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Mónaco bautizó  a sus príncipes

Mónaco bautizó a sus príncipes

REVISTA JET-SET

El principado y la familia Grimaldi vibraron de emoción con motivo del primer sacramento del heredero del trono, Jacques, y su gemela Gabriella.
Alberto y Charlene, vestida de Dior, a la salida de la catedral de Notre-Dame-Immaculée con sus hijos ya bautizados. En un acto simbólico, él le cedió a su esposa el honor de llevar a Jacques, el heredero del trono, mientras que él se encargó de Gabriella.
Por: 21/5/2015 00:00:00
“¡Jacques y Gabriella, la iglesia de Dios los acoge con gran alegría!”, proclamó el arzobispo de Mónaco, monseñor Bernard Barsi, en la puerta de San Nicolás de la catedral de Notre-Dame-Immaculée. Fue su bienvenida, en una soleada mañana de primavera, a los principitos, que llegaban en brazos de sus padres, Alberto II, el príncipe soberano, y su esposa, la princesa Charlene, a su bautizo.

Se trataba de una ceremonia muy especial, en un país donde el catolicismo es la religión del Estado y que hacía 57 años no contemplaba el primer sacramento de un heredero de la Corona, desde aquel abril de 1958 en que Alberto era llevado a la iglesia por sus padres, Rainiero III y la inolvidable princesa Grace, para el mismo rito. Ahora era él quien se presentaba, no solo con su futuro sucesor, el príncipe Jacques, sino con su gemela Gabriella, nacidos el pasado 10 de diciembre.

Fue el primer acto de los bebés fuera de palacio y la segunda vez que los monegascos los contemplaban, desde su presentación oficial, el 7 de enero, en el balcón del castillo de los Grimaldi.

Mónaco, que se ha vuelto a alegrar con la nueva pléyade de niños de su familia principesca, engalanó sus calles con banderas, globos, escudos y flores blancas como peonías, calas, rosas, retamas y lirios, para esta fiesta a la que asistieron cerca de tres mil de sus 37 mil habitantes. Anagramas con las iniciales de los herederos se veían por todas partes, lo mismo que pantallas gigantes en las que los súbditos contemplaron el arribo de los 600 invitados a la misa, incluidas las tías de los gemelos, las princesas Carolina y Estefanía, así como los hijos de estas, quienes ahora deberán compartir titulares con sus primitos. Entre las ausencias notables se contaron las de Carlota Casiraghi, hija de Carolina, de viaje en Asia, y la de su cuñada, la heredera colombiana Tatiana Santo Domingo, esposa de Andrea Casiraghi, a lo mejor debido a que acaba de dar a luz a su bebé India.

Los gemelos, quienes fueron saludados con 42 cañonazos, 21 por cada uno, no solo estuvieron muy tranquilos y curiosos todo el tiempo, sino además muy elegantes, con faldones de cristianar hechos para ellos por Baby Dior, división de la emblemática casa de alta costura de París, la cual también vistió a su madre. Ella, que ha sido objeto de toda suerte de rumores y malquerencias, fue la otra gran estrella de la jornada después de sus hijos, pues nunca se le había visto tan sonriente. Eso sí, no pudo evitar algunas lágrimas de emoción, en especial durante el ceremonial del bautizo, para el cual ella y su marido escogieron la pila de la iglesia de Santa Devota, patrona de Mónaco.

Ante la reliquia de plata y madera se encontraban también los padrinos de los niños, cuya elección fue una verdadera sorpresa, ya que no figuraron miembros de la realeza, como se acostumbra. De hecho, la madrina de Alberto fue la reina Victoria Eugenia de España. Según Paris Match, Charlene quería por compadres a personas “conectadas con la vida real” y Alberto le dio gusto. Para Jacques los escogidos son Christopher Le Vine Jr., primo de Alberto por el lado de su madre Grace Kelly, y Diane de Polignac Nigra, nieta de Thérèse de Polignac, la prima favorita del príncipe Rainiero. El padrino de Gabriella, por su parte, es Gareth Wittstock, el hermano de Charlene, y Nerine Pienaar, la esposa de Francois Pienaar, capitán del equipo de rugby que le dio la célebre victoria a Sudáfrica en el campeonato de 1995, hecho que inspiró la célebre película Invictus. Sin duda, la huella de la patria de la princesa y de Nelson Mandela estuvo presente en esta preferencia.

Al final de la misa, acompañada con música de Richard Terry, Fauré y Charteris, el arzobispo leyó la bendición del papa Francisco para los principitos, y un repique de campanas, más cañonazos, danzas folclóricas, música, el desfile de los emisarios de Provenza y Auvernia, y el alborozo del pueblo, que pudo felicitar personalmente a Alberto y Charlene, dieron la señal inequívoca de que los herederos ya eran legítimamente católicos.
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