Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Margarita Rosa de Francisco insiste en verse fea

Margarita Rosa de Francisco insiste en verse fea

Revista Jet-set

La diva colombiana dirige, escribe el guion y actúa en la miniserie La Ranga, una producción que solo se puede ver en YouTube y Twitter. El personaje es una actriz en decadencia que repite la fealdad de Raquel, la drogadicta y alcohólica que interpretó en Paraíso Travel.
La Ranga es la tragicomedia de Ruth Esneda Barrios, actriz y cantante. Quienes la han visto la comparan con las mujeres de Almodóvar. Foto: tomada de La Ranga.
Por: Edición 29123/9/2014 00:00:00
El personaje de la Ranga, que le da el nombre a la miniserie de YouTube, en principio parece una parodia triste y dolorosa de la Mencha y Gaviota, las mujeres que situaron a Margarita Rosa de Francisco en el olimpo de las divas de la televisión hispana. De hecho en el primer capítulo, ella tararea el tema central de la banda sonora de Café.

En algunos medios digitales, incluyendo Las 2 orillas, se asume que la artista caleña creó este papel de actriz y cantante entrada en años, enferma y desquiciada con la clara intención de burlarse de sí misma, o por lo menos de las mujeres maduras.

La fealdad, como recurso actoral de esta caracterización, fue intencional como lo hizo a partir de los años 90. Por algo sus roles favoritos a lo largo de su carrera han sido los opuestos a los de niña bien y bonita, que mostró con el aplauso de la crítica en la telenovela La madre y el de Raquel, en la película Paraíso Travel. “Este último personaje es el que más quiero. Fue una idea brillante de Simón Brand, el director. Solo aparecí en cuatro escenas y sentí que me hizo falta tenerla más. Raquel inspiró la Ranga”.

No hacía falta que ella lo dijera para que los cibernautas se dieran cuenta de que había una fuerte conexión entre estos dos papeles femeninos. En la cinta de Brand se afeó los dientes con la ayuda de una prótesis y con un poco de maquillaje dibujó arrugas y patas de gallo en el rostro, tal cual lo hizo en la miniserie que por estos días también empezó a recorrer las redes sociales.

Hace un tiempo, cuando tenía 32 años, la estrella valluna aterrizó en los sets de grabación de La madre después de un largo periodo, casi una década, en que, según ella, se volvió monotemático hablar de su belleza. La productora María Clara Ochoa la retó a desprenderse del típico papel de diva y le ofreció el protagónico de este melodrama basado en una antiheroína trabajadora pero poco agraciada, mal arreglada y sin brillo que le permitió mostrar su gran dimensión histriónica. Todo coincidió con un periodo existencial de marras, que Margarita Rosa hizo público en los medios, y que desencadenó un grito de liberación contra todas sus bellas del pasado. Primero fue Señorita Valle y Virreina en Cartagena, luego la Mencha en Gallito Ramírez, más tarde la modelo de cara linda que presentó el Noticiero 24 horas y por último la Gaviota de Café. El personaje de mamá significó desprenderse del espejo y conciliar con una dama muy cotidiana, de cara lavada y avejentada.

“Lo confieso: siento un alivio inconmensurable cuando pienso que ya no tengo que estar en plan bella. Una liberación tan grande de solo pensar que tengo derecho a ser vieja porque ya hice mi papel de muñeca, y decentemente. Ya le di cepillo a mi propio ego creyéndome hermosa”, escribió hace poco en su columna de la revista SoHo, que tituló “El infernal privilegio de ser bonita”.

Y qué mejor que la Ranga, una diva en el ocaso con un remoquete fuerte, lo más cercano al de una interprete de rancheras en palenques mexicanos o a un reguetonero, que a las dos flores del jardín que le dieron el nombre a Margarita Rosa. El rol de la artista decadente, como extraída de las películas de Pedro Almodóvar, fue parte de su ingenio, tanto que escribió el guion y asumió la dirección en complicidad con su novio Will van der Vlugt, quien se encargó de la fotografía y la producción de la obra.

Los diálogos de este monólogo invitan a reflexiones acerca del amor, la juventud, la belleza, los hombres y la pasión nacional por el fútbol. Parecen una extensión de los ingeniosos trinos que publica en su Twitter, que nutre día a día con frases burlescas como vehículo para reírse del Gobierno, la religión, el sexo y hasta de ella misma. La artista, según colaboradores, utilizó la arcilla de su propia vida para construir a Ruth Esneda o “la Ranga”. Otras obras de Margarita Rosa de Francisco Baquero han seguido la línea biográfica, en el caso de A solas, que presentó hace cuatro años en el Teatro Nacional La Castellana, de Bogotá. En esta serie de fragmentos musicalizados también incluyó a una mujer fea, de lenguaje directo y poco adornado. “Ser bella jamás podrá ser una pesadilla. Dejar de serlo por el paso del tiempo, sí”, dijo por esos días.

Algunos de sus personajes no son bellos, y hasta pareciera que en la vida real no se trasnochara por los cuidados de la apariencia física y del vestuario. Sin embargo, la actriz y cantante es adicta al gimnasio, con hora y media de rutina cada día, y come verduras y proteínas en grandes cantidades: “Soy fanática del ejercicio, entreno como una burra y soy obsesiva con la alimentación, con estar flaca. Tengo mis cremitas, mis pepas de vitaminas y minerales. Claro que quiero estar joven, pero la edad que tengo no la puedo ocultar”. Dentro de poco cumplirá 50 años, muchos menos que la Ranga.

Margarita Rosa deshoja la belleza

“Belleza y juventud son dos cosas de distinta categoría. La belleza es eterna, la juventud no”.

“Cuanto más vieja me voy poniendo, más cariño me agarro”.

“La cosa se pone fregada cuando uno empieza a cumplir años. La tragedia es haber sido bonita y creer que uno debe echar mano de lo que sea con tal de no perder el tesoro que nos ha hecho ser el foco de las miradas. Ahí sí empiezan las vicisitudes y el pedacito jarto de la historia de las bellas”.

“Me preparé para ser bella y asumirlo a fondo. Toda la vida me encantó llamar la atención”.

“Cuando tenía 14 años era bajita y muy flaquita, sin caderas, sin busto. No tenía pretendientes, no atraía a ninguno por mi facha de niña”.

“En mi casa, la belleza de la mujer era un elemento bastante presente porque mi mamá fue reina y yo me la pasaba mirando sus fotos”.

“‘Para mí esto de los reinados es como estar en una feria donde se exhiben vacas, solo que somos mujeres’, dije cuando fui a Cartagena. Lo hice para burlarme un poco de mí misma, pero creo que eso no le gustó mucho a Raimundo”.

“Me han dicho lesbiana, drogadicta, vieja. Lesbiana y vieja no me parecen un insulto, así que si me quieren insultar de pronto tienen que buscar otras cosas”.

“Yo misma me tomo las fotos de Instagram. En ellas me cuido de no salir fea. Es la única manera de tener el control de mi propia farsa”.
LO MÁS VISTO