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Manuel Teodoro en el bajo mundo de Hong Kong

Manuel Teodoro en el bajo mundo de Hong Kong

Revista Jet-Set

El director de Séptimo día volvió a poner sobre el tapete el tema de la trata de personas y la prostitución de colombianas en Hong Kong y Panamá. Habló con las víctimas y las entidades del Gobierno sobre una problemática que viene de tiempo atrás, pero que ha sido opacada por el narcotráfico y la guerra.
Durante el mes y medio que estuvo en Hong Kong, Manuel Teodoro grabó más de 40 horas de material. Entrevistó a colombianas víctimas de la trata de personas y metió cámaras escondidas en los prostíbulos. Foto: Archivo Particular
Por: 8/5/2013 00:00:00
Hace un año y medio Manuel Teodoro estaba de vacaciones en Hong Kong y mientras esperaba a su esposa, Ani Zamorano, a la salida de un centro comercial, se le acercaron dos colombianas a preguntarle si él era el que salía en televisión. El director de Séptimo día se puso a hablar con ellas y terminaron confesándole que eran prostitutas. “Les pregunté si estaban allí en contra de su deseo y me contestaron: ‘No, estamos aquí porque queremos’. Eso me llamó la atención porque la historia que nos han vendido en Colombia es que van engañadas”, dice Teodoro. El reportero contactó al cónsul de Colombia en Hong Kong, quien le confirmó que ese país es el nuevo Japón, que en los años 80 y 90 era el destino sexual de muchas colombianas. A través del Consulado logró establecer la identidad de algunas víctimas de la trata de personas. Esta investigación concluyó en un especial de cuatro episodios con casos de mujeres que ejercían la prostitución en Panamá, Hong Kong y Colombia.

¿Cómo fue la experiencia en Hong Kong?
–Viajamos a mediados de marzo y estuvimos casi mes y medio. Recorrimos la zona de prostitución y entrevistamos a muchas prostitutas colombianas en esa ciudad. Ellas nos contaron que llegan allí a través de intermediaros, a los que llaman “manillas”, y que les cobran entre 30 y 50 millones de pesos por dejarlas trabajar. El gran problema es que aun cuando la prostitución en Colombia, Hong Kong y Panamá es legal, los acuerdos entre el intermediario y estas mujeres se hacen sin ningún tipo de contrato laboral, lo cual impide una vigilancia o control del Estado. La gran pregunta es: si es algo legal, ¿por qué sigue siendo manejado como el mercado negro o el narcotráfico?

¿Qué fue lo que más lo impactó?
–Me estremeció el hecho de que incluso cuando muchas mujeres saben que su estadía en esa ciudad va a ser muy dura, se van para allá. En el siglo XVI eran esclavizadas, ahora son ellas las que dicen: “Llévame, yo tengo un buen cuerpo, quiero prostituirme y no te voy a hacer quedar mal”. La mayoría está allí porque quiere, o sea, ese cuento de que se van creyendo que van a ser bailarinas o a cuidar viejitos en un ancianato ya no es cierto. Me mortifica que hace 20 años cuando uno iba a China o a Panamá y decía que era colombiano, inmediatamente lo asociaban con droga; pues bien, ahora lo hacen con prostitución. Nos hemos convertido en un gran exportador de prostitutas.

¿Cómo fue ese tiempo que pasó en Hong Kong?
–Los días eran largos, estábamos bajo mucha presión por el tiempo. Antes de viajar teníamos cuatro entrevistas aseguradas, pero cuando llegamos nadie quería hablar, nos tocó convencerlas. Nos botaron de tres sitios porque vieron la cámara. En un momento me sentí en peligro porque nos estaban siguiendo y no sabía quiénes, seguramente era gente de alguna de estas mafias.

¿Cómo las convenció de que hablaran?
–Metimos una cámara escondida en Escape, el bar donde trabajan muchas de estas prostitutas colombianas. Cuando llegué al lugar me reconocieron, afortunadamente logré persuadirlas de que estaba allí por placer y que no iba a grabar. Incluso me tocó pagarle a una para poder sentarme a hablar con ella. Finalmente pude entrevistar a varias y sentí el deseo de estas mujeres de decirles a sus compatriotas que no se vayan para allá porque no vale la pena.

¿Es de los temas más fuertes que ha tratado?
–No sé si el más fuerte, pero sí el más difícil, por la veracidad de las fuentes. Algunas de estas prostitutas se inventan que han sido tratadas para ser perfiladas como víctimas o para poder conseguir el tiquete gratis de regreso a Colombia. Y las que sí han sido tratadas no hablan por miedo.

Y en general, ¿qué fue lo más difícil?
–Nos amenazaron. Las mujeres que hablaron en el programa recibieron llamadas de las personas que denunciaron diciéndoles que iban a tomar represalias, eso es muy jarto.

Pero usted ya debe estar acostumbrado a las amenazas…
–No crea, todavía siento miedo. No quiero volver a tocar este tema, es peligroso, tensionante, además el libreto no fue fácil de escribir porque tenía que cuidar mucho cada comentario. En cierta parte les estamos dañando el negocio a los manillas al decirles a las mujeres que no se presten para esto.

La gente dice que sus programas son amarillistas.
–Los que dicen que mi programa es amarillista no saben qué significa esa palabra. El amarillismo, como yo aprendí en la universidad, es tomarle una foto a un tipo con los sesos esparcidos en la acera. Nosotros antes de hacer una nota nos preguntamos qué beneficio le estamos aportando a la sociedad colombiana y si no hay una respuesta clara, no la hacemos. Si mostrar la realidad del país es amarillista, no me importa.

Los pereiranos han expresado su indignación en las redes sociales porque usted dijo que allá pululan las prostitutas
. –Lo que hice fue resaltar unas cifras donde se indica que 8 de cada 10 víctimas de trata de personas son de Risaralda, Antioquia o el Valle. Yo veo eso como la avestruz que esconde la cabeza en la tierra y no quiere reconocer que tiene un problema grave. Es una simple reacción porque están cansados de ser tildados como exportadores de prostitutas. Mi trabajo como periodista es decir la verdad y no lo que otros quieren escuchar.

¿Usted ha pagado por sexo?
–No y no sé si lo haría. Si estoy completamente solo en mi vida, tengo una necesidad carnal y llevo años sin sentir el afecto de una mujer porque no soy capaz de conquistarla, quizá sí. Pero ese no es mi caso, tengo una esposa que me satisface en todo sentido. 
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