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Paloma Valencia está embarazada y feliz

Paloma Valencia está embarazada y feliz

REVISTA JET-SET

La controvertida senadora del Centro Democrático no solo celebra su boda católica con el economista y matemático Tomás Martínez Barraquer, sino que espera a su primera hija, quien nacerá en enero de 2017. Esta es la historia de un amor con tinte de telenovela.
La nieta del expresidente Guillermo León Valencia tiene tres meses de embarazo y espera una niña. En su trabajo como senadora ha tenido que suspender los viajes a regiones que presentan amenaza de zika.
Por: Revista Jet-set10/8/2016 00:00:00

A Paloma Valencia Laserna la envuelve una sensación de plenitud: “Tengo a mi lado al hombre que quiero, estoy esperando un bebé, y soy vocera del partido. ¿Qué más puedo pedir?”, dice. La senadora del Centro Democrático tiene tres meses de embarazo y se casa el 13 de agosto con Tomás Rodríguez Barraquer, una especie de genio Ph.D. en Economía de la Universidad de Stanford, y matemático de Oxford y la London School of Economics.

La historia con el padre de su hija es, según ella, “un amor de telenovela” que empezó hace 13 años durante la celebración del día del profesor en la Universidad de los Andes. Paloma, hija de Ignacio Valencia López y Dorotea Laserna, dictaba clases de Derecho; y Tomás, hijo del exministro Manuel Rodríguez Becerra y la oftalmóloga Carmen Barraquer Coll, de Matemáticas. Ella fue a esa reunión solo porque quería encontrarse con su director de tesis, Sergio de Zubiría. Pero a quien encontró fue a un desconocido que no paraba de mirarla, y al que finalmente tuvo que saludar de lejos con una sonrisa. Ese fue el gesto que lo animó para acercarse e invitarla a conversar de la vida, de los proyectos, de poesía... “hasta le eché un vino encima”, recuerda Paloma.

Cuando llegó a su casa le comentó a una de sus hermanas que había conocido al hombre de su vida. “¿Quién es?”, le respondió Cayetana. Lo único que sabía era que se llamaba Tomás y que trabajaba en Planeación Nacional. De ahí en adelante sus amigos se encargaron de juntarlos. Tomás también les decía que ella era la mujer de sus sueños, que quería reencontrarla. Pasaron siete meses y el cumpleaños de una amiga mutua fue la excusa. Los invitados al restaurante Claroscuro en la zona G de Bogotá estaban más pendientes del inicio del idilio, que de la homenajeada. Fueron tres años de un noviazgo que se ‘patió’ toda la universidad, hasta que Tomás se fue a hacer su doctorado en Stanford. “Lo visité un par de veces, pero me aburrí de estar lejos y lo eché. Después me arrepentí y lloré una tusa que me duró como cuatro años”. De nuevo, su hermana consejera le apostaba a que iban a volver. Siguieron de amigos y se veían en las vacaciones cuando él venía a Colombia, porque se quedó un tiempo en Estados Unidos, y después se fue a trabajar como profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Mientras tanto, los dos tuvieron otras relaciones, pero evidentemente ninguna les funcionó. Hace dos años y medio Paloma le escribió un correo electrónico en el que le decía que él era como el zorrito de El Principito, al que había que domesticar. Tomás le envió un extensa respuesta donde en resumidas cuentas aceptaba que le había faltado domesticación. “A él hay que saber leerlo. Es demasiado reservado y tímido”, comenta Paloma. Sin embargo, en diciembre de 2014 llegó a Bogotá, y le propuso que pasaran el año nuevo juntos. Paloma aceptó. Temerosa de volver a quedar entusada, pero aceptó.

Desde entonces son novios. Siguen separados por la distancia mientras él deja cerrado su ciclo en España y regresa a empezar una nueva vida con su ‘prometida’, como la llama por estos días. “Nuestra relación es de mucha empatía y una conexión espiritual grande. Es un hombre muy culto que se apasiona con todos los temas que le propongo para discutir”, dice Paloma. Tomás no es uribista, es más de la onda de Antanas Mockus, y aunque no comparte muchas de las opiniones políticas de Paloma, le afecta que la ataquen en Twitter. Se aterra de los comentarios que hacen de ella, porque se alejan mucho de la mujer que él ama. Le dice: “No entiendo por qué la gente hace la peor versión de ti. No puedes decir nada porque todo es usado en tu contra”. Creen que esta red social se ha convertido en un nuevo mecanismo para linchar. Pero él, que fue un nerd experto en bullying en el colegio, le aconseja bajar la guardia y no atacar al atacante.

Para ellos la mejor noticia de los últimos tres meses ha sido su embarazo. Después de buscarlo durante un año con tratamientos de fertilidad, Paloma descubrió su nuevo estado a través de una prueba casera. “Me dio mucha emoción pero también mucho miedo. Tomás estaba en España y le mandé una foto: ‘Tienes un señor en la barriga’, me dijo”. Desde ese momento el bebé se llamó el ‘Señor’, hasta que supieron que es una niña, entonces por la forma de la ecografía le dicen la ‘Tortuga’. Por fortuna esta es solo una forma cariñosa y divertida de llamarla mientras nace en enero de 2017. Ya tienen varios nombres: Amapola, es el favorito de Paloma; Candelaria o Eva, son las propuestas de Tomás. “Me encanta la canción de Amapola y es una flor con muchas complejidades. Eva es la madre, la creada por Dios; y Candelaria es por la Virgen. Además, mi sobrina se llama Macarena, y me parece lindo”.

Paloma se define como una mujer espiritual. Su boda, originalmente planeada para el 27 de agosto, será una semana antes, por el rito católico y oficiada por el padre jesuita Vicente Durán. La repentina muerte de su tío, Juan Mario Laserna Jaramillo, quien cumplía 49 años el 26 de agosto, le hizo cambiar los planes. “Tenía listas las tarjetas para entregarlas, pero lo cancelé porque no me parecía apropiado”. La lista de invitados que sobrepasaba los 300 quedó reducida a la familia y unos cuantos amigos muy cercanos, entre los que está su jefe, Álvaro Uribe Vélez. El expresidente ahora le dice a Paloma: “La mamá de Amapola”, y quienes los acompañan en el Congreso de la República cuentan que él la mira con cara de futuro abuelo.

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