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Máxima de Holanda se toma el trono

Máxima de Holanda se toma el trono

Revista Jet-set

Con una ceremonia cargada de pompa y majestuosidad, la argentina comenzará el próximo 30 de abril su nueva vida como la primera reina consorte de los Países Bajos en 123 años.
Un grupo de políticos hizo presión para que la esposa de Willem-Alexander no fuera nombrada reina consorte, sino solo princesa. Pero finalmente su título será reina Máxima, princesa de los Países Bajos, princesa de Orange-Nassau, con tratamiento de “su majestad”. Foto. AFP.
Por: 25/4/2013 00:00:00
Un torbellino de carrozas, fastos y derroche de diamantes le espera a Máxima Zorreguieta desde el instante en que su esposo se convierta en el rey Willem-Alexander de los Países Bajos, nación conocida también como Holanda, por la más relevante de sus regiones. En este viejo reino europeo, la Constitución ordena la investidura en vez de la coronación del monarca, pero ello no le quita un ápice de solemnidad al acto.

Ese 30 de abril, la vida de los esposos cambiará radicalmente, pues marcará el debut de una nueva era, cuyo preludio no se ha visto exento de tropiezos. Máxima será nombrada reina consorte, por encima de la voluntad de tres influyentes partidos que introdujeron una moción en el Parlamento para que solo siguiera siendo princesa. Los políticos arguyeron motivaciones antisexistas, ya que los maridos de las tres reinas por derecho que ha tenido el país en los últimos 123 años, Wilhelmina, Juliana y Beatriz, han sido llamados príncipes y no reyes consortes. La iniciativa no pasó finalmente y, superado el escollo, esta suramericana que es la primera plebeya en convertirse en reina en el siglo XXI está lista para su nuevo rango.

Willem-Alexander, que llega al trono por la abdicación de su madre Beatriz, será investido rey en una ceremonia que data de 1815 (ver recuadro), cuando su antepasado Willem I se convirtió en el primer soberano. Según lo estipula también la Carta Magna, de la realeza del resto del mundo no podrá asistir ningún monarca, nada más príncipes herederos. Tal como sucedió en su boda en el 2002, la ausencia más sensible de la ocasión para Máxima será la de sus padres, Carmen Cerruti Carricart y Jorge Zorreguieta, a quien no le perdonan en Holanda sus nexos directos con la dictadura argentina en los años 70.

La entronización será solo el comienzo de una movida agenda en la que los reyes recorrerán las doce provincias del reino, al igual que las seis islas antillanas que le pertenecen. Protagonizarán además una serie de visitas de Estado en las que brillarán una vez más las opulentas tiaras, los uniformes de gala y los brindis con champaña. Los destinos prioritarios: las vecinas Bélgica y Luxemburgo, Gran Bretaña y España.

Máxima deberá acompasar ese ajetreo con la cotidianidad, en la que contará con un equipo de 635 colaboradores, comandados por Marco Hennis, el grootmester, el equivalente al lord chambelán en Gran Bretaña, quien viene de servir a Beatriz. Se espera que los reyes hagan cambios en su personal, pero dejarán a su lado a gente con experiencia que los guíe en sus inicios en el cargo. Así, entre los más cercanos asistentes de la reina saliente, la argentina conservará a Martine Louise Amélie van Loon, su ama de vestuario, y a varias de sus seis damas de honor, en especial a Lieke Gaarlandt van Voorst, que fue puesta a su servicio cuando llegó a la familia real. La función de estas aristócratas y amigas de toda la vida de los Orange-Nassau es servir a la reina en diversos aspectos y ser las guardianas de sus secretos más nimios y trascendentales. La consorte, por supuesto, necesitará ahora más que nunca de Eveline van den Bent, la institutriz de sus tres hijas, Catharina-Amalia (nueva heredera del trono), Alexia y Ariane, ante los numerosos viajes que se acercan.

A propósito de sus niñas, muy a su pesar y por razones de seguridad, la familia real deberá cambiar su castillo de Wassenaar, donde se esforzaba por llevar un estilo de vida común y corriente, para trasladarse al Palacio de Huis Ten Bosch, la residencia real en La Haya, la sede del gobierno, una de cuyas alas se dedicará al fastuoso ropero de Máxima. Dado su intenso gusto por las alhajas, ella seguro rescatará del asombroso joyero neerlandés piezas que no se han visto en años; de hecho, lo que usará para la investidura es motivo de arduas cábalas (ver recuadro). Como sitio de trabajo, los reyes contarán en esa ciudad con el Palacio de Noordeinde, mientras que a su paso por Ámsterdam, la capital, habitarán en el histórico Palacio Real.

Con el debut en el trono de esta otra latina que se abrió espacio en la realeza, por fin se sabrá qué tan ciertas son las buenas referencias que ha cosechado hasta el momento: después de Beatriz, es el personaje más popular de la casa real, por su desparpajo, porque siempre ríe y porque aprendió el complicado idioma holandés encerrada seis meses en un apartamento en Bruselas, antes de casarse. La quieren también porque dejó a su familia por su nueva patria, ha puesto sus conocimientos de financista al servicio de causas sociales y se compenetró con la historia y la cultura de este país al que no es difícil amar si se recuerda que es la tierra de Erasmo, Van Gogh, Mata Hari y el inmortal Rembrandt.
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