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Lupita Nyong'o: reina de corazones

Lupita Nyong'o: reina de corazones

Revista Jet-Set

Hollywood se rinde a los pies de esta debutante keniana que ganó el Óscar a mejor actriz de reparto por su primer papel en el cine y es la it girl del momento.
El Óscar es solo el último de los 23 trofeos que Lupita, quien no aparenta sus 31 años, ha ganado por su rol como Patsey en 12 años de esclavitud. Obtuvo el papel cuando terminaba su formación en la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de Yale. Foto: AP
Por: Edición 27812/3/2014 00:00:00
Una clamorosa ovación llenó el teatro Dolby y los tres mil asistentes se pusieron de pie cuando Christopher Waltz anunció que Lupita era la ganadora del Óscar a mejor actriz de reparto. Nadie podía ocultar la emoción al conocer el triunfo de la africana, quien no solo se ha ganado este y otros 23 trofeos por su papel en 12 años de esclavitud, sino también los corazones de la crema y nata del cine, que no sabe qué adora más de ella: si su talento innato o el tono de su piel porque evoca el chocolate, su belleza tranquila o la elegancia de sus manos, su elocuencia al hablar o el candor de los rasgos redondeados propios de su etnia luo, la misma de los ancestros de Barack Obama. Y el modo en que sus colegas le salen al paso para felicitarla en las galas de la pantalla grande se repite en las calles. “Mucha gente viene a mí, me toca y quiere darme un abrazo. Yo los dejo que lo hagan”, dijo hace poco la artista keniana acerca de este apoteósico debut que le cambió la vida.

En la meca del cine surgen estrellas todo el tiempo, pero pocas veces una es capaz de generar un fenómeno como el de Lupita, quien empieza su carrera a los 31 años en un ambiente que endiosa a las veinteañeras. Ella también traspasó la frontera del racismo y justamente asciende en momentos en que ese tema parece obsesionar al cine. En 12 años de esclavitud, interpreta a Patsey, una esclava que junto a Solomon Northup, personaje central encarnado por Chiwetel Ejiofor, sufre horribles vejámenes a manos de su amo, Edwin Epps, el rol de Michael Fassbender. El modo en que Lupita expresa el dolor, desesperación y valor de esta mujer, que incluso ruega que la maten, es lo que le ha valido la admiración general, pero ello es fruto más de sus destrezas histriónicas, manifiestas desde niña, que de su experiencia vital, como pudiera creerse. En Kenia, donde se crió tras nacer en México debido al exilio político de sus padres, el color de su piel no es tema de conversación ni apelativos de ninguna índole, pues la mayoría es de su misma raza, cuenta Lupita. Solo cuando pisó Estados Unidos para cursar cine y estudios africanos en el Hampshire College, en Massachusetts, descubrió los matices que ello tiene en la sociedad más democrática pero también más fracturada por las fronteras raciales. No obstante, cuando aceptó el premio Black Women in Hollywood, contó con su verbo cautivador que en su infancia, durante mucho tiempo, se acostó deseando despertar convertida en una niña blanca, pues en la televisión solo veía personas con la piel clara. Entonces, supo de Alek Wek: “una celebrada modelo, ella era negra como la noche. No podía creer que la gente amara a una mujer parecida a mí y que la encontraran linda. Tuve una epifanía porque me sentí más apreciada. Luego mi madre me enseñó: ‘no puedes comer belleza, eso no te alimenta’, y concluí que lo que en realidad nos sustenta, lo que es fundamentalmente la belleza es la compasión por ti mismo y por los demás. Esa clase de hermosura inflama los corazones y encanta las almas. Y eso era lo que tenía Patsey en medio de sus problemas. Recordamos la belleza de su espíritu a pesar de que la de su cuerpo se había desvanecido”.

Si Wek la inspiró para aceptar su imagen, fue Whoopi Goldberg, en El color púrpura, la que la hizo pensar por primera vez en ser actriz. Pero ello no era bien visto en su familia de clase media y más bien privilegiada (su padre, Peter, es senador y exministro en Kenia), de modo que pensó en ser directora. Así, dirigió un documental sobre la dura situación de los albinos en África, de quienes piensa que unen a las razas, porque se encuentran presentes en todas. Antes de perfeccionar sus conocimientos en la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de Yale empezó a trabajar como asistente de producción de cine y conoció al actor Ralph Fiennes, quien le dijo que si sentía que no podía vivir sin la actuación, entonces que se dedicara a ella. Lupita oyó la voz de su corazón, se convirtió en estrella de la televisión local de Kenia y de ahí saltó a Hollywood, casi sin darse cuenta. No creía que le fueran a dar un papel en una cinta producida por Brad Pitt como 12 años de esclavitud. Pero su audición, a la que solo fue por ensayar, admiró al director Steve McQueen, quien quiso que fuera Patsey desde que la vio. El resto ya es historia, y ahora Lupita tiene el reto de hacer honor al halo mágico con que ha nacido como estrella e ícono de la elegancia.
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