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Mariana Martínez es la nueva viceministra de Defensa

Mariana Martínez es la nueva viceministra de Defensa

REVISTA JET-SET

La hija de María Mercedes Cuéllar llega al cargo en pleno proceso de paz. Es economista de la Universidad de los Andes y madre de dos hijas, que le recuerdan que el trabajo no lo es todo en la vida.
La viceministra tendrá a su cargo temas como el planeamiento y la programación presupuestal de recursos para el funcionamiento y la inversión del sector defensa.
Por: 14/9/2015 00:00:00
La gestión de Marta Lucía Ramírez como ministra de Defensa les abrió las puertas a otras mujeres en esta cartera que, por su naturaleza, es dominada por hombres. Ese es el caso de Mariana Martínez Cuéllar, quien la semana pasada se posesionó como viceministra de Defensa para la Estrategia y la Planeación. La hija mayor de María Mercedes Cuéllar, expresidente de Asobancaria, fue nombrada en el cargo por su experiencia como funcionaria pública en el Departamento Nacional de Planeación y la dirección de gestión de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, donde trabajó tres años y medio y se enamoró de ese sector. En el medio tiene fama de ser una mujer muy pila y con un gran conocimiento del mundo empresarial, lo que llevó al ministro Luis Carlos Villegas a incluirla en su equipo de trabajo. 
Mariana heredó de su madre la habilidad con los números y el temperamento fuerte y aguerrido para enfrentar nuevos retos. “Me siento muy orgullosa de ella, es muy gratificante ver a dónde ha llegado. Finalmente los hijos son producto de lo que uno es. Yo he dedicado gran parte de mi vida a trabajar por el país y mis hijas siguen ese estilo”. De las tres, Mariana es la más parecida a ella, no solo físicamente sino también en la personalidad. Ambas son economistas e hicieron juntas una maestría en Derecho en la Universidad de los Andes. Juliana, la del medio, es física, y trabaja en la Presidencia de la República en el área de comunicaciones. Y Cristina, la menor, está haciendo un MBA en Chicago. 
“Mis hermanas y yo siempre tuvimos una alta resistencia a seguir el modelo de mi madre, quizás porque nuestra niñez fue muy compleja. Ella fue ministra de Desarrollo en la época de Pablo Escobar, cuando todos los días estallaba una bomba. Me acuerdo mucho de que cuando era directora de Planeación Nacional nosotras nos acostábamos y ella no había llegado a la casa; y por la mañana, cuando salíamos para el colegio, nos la cruzábamos entrando. Después, con los años, es que uno entiende el compromiso que ella tiene con el país”. 
El nombramiento de Mariana llega en un momento decisivo para Colombia donde se está negociando la firma de la paz. “Creo que al proceso hay que darle una oportunidad, nuestros hijos se lo merecen. Incluso, después de que se firme, va a ser supercomplejo, se puede lograr, pero va requerir del trabajo de todos los colombianos. Tenemos que decidir si nos volvemos héroes o villanos. (...) Independiente de lo que suceda, las fuerzas necesitan una modernización y una transformación en recurso humano y el tema presupuestal”. Uno de sus mayores desafíos será disminuir la increíble suma de un billón de pesos anuales que paga el Estado por demandas, la mayoría en el sector defensa, casi la mitad de lo que se recauda por el impuesto de guerra. “Muchas son prevenibles, el Estado tiene que poder defenderse, finalmente esos recursos salen de los impuestos colombianos”, agrega. 
Es la primera vez que va a trabajar con el ministro Villegas, quien ha sido cercano a su familia y le parece un buen ser humano y gran profesional. Antes de aceptar la propuesta lo consultó con su esposo, Juan Carlos Ruge, y sus dos hijas: Antonia, de 7 años, y Gabriela, de 4. “Le dije a Antonia: ‘Me ofrecieron un trabajo nuevo y no sé qué hacer’. Ella me respondió: “¿Cuál es más difícil?”. Yo quedé sorprendida con la pregunta y le contesté: ‘El nuevo, porque en el que estoy ya lo sé hacer, pero en el que me ofrecieron puedo hacer más cosas buenas por la gente’. Y me aconsejó: ‘Entonces sí deberías cambiarte’”. Ella es consciente de que este nuevo reto le implicará sacrificios familiares. “Afortunadamente Juan Carlos es un superpapá, se goza las niñas, juega con ellas, es el alcahuete de la casa; yo soy la que marca la disciplina y el amor por el estudio. A veces tiendo a ser un poco controladora y psicorrígida”, cuenta. Sus hijas le obedecen con solo una palabra o una mirada. 
Mariana es igual de workaholic que su mamá. “Lo que más miedo me da de este nuevo trabajo es no volver a dormir, soy de las que tiende a llevarse los problemas del trabajo a la casa y me despierto en la noche a pensar en una solución”. Cuando se quiere desconectar se va a su finca a Tabio, y se dedica a la jardinería, que es uno de sus hobbies. No es muy hábil en la cocina, esa tarea se la deja a su esposo, quien es dueño del restaurante La Huertana, en Subachoque. Se nota que la cámara la intimida, la grabadora no le gusta y cuida sus palabras para no hablar más de la cuenta. Se entiende: su mundo, al final, está en los números, las cifras y las estadísticas.

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