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Margarita Rosa: su vida en doce canciones

Margarita Rosa: su vida en doce canciones

Revista Jet-Set

Con Bailarina, su octava producción discográfica, Margarita Rosa trazó un camino de renovación en su carrera artística. El año entrante no volverá al Desafío ni trabajará en telenovelas con tal de estrechar su vínculo con el cine y la música. Este disco, una recopilación de doce canciones, contiene los temas que les escribió a los seres que más ama.
“La crisis de contenido en el cine y la televisión es una problemática mundial. Sin embargo, en Colombia seguimos haciendo buenas producciones como Escobar, el patrón del mal”, dijo la artista, que solo trabajará en seriados que tengan una factura cinematográfica. Foto: Raúl Higuera
Por: 6/11/2012 00:00:00
Cada palabra de Margarita Rosa de Francisco lleva el énfasis del movimiento de sus manos. Las mueve como si estuviera danzando. Cuando habla de su niñez, por ejemplo, las levanta de manera lasciva como si ese gesto la ayudara a recordar los días en que Mercedes Baquero, su madre, escuchaba bossa nova. Aquellos años maravillosos nutrieron la vena compositora de la eterna Mencha o Gaviota. La nostalgia y su grito de libertad contra una vida existencialista que la agobió durante años la impulsaron a componerles a las personas que más ama, entre ellas su mamá, su hermano iconoclasta y su novio.

¿Cuánto duró el parto para lanzar el disco Bailarina?
—Un año. Hay canciones antiguas, como una que le escribí a mi hermano, Martín de Francisco, hace dos décadas.

Es difícil imaginar a Martín en el plan de ‘musa’. Es que es irreverente...
—Me he sentido muy conectada a él por su personalidad contradictoria. Desde pequeño fue extrañísimo. A pesar de que tiene un humor tan negro, es un hombre muy profundo con muchas preguntas existenciales.

Es como usted...
—Nos parecemos en la forma de apreciar la estética. Coincidimos en lo que nos parece bello. Nos encanta pensar y reflexionar. Ambos somos muy espirituales. Él no ha cambiado en estos veinte años. Sigue siendo igual.

¿Usted ha cambiado?
—Claro. Ahora me considero más feliz. Estoy de acuerdo con lo que soy. Antes vivía triste, melancólica y ensimismada. Ahora tengo facilidad para conectarme con la gente.

¿El holandés Will van der Vlugt, su novio, también fue su musa?
—Como él y yo siempre hablamos en inglés le escribí el tema Be. Nació de un guion que él quiere llevar al cine. En la historia hay una mujer que canta en un bar y por ahí la compuse.

Hace unos años, usted no hablaba públicamente de sus relaciones de pareja. ¿Por qué ahora sí?
—Porque nunca había sido feliz en ese campo. Hablo con mucho entusiasmo de él porque he encontrado a la persona con la que puedo estar. Antes de él, estuve resignada a enfrentar la soledad.

Pero como decía Borges: “Estoy solo y no hay nadie en el espejo. La soledad duele”.
—Tengo un universo interno rico. Sin embargo, cuando estaba en uno de esos estados lunáticos muy buenos, un amigo me presentó a Will por Blackberry. Él es un hombre con un nivel intelectual y artístico que lo hace atractivo.

Para Mercedes Baquero, su mamá, también hay una canción...
—Es un homenaje a su alegría de vivir. Mi madre es una mujer muy feliz que baila en las fiestas. Está enamorada de la vida, de su marido y de sus hijos.

Ella le inculcó la fascinación por la música brasileña...
—En mi niñez, mi mamá ponía mucha bossa nova. Mi papá se le medía a la samba. La bossa nova me impactaba por sus armonías sofisticadas y diferentes. Me gusta la música difícil y extraña.

¿Cuáles canciones eran parte de la banda sonora de su niñez?
—Las de Elis Regina. Después de su muerte han pasado muchas cantantes, pero ella sigue siendo mi favorita. Recuerdo dos temas: Eu quero uma casa no campo y Canto de ossanha.

¿Hay canciones de otros compositores en su trabajo?
—Como es un disco vivencial, lo compuse yo. Estudié música en la Javeriana y en el New World School of Art de Nueva York.

¿Una transgresora como usted en la universidad? Recuerde que muchos críticos de los sistemas educativos dicen que la academia castra la creatividad.
—Me producen respeto los músicos de escuela que leen las partituras y conocen las venas de la música. Pero estoy de acuerdo cuando dicen que uno debe violar ese conocimiento. Hay que rebelarse contra lo académico para salir con algo original.

Como transgresora nos la imaginamos muy roquera.
—Soy cero roquera. Sin embargo, me pasa una cosa rarísima con Smells Like Teen Spirit, una canción de Nirvana. Yo la oigo y es como si me inyectaran gasolina para correr tres días.

¿Como muchas artistas es bohemia y de rumba de excesos?
—No creo que para dedicarse a la música haya que ser bohemio. Ahora tengo una vida sana. Lo curioso es que yo no cantaba en las reuniones porque me ponía nerviosísima. Mis fiestas estaban relacionadas con el baile.

¿Siempre está conectada con su musa?
—Ahorita, esa musa está completamente bloqueada. Después de este disco es como si hubiera tenido dos niños. Algo fuerte. En estos momentos es como si mi aparato reproductor estuviera estéril.

¿Sueña con un Grammy, premios, discos de oro y platino?
—Sería poco realista si soñara con eso. Tengo unas expectativas muy modestas con mi música. Para mí ha sido muy difícil ser reconocida como autora. Además, no me he empeñado en sacar mi música adelante. Antes componía las canciones y luego las tiraba por ahí. Que vivieran solas para ver qué hacían. Sin embargo, esta vez he hecho un trabajo con el que estoy totalmente de acuerdo.

Es un disco independiente, ¿por qué no firmó con una disquera?
—Las disqueras de hoy en día necesitan temáticas musicales que se acomoden a lo comercial. Mi música, que está dentro del género world music, se encuentra lejos de sonar en la radio.

El video promocional del disco es un desnudo suyo dentro de una piscina.
—Lo hicimos con Will, mi novio, quien es fotógrafo y director de comerciales. Fue grabado en la piscina de su estudio.

¿Detrás de ese desnudo había una provocación?
—No fue el desnudo por el desnudo. Lo hice para un tema que se llama Canción para las cosas, que es totalmente desnuda. Solo tiene un bajo con una voz sin efectos. El video tiene un contenido erótico-poético.

En cuanto a la puesta en escena, ¿es lo más arriesgado que ha hecho en su vida?
—Los pecados de Inés de Hinojosa fue una cosa temeraria. No sé por qué fui capaz de grabar esas escenas fuertes en esta serie. Creo que estaba en otro mundo. Eso sería una de las cosas que no volvería a hacer en mi vida.
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