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Mauricio Iragorri y su campaña en redes sociales "Liberen a Juanpa"

Mauricio Iragorri y su campaña en redes sociales "Liberen a Juanpa"

REVISTA JET-SET

El hermano del paracaidista colombiano condenado a cadena perpetua por tráfico de drogas en Qatar, emprendió una campaña en redes sociales y medios de comunicación para llamar la atención sobre el caso de Juan Pablo, quien desde hace cuatro años intenta infructuosamente demostrar su inocencia.
Lo más difícil para Mauricio fue darse cuenta de que su hermano ha sido torturado. Lo supo por el informe que Naciones Unidas le envió a las autoridades qataríes.
Por: 26/3/2015 00:00:00
La pesadilla del exparticipante del Desafío empezó en 2011 cuando su mamá le dijo que su hermano, el instructor de paracaidismo hoy de 40 años, había desaparecido. “Nos llegó el cuento de que estaba en una misión secreta con el ejército de Qatar, donde vivía desde 2010”. Días después, los amigos de Juan Pablo en ese país fueron a poner una denuncia por persona desaparecida y les informaron que estaba arrestado por narcotráfico. “Cuando me contaron me dio rabia con mi hermano y lo primero que pensé es que se merecía estar en la cárcel por idiota”. 

A Mauricio le parecía absurdo que un joven deportista, que ni siquiera se fumaba un cigarrillo, y que es el amoroso padre de Victoria, de 10 años, fuera acusado de narco. 

No solo era extraño para él, la noticia también tomó por sorpresa a familiares y amigos del deportista extremo que lo conocían como un joven casi bonachón y de buen linaje: mientras la madre de Juan Pablo, Magdalena Medina, es una mujer muy respetada en Neiva, la familia de su padre es de las más tradicionales de Popayán. Juan Pablo es hijo de Hugo Iragorri Zamorano, ya fallecido, un médico prestante que adquirió renombre en Bogotá porque a su cargo estuvo por varios años el consultorio del desaparecido Hotel Hilton. El abuelo de Juan Pablo, que se llamaba Alfonso Iragorri, casado con Irma Zamorano Simmonds, era hermano de una de las grandes personalidades de Popayán, Luis Carlos Iragorri, abogado prestante, senador y diplomático conservador, que es abuelo del periodista Juan Carlos Iragorri. Alfonso era además primo hermano de Benjamín Iragorri Díez, quien fue rector de la Universidad del Cauca, magistrado de la Corte Suprema de Justicia y es abuelo del ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, y de Tana Valencia, la hija de Maruja Iragorri. 

Con el tiempo, a Mauricio empezó a llamarlo gente que garantizaba que su hermano era inocente y que estaba siendo víctima de lo que en Colombia llamamos un “falso positivo”. A sus manos llegó en noviembre de 2014 un informe que Naciones Unidas le envió a las autoridades de Qatar en el que expresan su preocupación por las torturas y las irregularidades que se cometieron en el caso. 

Mauricio cuenta que todo empezó cuando a su hermano lo llamó un general del ejército de Qatar y le dijo que había oído rumores de que venía un cargamento de drogas del Perú. Le pidió entonces que, como él habla español, le sirviera de intérprete. Juan Pablo aceptó e hizo la llamada desde el celular del general. Cuando salía, a un funcionario de la policía antidrogas le llamó la atención que él fuera colombiano y le preguntó si le podía ayudar a conseguir dealers en Colombia, pero él se negó y empezaron a acosarlo. 

Para sobornarlo le dieron unos cheques que ni siquiera consignó y hoy forman parte de las pruebas de su defensa. Cuenta Mauricio que como no pudieron convencerlo, lo secuestraron. “El 30 de junio de 2011 mientras parqueaba su carro en la acera para entrar a su apartamento, varios policías vestidos de civil y con pistolas, lo abordaron. Nunca le mostraron una orden de arresto ni le leyeron sus derechos. Lo llevaron al Hotel Sheraton de Doha a la habitación 219, lo obligaron a arrodillarse en el piso junto a otras personas que tenían ahí con cocaína y dinero y le tomaron fotografías. Después lo condujeron a una prisión abandonada del Gobierno y lo encerraron en una celda de un metro de ancho por dos de largo, sin cama, sin ventanas, sin baño ni ducha. El lugar estaba infestado de hormigas y tenía que taparse con la camiseta para evitar que se le metieran por la nariz o la boca. Lo golpeaban frecuentemente en los riñones y en el estómago cuidándose de no dejarle marcas visibles y lo hacían ponerse en posiciones incomodas que le impedían respirar. Bajo tortura lo obligaron a firmar declaraciones en árabe, idioma que él no conocía. Luego, cuando tuvo derecho a un traductor, descubrió que había confesado cosas que no había hecho”. 

En octubre de 2011, Juan Pablo salió bajo fianza con la ayuda de Nima Zahar, un amigo abogado a quien conoció mientras estudiaba administración de negocios en la Universidad de Buckingham en Londres, de donde se graduó con honores. Con él documentó su caso y consiguió las pruebas de su inocencia. 

“Durante el corto tiempo que estuvo libre, hablábamos con él por teléfono pero no podíamos mencionar el caso porque nos decían que las líneas estaban intervenidas. A él lo diagnosticaron con síndrome de trauma posestrés, sufría de mareos e insomnio”, cuenta su hermano.

En diciembre de 2012 Juan Pablo fue arrestado de nuevo y condenado a cadena perpetua. La decisión fue apelada por su abogado Najeeb al Nauimi, exministro de Justicia de Qatar y defensor de Saddam Hussein en la etapa final de su juicio. Sin embargo, la Corte Suprema no aceptó ninguna de las pruebas y ratificó la condena en noviembre de 2013. Después de la sentencia, Najeeb les notificó que legalmente no había mucho que hacer: “Se necesita una queja fuerte para que el Gobierno qatarí reaccione. Hay dos formas: una es pedir que él cumpla su sentencia en Colombia. Y la otra es que el emir ordene su liberación, acepte que no es culpable y sea trasladado a Colombia sin sentencia”. En ese sentido el exfiscal Mario Iguarán les pedirá a las autoridades qataríes que revisen el proceso judicial y, si es posible, celebren un acuerdo para lograr la repatriación del paracaidista bogotano. 

Actualmente Juan Pablo está tras las rejas en Doha, la capital de este país. “Mi mamá llevaba seis años sin verlo y cuando lo vio a través de un vidrio en la cárcel se tiró al piso y se puso a llorar. Ella ha sufrido mucho, estuvo en un hospital psiquiátrico porque intentó tirársele a un taxi y la tuvieron que medicar. Todo el dinero que tenía se lo mandó a mi hermano y ahora quería vender la casa pero yo no la dejé, no podía permitir que la familia quedara en la indigencia por esto”, cuenta Mauricio. 

Desde entonces, él y su familia han emprendido una intensa campaña para demostrar la inocencia de Juan Pablo. Primero lo hicieron silenciosamente ante la cancillería colombiana, pero según ellos, al no encontrar respuesta, decidieron acudir a los medios de comunicación y a las redes sociales. 

Mauricio creó en Facebook la página #LiberenAJuanPa, donde han recibido apoyo de personas de todas partes del mundo. El 22 de marzo, él y un grupo de paracaidistas saltaron en Flandes, Tolima, para pedir que el caso de este instructor de vuelo no quede en el olvido, como el de muchos colombianos que pagan condenas en cárceles extranjeras sin que nadie en Colombia se entere. “Es muy irónico que mi hermano, la persona más libre que conozco, que se la pasaba volando por los cielos del mundo, ahora esté encerrado entre cuatro paredes”, concluye Mauricio, quien seguirá luchando para que Juan Pablo pueda volver a volar.

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