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Mateo Stivelberg se la juega en la red

Mateo Stivelberg se la juega en la red

Revista Jet-set

Después de dirigir Metástasis, la adaptación de la exitosa serie Breaking Bad, el hijo de María Cecilia Botero y David Stivel le apuesta a una serie web sobre fútbol. La primera temporada de Los irracionales, que se estrenó en abril, tuvo un promedio de 60 mil visitas en YouTube por capítulo y cada vez gana más seguidores.
Mateo dice que si no hubiera sido cineasta le habría gustado ser futbolista, aunque admite que es muy tronco. La pasión por este deporte la heredó de su papá, el fallecido director David Stivel, un reconocido hincha del Racing. Foto: ©Camila Reina/14
Por: Edición 28320/5/2014 00:00:00
Mateo Stivelberg siempre ha sido fanático del fútbol y ahora, cuando la Selección Colombia clasificó al Mundial después de 16 años, no podía dejar pasar la oportunidad de unir esa pasión con la otra cosa que más le gusta hacer en la vida: dirigir. Por estos días rueda la segunda temporada de Los irracionales, una serie web que hace una radiografía del hincha colombiano a través de cuatro personajes: el furibundo, que pasa del amor al odio en cinco segundos y está lleno de agüeros; el ilustrado, que sabe cuál fue el puntero derecho de Uruguay en 1938; el aguatero, que no tiene ni idea de fútbol, pero se divierte mucho al ver cómo los otros lo sufren; y la ‘princess’, que, aunque sabe perfectamente qué es un fuera de lugar, saca su lado ‘girly’ cuando el partido es entre España e Italia, pues es mucho mejor para verle las piernas a los jugadores. Todos ellos viven situaciones “irracionales” por cumplir su sueño de ir a Brasil.

Mateo cuenta que, cuando Indexcol y Dynamo le propusieron dirigir esta serie, aceptó inmediatamente porque él también es un hincha furibundo. “Cuando viví en Buenos Aires iba todos los domingos al estadio, y si mi equipo perdía, la semana no era tan buena”. Esa exacerbada pasión la heredó de su papá, David Stivel. “La tarjeta de presentación de él era la de hincha del Racing, ni siquiera la de guionista o director”, dice. Por el lado paterno el fútbol no es lo único que lleva en los genes; también, su vena artística. Mateo tenía ocho años cuando David murió de un cáncer, pero no olvida la época en que lo acompañaba a los montajes de los musicales o se sentaba en sus piernas mientras ponchaba las cámaras en los estudios Gravi.

“Tengo muchas imágenes de él trabajando y eso inconscientemente le queda a uno”. Lo mismo sucede con el malgenio Stivel, que se está esforzando por controlar. “Hay que ser exigente porque siento que a veces el medio se vuelve un poco perezoso”. Reconoce que ser hijo de David y de la actriz María Cecilia Botero obviamente influye, aunque no es garantía de nada. “En la medida en que pasan los años me convenzo más de que no tengo que rendirle cuentas a todos los que están pendientes de si soy tan bueno como mis papás”.

Considera que a los 30 años es muy pretensioso definir cuál es su estilo como director porque apenas está en la búsqueda. Quizá por eso se da licencia de explorar libremente: un día escribe libretos con sus amigos de la empresa Bigote Contenido; al siguiente, coquetea con la Web o simplemente está al mando de La Guapa Films, una productora audiovisual de la que es socio hace tres años y con la que tiene dos películas entre el tintero: A la Deriva, que están terminando de rodar, y Mal paga el diablo, que va a dirigir Daniel Arenas, el novio de Natalia Ponce de León, quien fue víctima de un ataque con ácido. De lo que le pasó a Natalia prefiere no hablar, pues lo “asquea” que en Colombia todavía ocurran ese tipo de hechos.

Mateo dice que, por ahora, quiere darle una pausa a su trabajo en televisión. Después de ser uno de los directores de Metástasis, la adaptación colombiana de la exitosa serie Breaking Bad, le propusieron dirigir la telenovela sobre Lady Tabares, protagonista de La vendedora de rosas, pero prefirió no aceptar. “La televisión está muy inventada y uno intuye lo que funciona y lo que no. En Internet, como todo es relativamente nuevo, lo bonito es que cada quien puede proponer, todavía no existen fórmulas”. Su única premisa es tratar de alejarse del lugar común y del chiste burdo. Mateo Stivelberg anda en busca de su identidad.
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