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Maximiliano de Liechtenstein huésped ilustre de Colombia

Maximiliano de Liechtenstein huésped ilustre de Colombia

Revista Jet-Set

El segundo hijo de Hans Adam II, príncipe soberano de Liechtenstein, vino por primera vez a Bogotá a la inauguración del Knightsbridge School International. El heredero de una de las dinastías más antiguas de Europa dialogó con Jet-set.
Su Alteza Serenísima Maximiliano Nicolás María de Liechtenstein nació en St. Gallen (Suiza) en 1969. Estudió administración de negocios en Munich y en Harvard, trabajó en J. P. Morgan y es el presidente de Liechtenstein Global Trust. Foto: Imagen Reina/12.
Por: 22/8/2012 00:00:00
Su eterna sonrisa y su calma inconmovible ocultan en realidad casi un milenio de tradición que nació cuando sus antepasados fundaron la heredad de Liechtenstein, en la Baja Austria, y vencieron los embates de la historia para perpetuar un principado de apenas 160 kilómetros cuadrados, pero próspero como pocos, pues ostenta el Producto Interno Bruto per cápita más alto del mundo. Maximiliano, llamado así en honor a uno de los héroes antiguos de su estirpe, puede decir, como casi nadie en el planeta, que su apellido le dio nombre a su país y que, como en los cuentos de hadas, su padre gobierna a sus felices súbditos desde un castillo de la Edad Media, enclavado en los idílicos Alpes.

Pese a todos esos timbres y de provenir además de casas reales como Hohenzollern, Habsburgo o Braganza, Maximiliano, de 43 años, es un auténtico hombre del siglo XXI, convencido de las bondades de la globalización.

Educado en la European Business School de Munich y en Harvard, este activo hombre de negocios admira la variedad de las naciones y en ese camino encontró el amor, pues está casado con Ángela Gisela Brown, una panameña por quien Latinoamérica también está presente en las cortes europeas.

Tales intereses fueron justo los que lo trajeron a Colombia por primera vez, como directivo de Knightsbridge Schools International, cadena de colegios que acaba de sumar su sede de Bogotá a las de Gran Bretaña, Turquía y Montenegro, en lo que fuera el tradicional Colegio La Candelaria. En las pocas horas que pasó por aquí, le fascinaron la alegría de los colombianos y el paisaje de la sabana de Bogotá, donde está ubicado el plantel, cuyo fin es la educación de cara al mundo, con énfasis en los idiomas y el intercambio cultural. Un estilo del que Maximiliano es un buen ejemplo, pues nació en Suiza, se crió en Vaduz (capital de Liechtenstein), estudió en Estados Unidos, trabajó en Alemania e Inglaterra y vivió en Argentina, donde aprendió el castellano en el cual habló para Jet-set.

¿Cómo les presentaría su país a los colombianos?


–Es pequeño y encantador, como Colombia me parece encantadora. También les diría que es inteligente y bonito.

¿Cómo es que un país tan pequeño ha mantenido su independencia por tantos siglos?

–En la historia de un país también es importante tener suerte y buenos vecinos, y uno de los nuestros es Suiza, una nación igualmente pequeña y pacifista. El otro es Austria. Tuvimos suerte con ellos, pero también tomamos buenas decisiones en la forma como nos organizamos.

¿Cuánto hace que su familia está en el trono?
–La familia Liechtenstein formó el país cuando compró una primera parte, Schellenberg, en 1699, y la segunda, Vaduz, en 1712. Desde entonces hay una relación fuerte entre la familia y el devenir político de la nación.

¿Es muy popular la monarquía?
–Sí. La familia le dio la identidad y el nombre, y como el desarrollo ha sido muy positivo, la gente está contenta.

En efecto, Su Alteza Serenísima Hans Adam II, padre de Maximiliano, gobierna con amplios poderes en esta monarquía constitucional, muy industrializada, que vive en especial de la banca y las manufacturas. Además, tiene la tasa de desempleo más baja del globo, 1,5 por ciento.

¿Qué había oído de Colombia? –Sabía algo, pero me parece mejor aprender visitando los países y formar mis impresiones hablando con la gente. Los medios europeos en los últimos veinte años solo publicaron algunos aspectos de Colombia y yo intuía que había más. Paso mucho tiempo en Panamá porque mi esposa es de allá y vamos con frecuencia a ver a sus padres. Ahora espero venir más acá para conocer la cultura y las regiones del país.

¿Qué lo enamoró de una panameña? –Mi esposa es una mujer muy simpática, con buenos valores y también muy guapa (risas).

¿Cómo se conocieron? –Ella estudiaba en una escuela internacional en Nueva York, como yo, e hizo amigos de Alemania y Austria que también eran amigos míos y así nos conocimos.

¿En su país las bodas de la casa principesca son tan publicitadas como las de Inglaterra? –No. Liechtenstein es un país de veinte mil habitantes, entonces hay menos personas que se interesen por lo que pasa allí.

Los enlaces reales en su patria, de todos modos, también revisten todo el boato, con despliegue de tiaras, multitudes enardecidas e invitados reales. A Maximiliano y Ángela, empero, les resultó más cómodo sellar su amor lejos de allí.

¿Cómo fue su boda? –Nos casamos en Nueva York. Era el lugar perfecto porque ya vivíamos juntos allí, teníamos muchos amigos y la ciudad es más o menos el punto intermedio entre ?Liechtenstein y Panamá.

¿Su familia no le puso problema por casarse con una plebeya? –No, mi familia lo disfrutó mucho, lo pasamos muy bien, tuvimos una gran fiesta.

¿La princesa ya le enseñó lo típico de este lado del mundo, como los bailes, por ejemplo? –Aún no bailo muy bien el merengue y todos esos ritmos panameños, pero mi esposa espera que mejore (risas).
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