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Olivia de Havilland ¡Cumple 100 años!

Olivia de Havilland ¡Cumple 100 años!

REVISTA JET-SET

La única sobreviviente de Lo que el viento se llevó, la película más famosa en la historia del cine, es la primera gran actriz de Hollywood que alcanza un siglo de vida. Increíble: la cinta se rodó hace casi ocho décadas.
Olivia Marie de Havilland nació en Tokio en julio de 1916. Proviene de una familia inglesa destacada en el mundo de la aviación. Actuó en cerca de 50 filmes, ganó dos premios Oscar y es la última representante del glamur de la era dorada de la meca del cine.
Por: 22/7/2016 00:00:00

En 1938, Olivia de Havilland recibió la llamada de su vida. Al otro lado de la línea, el gran director George Cukor le lanzaba una propuesta tentadora: “¿Te gustaría actuar en Lo que el viento se llevó?”. “¡Claro que sí”, respondió sin titubear y con razón, pues la obra sería la versión cinematográfica de la novela del mismo nombre, que le había valido el premio Pulitzer a su autora, Margaret Mitchell, y fue un best seller desde su publicación en 1936. Hoy varias encuestas señalan que aún es el libro favorito de los estadounidenses después de la Biblia.

Pero la ya renombrada estrella de 22 años, de una familia inglesa que hizo historia en la aviación, estaba amarrada a un contrato con Warner Bros. Studios, que se negaba a prestarle uno de sus talentos a su más fuerte rival, la Metro-Goldwyn

-Mayer, “especialmente si era para una película tan importante”, le relató la actriz al diario londinense The Times desde su casa en París, donde vive desde los años cincuenta, en una de las tantas entrevistas que ha concedido por su primera centuria de vida.

En últimas, obtuvo el permiso para participar en la película más célebre del mundo y el culmen del mejor momento del Hollywood clásico. Allí, los personajes más populares son Rhett Butler, interpretado por Clark Gable, y Scarlett O’Hara, encarnada por Vivien Leigh. Pero mientras que esta última se hizo famosa como la impetuosa y sobreactuada heredera de una plantación de algodón, Olivia mereció una de sus cinco nominaciones al Oscar por su personaje de la sosegada y bondadosa Melanie Hamilton, de cuyo esposo, Ashley Wilkes, el carácter de Leslie Howard, su prima Scarlett se enamora antes de su boda con Butler. Para muchos, Melanie es, antes que la protagonista, la verdadera personificación de la complejidad profunda y perdurable. Curiosamente, estos cuatro actores británicos tenían los roles estelares de una cinta que sucedía en el sur profundo de Estados Unidos.

De Havilland recuerda que los seis meses del rodaje fueron tragicómicos y semejante casting foráneo fue la primera fuente de resquemores. “Sin embargo, teníamos un par de instructores de acento, uno de los cuales era de Georgia y muy amigo de Margaret Mitchell, la escritora, quien, por cierto, permanecía en el set todo el día y nos detenía apenas cometíamos el más mínimo error”, le contó la estrella a Nigel Andrews, crítico de cine del Financial Times, de Londres, antes de agregar: “Hollywood no creía que la película sería buena y se armó un enorme escándalo porque costó 4 millones de dólares, una verdadera fortuna en ese entonces”.

Antes del inicio de la fotografía principal, en enero de 1939, Cukor, el director que con tanto entusiasmo la eligió, rememora Olivia, fue despedido del filme. Su reemplazo, Victor Fleming, dejó el rodaje por una crisis de nervios. Leslie Howard también sufrió una severa depresión, al tiempo que Gable, algo así como el George Clooney de la época, solo pensaba en la hora de marcharse a casa. “¡Van a ser las seis! ¡Van a ser la seis!”, les repetía obsesionado a los asistentes del estudio, relata. Pero el caso que más le sorprendió fue el de su buena amiga Vivien Leigh, quien “literalmente se encogió de la fatiga. Trabajó muy duro y extrañaba mucho a (su amante) Laurence Olivier. Yo terminé mis escenas un mes antes que ella y cuando regresé para la fiesta del elenco no la reconocí. ¡Estaba muy flaca! Su personalidad parecía menguada por el cansancio”.

Los tres días de fiestas que suscitó el estreno de Lo que el viento se llevó, en diciembre de 1939 en Atlanta, con la asistencia de 300.000 espectadores, presagiaron la buena suerte de la producción. Además de 13 postulaciones al premio Oscar, con las cuales marcó un récord solo superado en 1950, recogió el equivalente a 3.400 millones de dólares de hoy, que la hicieron la cinta más lucrativa de la historia por un cuarto de siglo.

Olivia, en cambio, tuvo un amargo regreso a Warner Bros. que se dedicó a darle papeles mediocres y hasta le prohibió acudir a la sensacional premier en Atlanta. “Ahí sí se me subieron los humos y me fui al estreno”, le explicó a Financial Times. Luego, le puso una demanda a la productora que ganó y marcó un precedente en el campo de los desventajosos contratos que debían firmar los actores de la meca del cine.

Hasta ese momento, sus dotes actorales estuvieron maniatadas por las condiciones que le prohibían meterse en la piel de personajes que “reflejaran las grandes agonías y alegrías de la vida”. Y fue ahí que vinieron sus mejores papeles, en especial en To Each His Own y The Heiress, por los que obtuvo dos premios Oscar.

Olivia, quizá la única estrella femenina viva que tuvo su primer hit en los ya lejanos años treinta, confiesa: “Me siento como la última sobreviviente de una época que ya nadie entiende”. Se refiere, en efecto, a esa era dorada de Hollywood, cuando las estrellas iban por el mundo enveladas en un halo de resplandor, se vestían de Dior y se regían por un rígido código moral que les prohibía ventilar su vida amorosa y sexual en público. Aún así, asegura el crítico del Financial Times, “su trabajo no ha pasado de moda, lo mismo que su imagen de dama con clase, encantadora en su siglo de existencia, como una gloriosa puesta del sol, fresca y sin el artificio de las divas de hoy”.

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