Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Amor de perros y gatos

Amor de perros y gatos

Revista Jet-set

Estos personajes tratan a sus mascotas como a sus propios hijos, y harían lo que estuviera a su alcance para protegerlos. Algunos de ellos son más famosos que sus propios dueños y llevan una vida tan plácida que cualquier mortal los envidiaría.
Clara y ‘Atarvis’ López Obregón. Foto: ©Imagen Reina/13
Por: Edición 27220/11/2013 00:00:00
Clara y ‘Atarvis’ López Obregón
Dos polos opuestos
El gato de la presidenta del Polo Democrático llegó a sus manos por casualidad. “Estaba en el mercado comprando unos mangos cuando vi un gatico en un rincón, flaco y muy triste. Le dije a la vendedora que me lo diera de ñapa junto con las frutas”, cuenta Clara López. Lo llevó a su casa y lo bautizaron Atarván porque era muy maleducado. “Era lógico porque estaba abandonado, en mal estado de salud y siempre tenía hambre”, cuenta entre risas. Con el tiempo decidieron cambiarle el nombre por Atarvis pues ya no es tan atarván como al comienzo, es amoroso y limpio. Le encanta que Carlos Romero, el esposo de la exalcaldesa, lo bañe en el lavamanos y lo peine. “Es muy inteligente y tierno, acaricia a las personas con su cola y se la pasa cazando mariposas y moscas en las ventanas”. Clara está convencida de que los animales llegan a la vida de las personas por una razón especial. “Hacen que afloren sentimientos de ternura que la gente esconde”. Además se ha visto a través de la historia cómo las mascotas también les enseñan lecciones a los humanos”, concluye.

Flavia y ‘Cicciolina’ Dos Santos
Atracción fatal
La perra de la sexóloga brasileña Flavia Dos Santos se llama Cicciolina y no podría tener otro nombre que el de la famosa estrella de porno. Es una Italian Greyhound, de un año y medio, que vive a la última moda pues su dueña le compra diseños que vienen de Italia y de Nueva York: “lo de la ropa es por el pelo corto que no la abriga mucho y por eso usa suéteres, camisetas, sudaderas y, en ocasiones, gafas para salir a la calle o a caminar por la ciclovía”, cuenta Flavia.

Cicciolina obedece las órdenes en español o portugués aunque a veces, según su dueña, se hace la sorda. “Mi marido dice que es tan dulce que parece hecha de velcro, se le pega a todo el mundo, es extremadamente cariñosa y amiguera. Le encanta la televisión y puedo asegurar que ve novelas”, comenta Dos Santos. La mascota de la sexóloga anda en búsqueda de un novio. Varios pretendientes se han cruzado en su camino, en la peluquería o en el parque, pero su dueña aún no se decide por ninguno. “Lo que jamás haré es esterilizarla, pues sería el colmo que la mascota de una sexóloga no tuviera una experiencia sexual en su vida”, concluye Flavia.

Lulú, ‘Zeus’ y ‘Lucas’ Bernal
La mejor amiga de los Shih Tzu
Al llegar a la casa de Lulú Bernal, el primero que corre a la puerta a recibir a los invitados es Zeus, su perro al que considera el rey de su hogar. “Lo traje directamente desde Dallas, para reemplazar a Nehru,otro perrito que tuve y vivió conmigo por 18 años hasta que murió de cáncer. Zeus sabe de su importancia y se pasea por la casa de forma pausada, ‘meditando’, que es realmente lo que hacen estos perros que pertenecen a una raza milenaria de la China”, dice Lulú. El único que saca a Zeus de su tranquilidad es su primo Lucas, un West Highland White Terrier que es el perro de Blanquita, la hermana de Lulú, con quien juega todos los días y va a la finca en Anapoima para nadar en la piscina los fines de semana. Lulú quiere hacer un llamado de atención a los que compran animales. “Tener mascota es una gran responsabilidad, hay que cuidarlos y acompañarlos hasta la vejez. Sé de personas que las compran para darle gusto a sus hijos en Navidad y después, cuando ven que no las pueden cuidar, las abandonan en los parques”, dice. Su deseo es apoyar una fundación en Colombia que se haga cargo de los animales olvidados como existen en otros países y, si es el caso, adoptarlos a través de un plan padrinos.

Raffaello, Mattia, ‘Romeo’ y ‘Carbón’ Di Sauro
Vida de gatos
El chef italiano y su hijo Mattia, de 9 años, comparten su vida familiar con dos mininos que son su adoración. Raffaello recuerda que en la casa de su familia en Nápoles, siempre había animales que lo acompañaban y por eso cuando llegó a Colombia quiso comprar un gato. Encargaron a Romeo en un criadero de Estados Unidos, pues querían un persa rojo, una raza poco común en Colombia. Años más tarde llegó Carbón, “se la llevan bien como mi papá y yo. Son más elegantes que juguetones”, dice Mattia. Cuenta que sus gatos se criaron y se comportan como perros. Por ejemplo, cuando llega alguien a la casa no corren a esconderse sino que están pendientes y van hasta la puerta para investigar a la visita. Romeo es más sociable, ya ha sido padre más de una vez, tanto que tiene fama de gigoló. Por su parte, Carbón, el peludo negro, tiene un temperamento fuerte y definido.

El chef está pendiente de alimentarlos con una comida especial para ellos, pero de vez en cuando les permite romper la dieta con un pedazo de chorizo o queso.

Sandra y ‘Berenice’ Morelli
La doctora Dolittle
Berenice es la gata persa de la contralora Sandra Morelli y comparte su espacio con los chihuahuas, Papi y Mami, a quienes siempre observa recelosa desde un rincón de la casa. La funcionaria cuenta que la llegada de los animales a su hogar se dio por casualidad: “mi hijo Gian Franco, de 10 años, quedó encantado con la película Un chihuahua en Beverly Hills y se antojó de unos perritos. Después llegó la gata que no salió tan pura como nos la ofrecieron y además es un poco malgeniada”, dice. Ahora los que mandan en la casa son los perros y la gata: corren, suben, bajan las escaleras, pelean y duermen sobre las camas. “Todos tienen tres años. Los mismos que llevo en la Contraloría. Ya son parte esencial de la familia, son nuestros consentidos”, asegura. El amor de la contralora por los animales nació desde que era una niña. Su padre, un ingeniero italiano que se vino a vivir a Colombia a finales de los años 50, le inculcó ese afecto. Creció rodeada de todo tipo de animales, entre ellos una guacamaya que era de su abuela, y que ahora está en la finca porque pertenece a la fauna silvestre y legalmente no puede vivir en la ciudad. El año pasado los vecinos le interpusieron una querella a Morelli por el ruido que hacían sus animales, sin embargo ella asegura que su mundo animal está bajo control.



Gustavo y ‘Bacatá’ Petro

Una perra con poder
Bacatá fue rescatada del centro de Zoonosis por los asesores del alcalde de Bogotá, cuando pensaron en ella para que representara al perro típico bogotano en una campaña de protección animal. El color amarillo de su pelo, sus orejas caídas, su hocico negro y su look fueron claves para que la eligieran como una supermodelo. Entre Gustavo Petro y Bacatá hubo amor a primera vista. Él la adoptó y el siguiente paso fue esterilizarla y embellecerla para su bautizo, que se celebró en la Plaza del Chorro de Quevedo en el barrio La Candelaria. La llamaron Bacatá, palabra indígena que significa Bogotá. Desde entonces vive en la alcaldía, corre libre por los pasillos y jardines del Palacio Liévano y juega con el alcalde cuando su agenda se lo permite. Al igual que su dueño, la perra tiene una vida social agitada: asiste a varias ruedas de prensa y posa feliz para las fotos. Hace poco recibió la visita de César Millán, el famoso entrenador de perros. Cuando tiene miedo se esconde bajo las sillas del despacho y solo sale si el alcalde le da la orden.

Andrea, ‘James’ y ‘Falcao’ Guerrero
Cracs con siete vidas
La periodista deportiva bautizó a sus dos gatos persas James Leonel y Falcao, en honor a los cracs del fútbol. Andrea bromea con que ella es la mascota de la casa. “Cuando quieren, me buscan para que los consienta y cuando no, ni me miran. Así es el amor de un gato y uno como dueño debe adaptarse”. Los tiene desde hace casi dos años y lo único que la preocupa es que se la pasan peleando: “no se parecen en nada a James y Falcao que comparten la pelota en el campo de juego. Mis gatos viven agarrados de verdad. Son territoriales y cada uno tiene su carácter, pero hay que entenderlos”. Recuerda el susto que le dio cuando James sacó sus dotes de cazador y voló por la ventana desde un quinto piso hasta el primero y cayó desparramado y no de pie, como dicen que caen los gatos. “Ese momento fue realmente angustioso para mí. Ese día había una fiesta en mi casa y hasta ahí llegó la celebración. El gato tuvo un desplazamiento de cadera del cual se recuperó y aprendí la lección: tener las ventanas cerradas por siempre y puse una malla para que ese accidente no me volviera a pasar’’. La comunicadora asegura que el hombre que llegue a su vida debe aceptar a sus mascotas. “Primero fue gato o perro, que novio. Para mí es determinante que a mi pareja le gusten los animales”, dice. Si no se hubiera dedicado al periodismo habría optado por ser una veterinaria.
LO MÁS VISTO