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Miky Calero: “Soy el abuelo de la fotografía”

Miky Calero: “Soy el abuelo de la fotografía”

Revista Jet-Set

El caleño que en los años noventa fue uno de los fotógrafos de moda más cotizados y el consentido de divas como Amparo Grisales y Sofía Vergara, ahora toma fotos corporativas. Miky dice que se cansó de las apariencias y de endulzarles el oído a los medios para que le sacaran sus fotos en portada. Ahora busca patrocinio para hacer una exposición en Bogotá.
Miky tiene 56 años y lleva 30 tomando fotos a divas, políticos, modelos, reinas y exreinas. La técnica la aprendió en el Art Institute de Fort Lauderdale, en Florida, Estados Unidos, a finales de los años 70 . Foto: ©Miky Calero.
Por: 18/9/2012 00:00:00
Amparo Grisales posó para él desnuda; Sofía Vergara muy recatada por las calles de Miami; Lina Botero en el baño de su casa; Gustavo Álvarez Gardeazábal en la cárcel de Tuluá… La lista es larga. En la década de los 80 y los 90, el caleño Miky Calero era uno de los fotógrafos más cotizados del país y sus retratos aparecían en las portadas de las principales publicaciones.

Durante diez años fue uno de los fotógrafos estrella del Minicromos y fundó, con un combo de sollados, Diva, “la revista de la gente egoísta”. Allí conoció a su madrina artística, Pilar Castaño, quien lo invitó a hacer fotos en Bogotá. En el curubito de la fama empezó a sentir hastío por su trabajo. “La moda es un mundo de apariencias, superficialidades, lambonerías e hipocresías, de puñaladas traperas”.

A finales de los años 90, dice, se cansó de tener que endulzarles el oído a diseñadores, modelos y a directores de los medios, vendió el estudio de fotografía que tenía en Bogotá y se regresó a Cali. “Me aburrí de la capital, yo siempre he sido muy provinciano, extrañaba mi grupo de rock and rol –Expreso del Oeste–, mi familia, andar en mi carro sin trancones y fumarme mi bareta en Cali… No soy vicioso, pero ocasionalmente me pego mis plones.

De joven fui muy rumbero y experimenté con todo, pero actualmente llevo una vida tranquila. Me levanto a las 5 de la mañana a trotar y me acuesto a las 9 de la noche con las gallinas”.

La decepción de Miky con la fotografía tiene mucho que ver con la llegada de la era digital. Esto hizo que su negocio se viniera abajo. “Antes era mucho más profesional, disparábamos el rollo y no veíamos el resultado hasta que el trabajo pasara por un laboratorio, teníamos que estar pendientes de que hasta el último pelo de la modelo quedara bien acomodado o si no la foto no servía. Ahora los fotógrafos pueden ver la foto, corregir y después arreglar los detalles en Photoshop, es mucho más fácil”.

Esto ha hecho que se pierda un poco el misticismo y que crezca la competencia. “Ya es una pelea de perros para quedarse con un contrato”. Se queja de que la fotografía hoy es mal remunerada. “Por un día de fotos me gano lo mismo que me ganaba en 1995”. Sin embargo, el dinero definitivamente no es un tema que le quite el sueño: “Soy feliz y hago lo que quiero. Llevo una vida austera. A mí no me seducen un hotel cinco estrellas ni un carro último modelo; el que tengo es del año 86.

Lo que me seduce es nadar en el río Sabaleta, conocer las Cataratas de Iguazú, internarme en el Amazonas, ir a una ceremonia indígena en México o trabajar con los raizales en San Andrés”. Es un abanderado de las causas ambientales, presenta la sección “Verde que te quiero verde” en el programa radial Oye Cali, de La X de Todelar, y es columnista del diario El País, donde denuncia el maltrato a la naturaleza. Ahora anda encarretadísimo organizando su archivo fotográfico porque quiere montar una exposición en Bogotá. “Estoy buscando quién me la patrocine, espero que alguien se le mida a apoyar a este abuelo fotógrafo”.
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