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María Victoria Blanco la dueña de la casa del Salto del Tequendama

María Victoria Blanco la dueña de la casa del Salto del Tequendama

Revista Jet-Set

Luego de tres décadas de olvido, la casa del Salto del Tequendama renace gracias a María Victoria Blanco, dueña de esta emblemática construcción francesa. Aunque muchos insistan en relacionar el lugar con fantasmas y suicidas, desde la dirección de la Fundación El Porvenir ella defiende la vida.
María Victoria Blanco espera encontrar apoyo para iluminar la casa y el Salto del Tequendama en esta Navidad. Foto: ©Gerardo Gómez/12.
Por: 18/9/2012 00:00:00
María Victoria Blanco es una veterinaria a la que el río Bogotá y el Salto del Tequendama le cambiaron el cauce de su vida. La directora ejecutiva de la Fundación El Porvenir, que desde hace 18 años trabaja en la recuperación del bosque de niebla de esa zona de Cundinamarca, hace dos años se convirtió en la dueña y señora de la casa del Salto. “Este romance empezó cuando reconocí la importancia que tenía el entorno en el cual ejercía mi profesión. Desde 1994 estaba metida en la reserva natural aledaña, y levanté la cabeza para darme cuenta de que no se respetaba este ecosistema que alberga especies como el oso perezoso”.

Después de muchas vueltas y búsquedas de recursos económicos, María Victoria se empeñó en que su proyecto de vida, aparte de salvar las aguas del río Bogotá, era comprar la casa compañera de la cascada del Salto. Pero esa construcción de estilo francés, que en 1.480 metros cuadrados le ofrecía cinco niveles de grandes salones, habitaciones, altillos y sótanos, también guardaba entre sus paredes cientos de mitos. “No estoy dispuesta a reforzar las historias de los supuestos fantasmas que han habitado la casa”, dice María Victoria, quien hace dos años, después de comprársela a Roberto Arias Pérez (fundador de Colsubsidio), se sorprendió con la confesión que le hizo el antiguo cuidandero.

Le dijo que le pagaron hasta trescientos mil pesos para que, frente a las cámaras o los micrófonos de periodistas inescrupulosos, dijera que los espíritus de los suicidas del Salto lo asustaban en las noches y le “jalaban las patas”. “No quiero que la gente se vaya en contra de nuestro proceso cultural. Los sucesos paranormales y las leyendas de espantos le hicieron daño a la casa durante los años en que estuvo abandonada. Fanáticos intentaron quemarla varias veces y escudados en hechos satánicos, le rompían todos los vidrios”, cuenta preocupada.

Precisamente por ese motivo decidió abrir sus puertas, para que la gente conociera esta maravillosa edificación construida en 1923. Inspirados en el Museo Nacional de Río de Janeiro, que les presenta a los visitantes la evolución de su restauración y les anima a apoyar la obra, María Victoria, su Fundación Granja Ecológica El Porvenir y la Dirección de Museos y Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional presentan al público la exposición Cavernas: ecosistemas subterráneos, desde el 23 de agosto. “Se trata de una muestra con la que, aparte de enseñarles a los visitantes los diferentes mundos subterráneos que han sido explorados en Colombia, queremos que se maravillen con los yesos hechos a mano que adornan la primera sala restaurada y que muestran las figuras de Bochica, algunas deidades, el escudo de Cundinamarca, una alusión al perezoso de la zona, varios ángeles custodios y mascarones teatrales”, afirma.

Antes de quedarse enfrascada en los cuentos de espantos, María Victoria se ha dedicado a descubrir el pasado para reconstruir el presente de la nueva adquisición destinada a su fundación. La hoy bautizada Casa Museo del Salto del Tequendama se edificó como estación terminal del ferrocarril del sur. Pero gracias al atractivo turístico de la legendaria cascada, se inauguró en 1927 como Hotel El Refugio del Salto, en donde se organizaron cenas de gala y se hospedaron grandes personalidades de la élite nacional, hasta que en la década de los 50 fue vendida a particulares. “Así comenzó el fin de la casa. Pasó por muchos dueños que le daban poco mantenimiento y, desmotivados en gran parte por la contaminación del río Bogotá, la dejaban abandonada. Por eso estoy segura de que la casa puede servir de inspiración para su recuperación y puede ayudarnos a convocar”.

Así como logró convocar al presidente Ernesto Samper, quien lleva cuatro años profundamente comprometido con la causa de recuperar el Salto del Tequendama, en parte porque sus ancestros, José María y Santiago Samper Brush, utilizaron la fuerza de sus aguas para construir la primera electrificadora de Bogotá. Su labor es tan eficiente que ya es conocido como “El Embajador del Salto”.
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