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Nicky Hilton y James Rothschild, una pareja dispareja

Nicky Hilton y James Rothschild, una pareja dispareja

REVISTA JET-SET

Conmoción en el jet set por este suntuoso matrimonio que juntó la “lobería” de las hermanas Hilton con la eterna elegancia de la archifamosa familia inglesa de aristócratas y banqueros Rothschild.
James y Nicky tienen 31 años. Él proviene de dos de las familias más ricas del planeta, los Rothschild y los Guinness por parte de su madre, Anita Patience. Ella es bisnieta de Conrad Hilton, fundador de la primera cadena hotelera del mundo.
Por: 24/7/2015 00:00:00
El casamiento fue tan extravagante, que muchos lo consideran como el más lujoso desde la boda del príncipe William de Inglaterra y Kate Middleton, duques de Cambridge, en 2011. Su escenario, precisamente, fue el Palacio de Kensington, donde los futuros reyes tienen su residencia oficial en Londres, al igual que otros miembros de la familia real británica. En el pasado, Kensington fue el hogar de Diana, princesa de Gales, madre de William, y de la princesa Margarita, hermana de la reina Isabel II. Los festejos, que duraron tres días, también se llevaron a cabo en otros lugares de alcurnia, como el hotel Claridge, conocido como “el anexo de Buckingham”, por sus viejos vínculos con la monarquía, y la aristocrática Spencer House, de la familia de Diana de Gales y uno de los últimos palacios privados de la capital inglesa. 
A pesar de tan encumbrados entornos, del ensoñador vestido de Valentino que engalanó a Nicky, y la selecta concurrencia, entre la que se encontraban los príncipes Pavlos y Marie Chantal, herederos del trono de Grecia; Amanda Hearst; Chelsea Clinton; Zac Goldsmith, y Thomas van Straubenzee, compadre de los duques de Cambridge, el matrimonio ha dejado un cierto sabor de desencanto en el jet set.
Aunque se diga que el casamiento junta a dos de las familias más ricas y famosas del mundo, en los salones de élite se discute qué tan compatibles pueden ser, si tienen raigambres tan distintas. Hilton fue un nombre famoso desde que Conrad Hilton, el hijo de un tendero inmigrante de Noruega y bisabuelo de Paris y Nicky, fundó en 1919, en Texas, la primera cadena hotelera del mundo, que aún lleva su nombre. Con los años, la familia perdió el control de la firma, aunque sigue siendo muy rica a costa de otros negocios. Pero si en los años 50 y 60 los Hilton llegaron a ser los grandes anfitriones de la alta sociedad y hasta contaron entre sus miembros a Elizabeth Taylor, por su matrimonio con Conrad Hilton Jr., esa respetabilidad hoy se ha transformado en vergüenza. Ello, por el arribismo y exhibicionismo de la nueva generación, comparable solo con la vulgaridad de las Kardashian. La gran responsable del desprestigio es justamente Paris Hilton, quien fue la comidilla internacional hace unos años, por un video de ella teniendo sexo con su amante y sus frecuentes líos con la ley, por conducir borracha y drogada. Nicky no tiene tan mala reputación como su hermana, pero se mueve en la moda y la farándula de Hollywood, nada más ajeno a eso que los Rothschild. 
Descendiente del banquero judío Mayer Amschel Rothschild, cuya familia manejó las finanzas de las casas reales europeas desde mediados del siglo XVIII, la rama inglesa del linaje, de la cual proviene James Rothschild, no solo se hizo a títulos de nobleza, sino que tuvo un papel decisivo en los grandes momentos de la historia de las islas, pues financiaron las guerras contra Napoleón Bonaparte y obras babilónicas como el canal de Suez. En el siglo XIX, fue la estirpe más poderosa del globo y se cree que amasó la mayor fortuna de que se tenga noticia. Ahora, esa riqueza se halla desperdigada entre su numerosa prole, pero se cree que si hoy se volviera a juntar, sumaría unos 700 trillones de dólares. 
Los jóvenes herederos, que se enamoraron en 2011, tuvieron una boda de cuento propia de su renombre y en ella imperó el estilo de la familia del novio, mucho más rica que los Hilton, comenzando por la ciudad del enlace, ese Londres donde los suyos han brillado por años y lo siguen haciendo.
El preludio del espectáculo fue un coctel en Spencer House, en la víspera de la boda. El gran día, una multitud de reporteros y curiosos se agolpó a las puertas del hotel Claridge, donde se hospedaron los Hilton. De allí, la novia salió del brazo de su padre, el empresario Richard Hilton, con un deslumbrante traje de Valentino que fue noticia mundial, dado su costo: 77 mil dólares, ¡cerca de 210 millones de pesos! Parecía una princesa y, de hecho, el modelo recordaba a los que lucieron Grace de Mónaco y la duquesa de Cambridge en sus matrimonios, en especial por el corpiño de encaje y el largo velo estilo catedral, que estuvo en peligro de arruinarse al enredarse en la rueda del auto que llevó a Nicky a la ceremonia. La dama de honor principal de la novia fue Paris, quien lució un modelo azul violeta con cinturón plateado. También la acompañaron su madre, Kathy, y sus hermanos Barron y Conrad.
El cortejo nupcial se dirigió al famoso restaurante The Orangery, situado en un pabellón del complejo de Kensington, donde la reina Anne dio lujosas fiestas en el siglo XVIII. Allí, la esperaba James, vestido de esmoquin por el sastre Huntsman, de Savile Row, el emporio de la moda masculina en Londres, para pronunciar sus votos nupciales por lo civil, ante 200 invitados. 
La fiesta, en el Lawn Marquee (césped cubierto por una marquesina) y los bellos jardines que rodean el palacio, mezcló detalles de las culturas de los contrayentes. Por el lado británico, los convidados degustaron cocteles como el English Garden, de ginebra, flor de sauco, limón, menta y jugo de manzana. Los canapés eran de salchichitas de Cumberland con mostazas, papas horneadas con caviar y foie gras. Los platos fuertes incluyeron langosta Louis con tomate y rábano picante, cangrejo, filetes de res con petit pois, papas al romero y vegetales. Por el lado estadounidense, hubo minipapas fritas con queso americano y pepinillos, macarrones y minipizzas. De postres, la concurrencia podía servirse en una barra que ofrecía 13 opciones, como compota de mango, cheesecake, bizcochos de frutas y puré de leche de almendras con el típico soufflé inglés de ruibarbo. La fiesta, amenizada por el gran cantante Lionel Richie, cuya hija Nicole es amiga de juergas de Paris, se prolongó hasta las 2:00 de la mañana.
Todo concluyó al día siguiente con un almuerzo, también en The Orangery, tras el cual solo quedaba la incógnita sobre cuál será el factor dominante en este matrimonio: el modo rocambolesco de las Hilton o esa quintaescencia del estilo que encarnan los Rothschild.

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