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Mauricio Gómez, un periodista crítico del periodismo

Mauricio Gómez, un periodista crítico del periodismo

REVISTA JET-SET

El hijo de Álvaro Gómez presentó el libro Crónicas, una recopilación de los informes que ha emitido en CM&. A los 66 años sigue enérgico frente a temas cuestionables, como el despilfarro de las regalías y el indefenso patrimonio arqueológico. El lanzamiento de la publicación coincidió con los 20 años del asesinato de su padre.
Mauricio Gómez está vinculado a la programadora CM& a través de las crónicas que emite en el noticiero y por la dirección del magazín 8 Treinta, un espacio que jamás emite informes de violencia, sangre ni sexo.
Por: 19/11/2015 00:00:00
Los periodistas que han tratado de entrevistar a Mauricio Gómez, hijo del inmolado Álvaro Gómez Hurtado, conocen de sobra su continua esquividad y prevención para exponerse en los medios. Sin embargo, en estos días, el comunicador que dirigió el Noticiero 24 Horas en los años 80, volvió a ponerse en el difícil lugar de entrevistado para abordar dos hechos diametralmente opuestos: el luctuoso recuerdo por los 20 años de la muerte de su padre, aún impune, y la celebración del lanzamiento del libro Crónicas, que recopiló los informes de Mauricio en el noticiero CM&, del Canal Uno. 
El informativo de Yamid Amat lo trajo de vuelta al periodismo desde 2007, con una serie de denuncias que han abordado los temas de corrupción, deterioro ambiental, pobreza, entre otros. 
¿Por qué no le gusta conceder entrevistas? –Es un milagro que esté haciendo esta vaina para Jet-set. Cuando era más joven tenía ganas de salir en los medios. Ahora preferiría que no me tomaran las fotos. En las crónicas de CM& nunca me dejo grabar en el lugar de la noticia, fue la gran condición que le puse a Yamid.
Tampoco le gusta hablar mucho de su papá. ¿Le hubiera gustado verlo en la Presidencia de la República? –Eso nunca me ha desvelado. Él no hubiera gobernado con una mayoría. La Presidencia habría sido una pesadilla ante la imposibilidad de adelantar sus programas de gobierno.
Usted se salvó de que le dijeran “delfín”. –No me gusta esa palabra. Por fortuna nunca me ha interesado la política, así que me salvé.
¿Por qué tanta animadversión hacia la política? –Es un oficio en el que el mejor amigo de la mañana se convierte en el peor enemigo por la noche. Al político lo alaban un rato y luego le dicen “miserable”. Es un territorio mezquino. Solo importa ordeñar la vaca del Estado. Además, mi papá nunca me habló de política. Por fortuna soy periodista.
Entonces, hablemos de periodismo. Su Noticiero 24 Horas tenía una emisión diaria de media hora y los de los canales privados cuentan con cuatro bloques informativos al día. ¿Le hubiera gustado dirigir uno de estos? –No me atrevería. Creo que hay demasiadas noticias de sangre, policías y barandas judiciales. Tienen mucha bajeza de espíritu. Algunas veces abren los noticieros con un informe de un papá que pateó al hijo, sobre todo los fines de semana. Esta falta total de criterios no le deja nada al espectador. Se olvidan de los temas importantes del contexto nacional o mundial. La violencia prima frente a otras noticias.
Se vive mucho estrés en función del rating. –Se cree que un programa que tiene más sintonía es mejor que los otros, pero eso no es verdad. Las noticias de sangre suman más audiencias. ¡Qué estrés!
El magazín 8 Treinta, del Canal Uno, que usted dirige, no tiene este tipo de informes. –Es un programa sin sangre, violencia ni sexo. Hoy día esto es una proeza. En los noticieros hay muchos muertos, tantos que no los podemos contar. La violencia se volvió banal. 
¿Si CM& apelara a esta fórmula de la baranda judicial tendría más rating? –Se distingue de los demás porque no está en la recepción de las noticias de sangre que suceden en los barrios. Al igual que en 24 Horas se justifica la violencia, pero en un contexto nacional o dentro del conflicto armado. 
¿Hay más “pecados” en el periodismo televisivo? –Ahora es peor. Las noticias se sepultan las unas con las otras. Si en este momento hay un atentado contra el papa y por la noche dicen que James Rodríguez no va a jugar en las eliminatorias, lo del Vaticano pierde relevancia. No importa la profundidad sino la inmediatez. Nadie sabe nada de nada. El titular es lo único que queda. 
¿Qué diferencia hay entre esa Colombia del Noticiero 24 Horas y la de hoy? –Ahora está peor. Mire el río Magdalena. Sus pueblos son cinturones de miseria sin servicios, en pleno 2015. No sé quién rastrea las cifras de la pobreza porque nos echan el cuento de que estamos divinamente. Nos han dicho que hay menos pobres, pero en mis viajes veo lo contrario. 
En nuestros días, ¿el periodista que hace denuncias corre menos peligro que en los años 80? –Siguen matando a muchos periodistas en Colombia. Vaya a las regiones para que detecte este flagelo. En mi caso ya no estoy tan joven. Tengo 66 años. Si me matan ya pasé las etapas más importantes de mi vida.
Siempre le ha gustado meterse en la boca del lobo. En los 80 se enfrentó a los carteles de la droga. –En 24 Horas, estábamos aliados con El Espectador. Pensábamos que íbamos a acabar con Pablo Escobar. Por esas denuncias estábamos mal parqueados. Presentaba con Margarita Rosa de Francisco y no quería que ella leyera las noticias del narcotráfico. 
Su vida estuvo en peligro. –Durante tres semanas me movilicé dentro del baúl de un carro. Me recogían en el parqueadero de la casa y me bajaba en el del trabajo. Y es que estaban secuestrando a todos los hijos de los políticos, entre ellos Diana Turbay, Pacho Santos y Andrés Pastrana. 
¿Cómo se salva de caer en este grupo? –El mismo día que liberaron a Andrés Pastrana viajó a España. En ese momento me encontraba allá para hacer un programa de colombianos en el exilio. Cuando nos encontramos me dijo: “Póngase las pilas. Me agarraron a mí porque no lo pudieron coger a usted”. Diez días después me tocó largarme de Colombia. 
Pasando a otro tema, ¿qué herramientas usa para estar bien informado: la tableta o los medios tradicionales? –Leo los periódicos, todavía en papel. Soy incapaz de ver las noticias en una tableta. No puedo subrayar si leo algo importante. Me gusta arrancar las páginas. 
¿Qué presentadora de la nueva generación le gusta? –Mábel Lara. La descubrí en Telepacífico cuando me hizo una entrevista. Luego se presentó una vacante en Caracol y se la recomendé a Camilo Durán. Ella es natural, aplomada, no habla atropellado y sabe leer.
¿Ha pensado en retirarse? –No. Esto me mantiene vivo.

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