malcriar. Los sábados y domingos desayunan juntos y trata de bañarlas; y entre semana procura abrirle espacios a su agenda para pasar el mayor tiempo posible con ellas.

Esteban y Matilde Jaramillo
Un abuelo muy padre

Esteban Jaramillo fue padre por primera vez a los 19 años. Después del nacimiento de su quinto hijo, el galerista creyó que hasta ahí iba su carrera en la paternidad, pero cuando su esposa, Lina Leal, tuvo a Matilde hace tres años, se descubrió enamorado de la vida otra vez. A los 54 años es lo que se podría llamar un “papá gallina”. Todos los días la lleva al jardín en la bicicleta que compró especialmente para los dos. En su galería, La Cometa, trabajan sus hijos mayores a quienes ve casi todos los días, y Matilde se pasea entre las obras de arte desde que aprendió a caminar. Con ella ha descubierto su lado más juicioso y también el de alcahuete. A pesar de los reclamos de sus amigos, Esteban le ha bajado el ritmo a la rumba, ahora está dedicado al tenis y llega a su casa a las 8:00 de la noche para alcanzar a jugar con la niña antes de dormir. “Siempre espero que después se aparezca en nuestra cama. Si no es así, a las 6:00 de la mañana voy por ella y me la llevo cargada”. Esteban tiene cinco nietos y Matilde es la sexta de eso que él llama “la nueva generación”. “Es un mundo nuevo para todos. Matilde todavía no entiende por qué Nicolás, de 36 años, es su hermano, y Jacobo de 3, es su sobrino”.

Germán, Juan Mateo y José María Medina
El milagro de ser papá
Después de intentar durante siete años ser papá por segunda vez, Germán Medina, consultor en comunicaciones de la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga, viajó con su familia a Brasil y en una iglesia su hijo Juan Mateo, de 9 años, le pidió a Dios que le regalará un hermanito. El milagro se hizo y hace nueve meses nació José María. Para el publicista la paternidad a su edad tiene más ventajas que problemas: “Un niño lo llena a uno de energía, lo hace sentir joven”. En las mañanas su esposa, Diana María Colmenares, sale temprano a trabajar al Colegio Nueva Granada y él se encarga de cuidar al bebé mientras llega la niñera. Es un papá atípico: le gusta cambiar pañales y no le importa tirarse en el piso a jugar con sus hijos durante horas. Con el mayor tenemos una rutina que es sagrada: los sábados y domingos salimos a caminar o vamos a la ciclovía y nos comemos una dona. Para Germán ser papá es como montar en bicicleta: eso nunca se olvida. “Con Juan Mateo cometimos muchas primiparadas; con José María ya no corremos a donde el médico cada vez que se enferma”.

Juancho y Nicolás Pulido
Hijo de tigre…
El músico de la agrupación Compañía Ilimitada estaba decidido a cerrar la “fábrica” de hacer bebés pero conoció a Patricia Angel, su actual pareja y cambió de decisión. Juancho tiene 54 años y a los 52 nació Nicolás, su segundo hijo. “Mucha gente me dice que a mi edad cómo me metí en esto, pero para mí ha sido una bendición. Dios siempre le pone a uno en el camino lo que puede hacer”. Lo único es que le ha tocado sacar energías extras con las que no contaba. “No tengo el dinamismo ni la misma fuerza que tuve con Isabela. Yo antes trasnochaba sin problema, ahora me cuesta mucho trabajo”. Por otro lado, dice que Nicolás le ha enseñado a ser más paciente y a no desesperarse por ‘bobadas’. Está empeñado en que su hijo respete los genes paternos: “Cuando los dos vamos en el carro le pongo rock: The Beatles, The Rolling Stones y canciones mías. El chino canta hasta que se queda fundido”. Además el bebé apenas está aprendiendo a hablar pero ya sabe decir Santa Fe, el equipo del que Juancho es un hincha furibundo. “Lo tengo bien aleccionado. No quiero que me pase lo de otros papás que sus hijos son aficionados al equipo contrario”, dice Pulido, quien no ve la hora de que su niño crezca para matricularlo en una liga de fútbol.

Rafael y Emilio Meoz
Don Rafael y su “ratón”
Rafael Meoz dejó de fumar cuando Emilio nació. La experiencia de ser padre a los 53 años ha sido muy especial para el empresario, quien confiesa que su hijo le da tres vueltas. “Tener un niño de 4 años, a mis 57, me mantiene más vivo, más joven, con la ilusión de estar saludable y aprovechar cada día intensamente”. Durante el embarazo él y su esposa, Ana María Londoño, editora de moda de la revista Fucsia, se preocuparon un poco, “ella estaba en el límite de la edad en la que una mujer puede tener hijos, pero yo quería que Anita tuviera la experiencia de ser madre”. Rafael, quien es padre de Estefanía, de 27 años, ahora vive una oportunidad única. Por fortuna en esta etapa de su vida no tiene un horario de 8:00 a.m. a 5:00 p.m., y puede compartir con su “ratón” en cualquier momento. Los dos se consienten con palabras, se saludan con un: “Hola amor”, y Emilio, quien ha dado muestras de un excelente sentido del humor a veces lo llama “don Rafael”. Cada mañana lo lleva al colegio, lo recibe de vuelta en la casa, almuerzan juntos y siempre tienen un plan: elevar cometas, practicar con el balón de fútbol o salir a comprar algún juguete. “El tiempo pasa muy rápido y uno no se da cuenta. Los primeros años de la vida de un hijo son los más importante y no me los quiero perder”.
LO MÁS VISTO