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Olga Piedrahita entra de lleno al clóset de las colombianas

Olga Piedrahita entra de lleno al clóset de las colombianas

REVISTA JET-SET

En manos de Olga Piedrahita, así se llama la colección que la diseñadora antioqueña creó para la marca Arkitect, del Éxito, que busca democratizar la moda. Las fotos fueron tomadas por el célebre Ruven Afanador, en el Páramo Grande de Guasca, Cundinamarca.
La diseñadora Olga Piedrahita creó esta colección de la mano de su hija, Danielle Lafaurie, quien es diseñadora industrial de los Andes y le ayudó con la producción y el diseño de algunos accesorios.
Por: Revista Jet-set.9/11/2016 00:00:00

En el Páramo Grande de Guasca, a temperaturas de menos 0 grados, el cotizado fotógrafo Ruven Afanador congeló las imágenes de la colección que diseñó Olga Piedrahita para la firma Arkitect. La sesión empezó a las 4:45 de la mañana cuando armaron el campamento. Estaba todavía oscuro y tuvieron que esperar para tomar la primera foto. “Siempre me ha inspirado la neblina”, dice Ruven. Nueve bailarinas posaron frente a su lente con coloridas chaquetas, vestidos estampados y faldas con vuelo que hoy están exhibidas en los estantes de 40 tiendas Éxito del país.

Hace unos meses el Éxito buscó a Danielle Lafaurie, la hija de Olga, para que le propusiera a su mamá hacer una colección cápsula, como la que han hecho antes con Silvia Tcherassi, Esteban Cortázar y las creadoras de Pink Filosofy, Johanna Ortiz y Adriana Arboleda. Este tipo de colecciones son una respuesta a la tendencia mundial de la masificación de la moda, hasta el punto de que artistas como Karl Lagerfeld y Vera Wang también han creado líneas populares, sin apartarse de su mercado principal que es la alta costura.

“Cuando Dani me habló del proyecto me pareció muy interesante porque era meterme en un universo que no conozco, yo estaba acostumbrada a diseñar sobre medida y no para mucha gente”, cuenta Olga, quien lo vio como un reto profesional y un escape a su zona de confort. “A mí me encanta reinventarme, soy curiosa por naturaleza, me gusta aprender”, dice, sentada en una silla de su “laboratorio de moda” como ella llama al taller que tiene en la Zona T de Bogotá, donde se da el lujo de experimentar a su antojo con la influencia del arte, el teatro, la ópera y el ballet que practicó en su adolescencia y que sigue presente en cada uno de sus movimientos.

Los primeros diseños que hizo para Arkitect resultaron muy elaborados para lo que pedía la marca que eran prendas que pudieran vender a muy bajo costo y pasaran la prueba de la lavadora. De la mano de Danielle empezó a simplificarlos y a entender los gustos de sus posibles compradoras, hicieron varias entrevistas para saber qué querían las colombianas tener en su clóset.

Llegaron a la conclusión de que eran prendas básicas con las que pudieran sentirse cómodas pero al mismo tiempo verse sofisticadas. Con eso claro empezaron a crear, Danielle hizo con Camila Gallego las estampaciones inspirada en grabados antiguos de distintas flores y pájaros, que según los críticos de moda son el gran acierto de esta colección que incluye 103 referencias entre zapatos, pañoletas y ropa. Son prendas en telas fluidas y con mucho movimiento en materiales como lino, tencel, algodón y tejido de punto.

Danielle trabaja con su mamá desde hace ocho años. Tienen sus oficinas separadas por un pasillo y dice que se complementan muy bien: “Yo me encargo de gestionar los proyectos y ella de diseñar y de la dirección creativa. La moda no es lo que más me gusta. Junto a mi madre me parece más chévere hacer otras cosas diferentes a las de ella. Por eso estudié Diseño Industrial en la Universidad de los Andes”. Reconoce que tiene un genio más volado que el de Olga y se desespera cuando ella le dice que se calme y respire profundo. “A veces se le va la mano y me toca decirle un minutico, acuérdate que yo soy tu mamá”, cuenta Olga, mientras mira a su hija con ternura. “Tiene toda la razón”, repunta Danielle.

Las dos viven aventuras creativas que saben dónde empiezan pero no dónde terminan. Es común oírlas hablar al tiempo o que una complemente la frase de la otra, se preguntan todo y tratan de llegar a acuerdos. “Lo único que no le consulto es sobre diseño de joyas, ahí no me importa su opinión, ese mundo es solo mío”, cuenta la joven, que estudió joyería en la India y trabajó en el Gem Palace de la ciudad real de Jaipur.

Ahora despliega toda su creatividad en accesorios tejidos en palma por un desplazado de la violencia y ella después, como si fuera el rey Midas, los convierte en oro. Además es dueña de una empresa con la que hace proyectos creativos y es headhunter de diseñadores jóvenes a quienes involucra en el universo de Olga Piedrahita. “Me gustan las personas con talento, con algo que impresionen, ahora hay tanto por ahí que uno siente que lo ha visto todo, por eso me gustan las sorpresas”, dice Danielle, quien por su look parece un personaje de la película Alicia en el país de las maravillas. Ella estuvo a cargo de la producción de las fotos que hizo Ruven Afanador para En manos de Olga Piedrahita.

Madre e hija aún no saben el próximo proyecto que harán, por ahora están felices con la buena acogida que ha tenido esta colección que, con solo tres semanas en el mercado, ya empieza a agotarse y es todo un éxito.

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