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Los osos de Chingaza

Los osos de Chingaza

Revista Jet-set

La posibilidad de encontrarse cara a cara con un oso de anteojos es de una en un millón. Esta vez la suerte fue para el biólogo Luis Guillermo Linares y los guardaparques voluntarios Andrés Díaz y Cristian Zuluaga, quienes se cruzaron de frente con una osa y su osezno, en el páramo de Chingaza.
El biólogo Luis Guillermo logró esta foto de la osa y su osezno, de tres meses; prueba de que esta especie en vía de extinción está prosperando en el Parque Natural Chingaza. Foto: Archivo particular.
Por: Edición 27220/11/2013 00:00:00
El encuentro tuvo lugar en el páramo de Chingaza, ubicado a tres horas de Bogotá entre los departamentos de Cundinamarca y Meta, el pasado 11 de julio. Ese día soleado, a las 4:00 p.m., Luis Guillermo Linares, coordinador de manejo de fauna silvestre del Parque Chingaza, estaba en su oficina y llegó Cristian Zuluaga, guardaparques voluntario, a contarle algo que parecía increíble: acababa de ver un oso de anteojos. Luis, quien desde hacía meses le seguía la pista a estos mamíferos en peligro de extinción, decidió ir con Cristian y Andrés Díaz, otro guardaparques voluntario, a explorar el lugar. Cerca de la quebrada Babilonia encontraron huellas y piñuelas recién consumidas por el oso. Las evidencias indicaban que podría estar muy cerca. Empezaron a seguir los rastros, se desviaron del sendero como unos cien metros y, sorpresivamente, se encontraron con una osa y su osezno, de tres meses de nacido.

Luis, biólogo de la Javeriana, lo describe como un momento de éxtasis. “Las posibilidades de ver un oso tan de cerca son muy escasas. Estos animales tienen un olfato impresionante y cuando huelen la presencia de los humanos huyen rápidamente. Hay gente que lleva muchos años estudiándolos y nunca se han encontrado cara a cara con uno”. Por fortuna para Luis y sus compañeros ese día el viento estaba a su favor y por eso los animales no pudieron oler su cercanía. “La osa y el osezno nos vieron y se subieron a un árbol alto, estrategia que utilizan para evadir el peligro. El bebé estaba en la copa y la osa un poco más abajo. Ella hacía movimientos típicos observando nuestra posición pero sin perder de vista a su cachorro”, cuenta Luis, quien tiene en la pantalla de su celular una foto del histórico encuentro.

Allí, parado muy quieto, Cristian no podía creer lo que veía, pues apenas era su tercer día como guardaparques voluntario. “En ese momento no sabía cómo yo, un estudiante de ciencias sociales de la Universidad de Antioquia, citadino y ávido de salidas de campo, debía reaccionar a la presencia de tan imponente animal”. Pero Luis lo tranquilizaba explicándole el comportamiento de estos mamíferos. “Cuando la osa empezó a descender del árbol nos asustamos, pues éramos conscientes que haría cualquier cosa para proteger al cachorro. Nos alejamos un poco para no intimidarla. Ella le gruñó algo al osezno, como diciéndole que la esperara allí, y saltó a un árbol cercano. Al principio pensamos que iba a buscar a su otra cría, pero lo que estaba haciendo era estudiar la salida. Después de unos minutos regresó, volvió a gruñirle algo a su cría y se fueron”, recuerda Luis.

El otro testigo del histórico encuentro fue Andrés Díaz, fotógrafo y chef, quien tuvo la suerte de estar ahí porque es un dedicado montañista. “Estoy muy agradecido con este regalo que me dio la naturaleza. Alguna vez un chamán me dijo: ‘el día que entres a los dominios de la madre tierra y de sus seres, si tu alma está en paz y tú estás en paz con la madre tierra, ella lo estará contigo y los seres que habitan en ella serán tus hermanos y te cuidarán’”.

Para los tres ambientalistas este avistamiento evidencia la efectividad de las medidas que han tomado los funcionarios de Parques Naturales por preservar la única especie de oso que hay en Suramérica. En 2010, en convenio con Wildlife Conservation Society (WCS), instalaron 70 cámaras-trampa, en un área de 30 mil hectáreas de las 76.600 que tiene el parque, con las que comprobaron que allí viven 14 osos de anteojos, aunque podría haber muchos más. “Los identificamos porque las manchas que tienen en la cara y en el pecho son diferentes, son como su huella dactilar”, afirma Luis. Su cuerpo puede llegar a medir 1,80 metros y el peso de los machos adultos ronda los 140 kilogramos. Además, el 95% de su dieta lo constituyen plantas. Los guardaparques de Chingaza han descubierto que los osos que viven en esta reserva prefieren los aguacatillos, el zapote de monte y los uvones; les encanta llenarse el hocico de miel o robarse los huevos de las aves descuidadas. Esta preferencia por los frutos hace que el oso termine transportando semillas en distancias de hasta 50 kilómetros, generando el crecimiento de especies en todo el territorio.

Se cree que estos animales son originarios de Norteamérica y llegaron al sur del continente por el istmo de Panamá. En Colombia han sido vistos en los páramos de Sumapaz, Cocuy, Guavio; y el Parque Natural Páramo de las Hermosas, en el Valle del Cauca; y el Meridiano en el Tolima, donde hace tres meses cazadores furtivos le dispararon a un osezno y a su madre. En Parques Naturales intentan sensibilizar a la comunidad para que este tipo de hechos no vuelvan a ocurrir.

Luis Guillermo es consciente de que la posibilidad de volverse a cruzar con un oso en su camino es casi imposible. “No pienso buscarlo porque la vida me ha enseñado que, como sucede en las relaciones de pareja, cuando uno busca mucho algo por lo general no llega, o llega lo que no es. Por eso prefiero esperar a que él me encuentre a mí”, concluye.
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