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Mauricio Rodríguez del gobierno a la radio

Mauricio Rodríguez del gobierno a la radio

Revista Jet-set

Después de nueve intensos meses como consejero presidencial de su cuñado Juan Manuel Santos, Mauricio Rodríguez volvió a las aulas como profesor y a la radio con el programa Líderes RCN, en el que entrevista a personajes protagonistas del cambio en Colombia. Y le queda tiempo para jugar con Miranda, su hija de dos años.
Además de sus clases y el periodismo, Mauricio colecciona piezas de arte: fotografías, pinturas, esculturas y, por supuesto, libros. Foto: Camila Reina/14
Por: Edición 28721/7/2014 00:00:00
A Mauricio Rodríguez el tema de líderes lo apasiona desde el colegio. Su biblioteca, que por tamaño y viajes ha tenido que repartir entre cinco casas, está llena de textos de los personajes que lo han marcado y lo pusieron a leer, estudiar y escribir sobre el tema. Churchill aparece como un fantasma en cada uno de los anaqueles, y en su trabajo. Como si fuera poco, entre todos los volúmenes, hay una botellita, que es una muestra de la colonia que usaba el primer ministro inglés y que Rodríguez logró atesorar durante su tiempo como embajador de Colombia ante el Reino Unido.

Uno de los estantes está dedicado su egoteca personal: su hija Miranda sonriente con Sugey, su esposa; Federico y Santiago, los hijos de su primer matrimonio; y los demás: la Reina Isabel, Tony Blair, Shakira y Obama.

Hoy lo intriga el tema del poder desde el rol del líder, y es lo que trabaja en su espacio radial: identifica personajes colombianos que encabezan procesos, grupos, iniciativas, y conversa con ellos media hora cada noche, de lunes a viernes. Después de 30 años de docencia, en este programa encontró la forma de mezclar la academia y el periodismo. Lo único que pretende es que el oyente diga que aprendió algo, con eso se da por bien servido. Como un profesor.

Mauricio ha sido financista, diplomático, consejero presidencial; vivió en cinco países; compartió con líderes mundiales de primer nivel; además de ser el autor de media docena de libros y centenas de artículos. Pero, ahora que tiene 54 años, nada lo ha sorprendido tanto como el nacimiento de Miranda, su hija.

¿Cómo fue volver a ser papá a esta edad? –Es muy curioso porque mis hijos mayores tienen 29 y 27 años, ellos son los que deberían ser los papás y fui yo. Ha sido extraordinario, me ha dado felicidad y energía para estos nuevos proyectos. La gran inspiración es ella. Me gusta mucho, además, haber redescubierto el mundo con Miranda, volver a fijarme en las mariposas y las estrellas.

¿Qué ha aprendido de todo lo que ha leído y escrito sobre líderes? –Creo que los países que avanzan es porque ese liderazgo colectivo los mejora, no es simplemente porque un puñado de personas dirijan solos. Esa idea de que el líder es un superman o una mujer maravilla, y resuelve todo con una varita mágica, es mentira.

¿Hay temor reverencial al frente de los personajes poderosos? –Depende de las circunstancias. Algunos son distantes y protocolarios mientras que otros son muy carismáticos. Como Obama, su calidez me impresionó. Cuando lo saluda a uno no hay nada más importante para él en ese momento. Tiene una energía particular y hace sentir bien al otro.

¿Cómo le fue en su encuentro con la reina Isabel? –Curiosamente, a pesar de ser una persona muy reservada y seria, consigue que uno se relaje en su presencia. Resultó ser muy amable y dulce. Cuando fui a presentar credenciales como embajador ante ella, en un acto muy protocolario, las primeras palabras que cruzó conmigo fueron para preguntarme por mi familia, mi esposa y mis hijos. Quería saber si estaban contentos en Londres y qué hacían. Fue muy especial.

¿Cómo es el balance de su trabajo en la Presidencia? –Fueron nueve meses que parecieron nueve años. Tenía jornadas de 6:00 a.m. a 12:00 a.m., con una que otra tarde de domingo libre. Viví algo muy intenso porque llegué en un momento clave. El proceso de paz tenía muchos enemigos, tuve que participar de una batalla política dura, una campaña electoral feroz, con mucha guerra sucia. Agradezco haber tenido esa experiencia de liderazgo en acción.

¿Qué aprendió de su trabajo al lado del presidente Santos? –Muchas cosas, pero las sintetizo en dos cualidades de liderazgo que antes no ponderaba tanto. La primera es la serenidad del presidente. Santos tiene una calma envidiable, maneja con tranquilidad y aplomo los momentos de crisis, que han sido muchos. Alguien decía que a Santos le corre agüita aromática por las venas, me pareció una buena definición. Y la segunda es el coraje con el que él le apuesta todo su capital político a la paz, aunque sabe que tiene muchos enemigos y que tuvo que ponerle el pecho a una avalancha de calumnias y mentiras.

¿Le tienta volver al sector público? –Me gustó mucho, y fue muy formativo. Pero a mí me interesan las ideas, los proyectos y las tesis; la política con “P” mayúscula. Mis prioridades son la docencia y el periodismo, a eso me quiero dedicar.

Un consejo para los futuros líderes. –Leer mucho, viajar lo que se pueda y oír Líderes RCN de 8:30 a 9:00 de la noche.
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