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María Consuelo Araújo, la reina de Valledupar

María Consuelo Araújo, la reina de Valledupar

REVISTA JET-SET

La Conchi Araújo aún goza de la buena imagen que la cobija desde su paso por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Sus simpatizantes quieren verla como gobernadora del Cesar, mientras que Yamid Amat espera tenerla en la sección “1, 2, 3” de CM&. La excanciller vive en Bogotá y trabaja en el sector minero, lejos de la política, pero está más cerca que nunca de las parrandas que año tras año se arman en Valledupar.
María Consuelo Araújo, de 44 años, llegó a Bogotá cuando apenas tenía cuatro. La exministra dijo que nunca perdió la esencia costeña de tanto viajar a Valledupar, donde son célebres las parrandas de su casa paterna.
Por: 7/5/2015 00:00:00
En cada parranda vallenata la exministra de Cultura y excanciller, María Consuelo Araújo, sonríe espontáneamente y alza las manos de manera victoriosa. Así lo ha hecho siempre, incluso en los momentos de aciago que vivió su familia. Hoy, después de atravesar el turbulento río del escándalo político, encontró la realización personal en el manejo de Gran Colombia Gold, una compañía de capital privado en el sector minero. Sin embargo, hay quienes insisten en que ella debe regresar a los escenarios públicos, tanto que ya le hicieron guiños para lanzarla como candidata a la Gobernación del Cesar. 

Su carisma ha dado para todo, incluyendo la propuesta de presentar un noticiero de televisión y la grabación de un disco. Conchi sigue gozando de buena imagen, a diferencia de muchos de sus colegas que hoy se encuentran lejos de la política. Así habló con Jet-set. 

Usted salió de la Cancillería debido a una situación familiar. No obstante, su imagen es muy favorable. –Yo soy de buenas. Vivo dándole gracias a Dios por eso. Hay cosas que coseché y otras que la vida me regaló.

¿Ha sido difícil echarle tierra a ese episodio? –En ese momento sentía angustia y un dolor mucho más grande que la pérdida de la Cancillería. A nivel emocional tenía la cabeza y el corazón en otras cosas, estaba preocupada por la situación de mi papá y la de mi hermano, quien se encontraba preso injustamente. La familia estaba completamente desbaratada. A mis sobrinos había que explicarles bien la situación para que no les hicieran matoneo en el colegio. Había una avalancha informativa muy grande que nos rodeaba.

Usted renunció. ¿Se arrepiente? –Renuncié con la certeza de que había sido la decisión correcta. Después de eso, cuando llegué a donde a mi mamá, la encontré llorando como si alguien se hubiera muerto. Y le dije: “Aquí me necesitan más que allá”. La Cancillería fue parte de un sueño profesional que me llegó antes de tiempo. He sido la canciller más joven de Colombia. Tenía 34 años. 

Con tantas personas adoloridas a su alrededor, ¿en dónde encontró consuelo? –Mis paños de lágrimas fueron mi propia familia y mi esposo, Ricardo Mazalán, el más comprensivo del mundo. Con entusiasmo me acompañaba por el tapete rojo de la Cancillería y también a la cárcel a visitar a mi hermano. Es un hombre fuerte frente a los vaivenes de la vida. 

¿Usted ha reflexionado sobre cómo hubiera sido su vida con un hombre muy diferente a Ricardo? –Él me cayó del cielo. Lo conocí un día que lo atropellé. Si me hubiera casado con un machista no hubiera sido libre y espontánea. Yo veo a varios hombres de mi tierra que generan inseguridad en las mujeres por la infidelidad recurrente. No hubiera querido eso para mí.

¿Por qué solo tuvo una hija? –Me cogió la noche. Primero fueron los ministerios y luego el vía crucis de mi hermano y mi papá. No tenía cabeza para nada. Cuando pensábamos en otro hijo decíamos que no queríamos ese entorno para él. Gracias a Dios, todo pasó.

Siguiendo con su buena estrella, le ofrecieron la presentación de la sección “1, 2, 3” de CM&. –Con franqueza le agradecí a Yamid ese ofrecimiento. Me llamó en dos oportunidades. Pero debido a mi trabajo fue imposible. Debo viajar mucho en función de rendir cuentas a los inversionistas extranjeros de la compañía. No podía comprometerme con este noticiero que requiere disciplina y permanencia en la ciudad. A mí no me gusta incumplir. Eso se lo aprendí al expresidente Alfonso López Michelsen cuando fue mi director de tesis. Un día le llegué tarde y me enseñó que esa es una forma de irrespetar a la gente.

Habría presentado bien esta sección, después de su paso por un noticiero del Cesar. –Presenté las noticias de Tele Valledupar. Fue una experiencia chistosa porque no había teleprompter. Me tocaba aprenderme las noticias. Yo creí que tenía buena memoria hasta que conocí a Uribe. 

A propósito del expresidente, ¿usted sigue siendo uribista? –Le tengo un gran cariño y gratitud al expresidente. 

¿Qué le aprendió al exmandatario? –No dejaba un solo minuto de descanso. En ese entonces estaba embarazada y no entendía por qué tocaba trabajar incluso los domingos. Su mensaje era el valor del trabajo en un país donde aún predomina la cultura del dinero fácil. También le aprendí a escuchar. En los consejos comunitarios se generó la favorabilidad histórica que tiene. 

¿Es cierto que usted se postulará a la Gobernación del Cesar? –Cuando la gente piensa en uno, eso da satisfacción. Eso me genera mucha gratitud con la vida. Pocos son los llamados a ocupar un cargo público. Algún día quiero volver a mi tierra para retribuirle todo lo que he recibido de ella. Me encantaría ocupar un cargo regional: Gobernación o Alcaldía. Pero en este tiempo no puedo porque siento que debo estar al lado de mi esposo y de mi hija. 

¿El Centro Democrático le hace guiños políticos? –Ningún partido político me lo ha ofrecido oficialmente. Más allá de eso lo que me llena de satisfacción es que la gente en la calle pide que me postule a un cargo regional. En diciembre estuve en Valledupar y la gente me decía: “Tenemos las esperanzas puestas en usted”. Esa es una encuesta legítima porque es la del día a día. 

¿Siente nostalgia por la política? –Considero que cumplí los ciclos en los cargos políticos que tuve, exceptuando la Cancillería, donde renuncié por razones familiares. En el Ministerio de Cultura tuve tiempo de ejecutar los planes que diseñé gracias a un buen equipo de trabajo. 

¿Le han ofrecido la dirección del Festival Vallenato? –En pleno Parque de la Leyenda, durante un concierto, mi amigo Carlos Vives me promovió como directora del Festival Vallenato. Pero todo quedó ahí. 

¿Qué objeciones le hace al Festival Vallenato? –El entusiasmo de los artistas es indiscutible. Sin embargo muchas veces se vuelve escenario de batallas políticas locales, no por la fundación que lo maneja, sino por los alcaldes y gobernadores de turno. Eso se ha dado desde la época de mi tía Consuelo Araújo quien aspiró a la Gobernación de Cesar y fue ministra de Cultura. Muchos enemigos políticos del Festival no entienden la importancia de este evento folclórico.

¿En qué quedó el proyecto de grabar un disco? –Iván Villazón me lo propuso durante una parranda en Villa de Leyva. Yo le dije: “Listo, vamos a escoger las canciones”. Ahí está el proyecto. 

¿Cómo son las parrandas en su casa? ¿Hay menos políticos? –Claro. Lo que pasó en mi casa fue un tamiz para saber quiénes son los amigos de verdad y cuáles son de mentira. A estos últimos uno los trata como lo que son, amigos falsos. La dinámica de las parrandas de mi familia es que los músicos son los reyes del encuentro y no los invitados.

¿Qué tiene más adrenalina: el sector minero o el público? –El sector minero también está lleno de retos. Hace poco tuvimos el congreso y el sector no está pasando por un buen momento. Hay muchas paradojas: el país lo necesita para financiar los proyectos sociales y al mismo tiempo es muy difícil comunicarle a la comunidad que no va a dañar el medio ambiente. Me gusta lo que hago.


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