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Mario Vargas Llosa: las consecuencias de ser un nobel

Mario Vargas Llosa: las consecuencias de ser un nobel

Revista Jet-Set

Jet-Set habló en 2013 con el escritor peruano y su esposa, Patricia Llosa, acerca de las implicaciones del Premio Nobel en sus vidas.
El escritor peruano posó para Jet-set durante el Hay Festival de Cartagena. Foto: ©Andrés Rozo/13
Por: Edición 2537/2/2013 00:00:00
En medio del asedio de la prensa y una agitada vida social y académica por el mundo, el autor de La ciudad y los perros  logró terminar la novela que saldrá al mercado dentro de ocho meses.

Desde el día que Mario Vargas Llosa arribó al aeropuerto de Cartagena se supo que su estadía sería extenuante, no solo para él, sino para las personas que se encargaron del manejo de su agenda. Cuando lo fueron a recoger, por ejemplo, la comitiva de recibimiento entró en pánico porque creyeron que el nobel y su esposa, Patricia Llosa, no habían llegado, y hasta consideraron que los dos tomaron un taxi en la calle para escapar de los curiosos. Solo quedaron tranquilos después de enterarse de que el autor de La ciudad y los perros fue recogido por Jorge Dávila Pestana, el cónsul peruano en La Heroica. Muchos, como él, no querían perder la oportunidad de compartir aunque fuera un minuto con el invitado más mediático del Hay Festival del 2013.

En el 2010, Vargas Llosa estuvo en el mismo evento cartagenero, cuando no había obtenido el premio de la academia sueca y en consecuencia no era esa especie de rockstar en que se convierten todos los ganadores del Nobel. “Me aburre un poco el asedio, pero hay que tomarlo con espíritu deportivo”, le aseguró el creador de Pantaleón y las visitadoras a la revista Jet-set.

Hace dos años, durante esta misma época, la pareja no se había subido en el tobogán estresante de los medios, hasta que llegó el 7 de octubre, el día en que se anunció el nombre del ganador del premio literario. Los esposos se encontraban en Nueva York, donde recibieron la llamada del presidente de la fundación que entrega anualmente el galardón. “Era muy temprano. Contesté el teléfono y nos dio esa gran noticia. La emoción fue muy grande”, recordó Patricia Llosa en Cartagena.

Casi al tiempo, Vargas Llosa empezó el borrador del discurso protocolario que leyó durante la gala de premiación en la ciudad de Estocolmo. No se lo dejó ver ni siquiera a Patricia, quien durante los 45 años de matrimonio se había encargado de leer cada uno de los borradores de las obras literarias de su esposo. “No lo leí, pero he podido hacerlo porque yo soy la que tengo el control de su computador. Mario solo lo usa para escribir. No sabe manejar internet”.

Hace unas semanas, el prolífico Mario Vargas Llosa regresó a Colombia después de encontrarse en una pequeña tregua de su vida posnobel que le permitió seguir escribiendo. Una noche antes de tomar un avión hacia la capital bolivarense, Vargas Llosa le puso punto final a El héroe discreto, una novela de ficción cuya temática lo llevó a los nuevos acontecimientos políticos del Perú, donde según él se respira una democracia que todavía deja muchos interrogantes: “Mi país, al igual que Colombia y Chile, tienen un crecimiento económico y democrático, pero se está creando una sociedad cuyo futuro no es claro”.

El proceso de redacción de este libro comenzó hace dos años, justo cuando salió al mercado La civilización del espectáculo, una dura reflexión sobre el manejo de la cultura en los medios: “La televisión, por ejemplo, le cedió espacio a la chismografía como un elemento de destrucción a la intimidad. Hay un desprecio por la cultura. La desinformación pasa a ser parte del divertimiento”.

Los críticos interpretaron este ensayo como una retaliación de Vargas Llosa contra la prensa rosa que revivió las intimidades de sus dos matrimonios y se preocupó por el supuesto rumor de su enemistad con Gabo. “Nada divierte más que el chisme, a juzgar por medios serios que se interesan por la vida privada de los personajes públicos”.

Finalmente, en el Corralito de Piedra, el novelista peruano le volvió a dar crédito a la importancia de Patricia en su vida. “Sin mi esposa y nuestros tres hijos yo hubiera sido un caos”, aseveró el nobel. “Desde hace 45 años estamos todos los días juntos”, le contó ella a Jet-set.
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