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Luis Gilberto Murillo, el ministro chocoano y su esposa rusa

Luis Gilberto Murillo, el ministro chocoano y su esposa rusa

REVISTA JET-SET

Luis Gilberto Murillo, el primer ministro afrodescendiente del gabinete de Santos, estudió ingeniería de minas en Moscú, donde conoció a Barno Khadjibaeva, la rusa que atrapó su corazón.
Los ingenieros de minas Barno Khadjibaeva y Luis Gilberto Murillo dicen que están más enamorados que cuando se conocieron como estudiantes en la Universidad Estatal de Prospección Geológica de Moscú.
Por: 19/5/2016 00:00:00

La noticia del nombramiento de Luis Gilberto Murillo como ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible sorprendió a su familia en su casa en Maryland, en los suburbios del condado de Washington. Su esposa, la ingeniera de minas rusa Barno Khadjibaeva, y sus hijos Julio David, Luis Gilberto y Timur Kwami no tenían idea de que eso podía suceder. El jefe de la casa iba a cumplir dos años como gerente del Plan Pacífico, y sus logros en el Chocó, Cauca, Nariño y Valle prometían dejarlo más tiempo en ese cargo público. Todos tuvieron que tomar aire para procesar lo que estaban oyendo de boca del presidente Juan Manuel Santos, quien siempre lo presenta como “un muy capacitado compatriota afrodescendiente”.

La historia académica de Luis Gilberto es tan larga como interesante. Su puntaje de 392 sobre 400 en las pruebas del Icfes lo llevaron al otro lado del mundo, primero a Azerbaiyán a aprender ruso, y un año más tarde, como becario en la facultad de Ingeniería de Minas de la Universidad Estatal de Prospección Geológica de Moscú. En las aulas de clase conoció a Barno, la moscovita de origen asiático que le sacó la cabeza de los libros y le robó el corazón. Ambos recuerdan esta época de diferente manera: él sonríe y comenta que Barno se desmayó de la felicidad cuando lo vio por primera vez. Ella, con un perfecto español de acento entre ruso y colombiano, dice que se enamoró poco a poco, “me gustaba porque era de los alumnos más inteligentes, una cosa increíble. Siempre tenía diploma rojo, lo que en Rusia quiere decir que todas las notas son excelentes”.

Eran jóvenes, guapos, inteligentes y muy divertidos. Eso los unió. Después de dos años de amistad y otro más de noviazgo, el 27 de noviembre de 1991 se casaron por lo civil acompañados de la familia Khadjibaeva. Los padres de Barno nunca se opusieron a su relación, pero presentían que pronto su hija se iría con él a Colombia y los dejaría con la tristeza de su ausencia. No se equivocaron. Dos años después, la pareja llegó a Andagoya, Chocó, con su primer hijo, Julio David. El ministro tenía una maestría en Ciencias de la Ingeniería y empezó a trabajar en la Corporación Nacional para el Desarrollo del Chocó (Codechocó), y Barno, deslumbrada con la belleza de la selva y el océano del Pacífico, se dedicó a aprender español con la ayuda de la familia Murillo y “le cogió el tiro” a la salsa con la música de Tito Rojas. En medio de la nueva experiencia, llena de colores y sabores diferentes como el borojó, tuvo a Luis Gilberto Junior. Sin mayor esfuerzo y gracias al amor de su suegra, María Urrutia, se acostumbró a vivir lejos de su casa.

Pero los viajes no terminarían en la patria chica de su esposo. En 1995 el entonces alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, le encargó a Luis la subdirección de Planeación y Presupuesto de la Secretaría Distrital de Ambiente, que en ese entonces se llamaba DAMA. Pero la familia soportó el frío capitalino solo dos años, porque la candidatura a la Gobernación del Chocó los hizo regresar al departamento. Ganó y su triunfo fue el inicio de una carrera de obstáculos que le impidió ejercer la gobernación dos veces seguidas: en 1998 y en 2012. En ninguna de las oportunidades, a pesar de contar con el apoyo electoral, Luis Gilberto pudo sortear las acusaciones de peculado por la construcción del techo de una escuela en su pueblo. Y para completar, fue víctima de un secuestro extorsivo de dos días, por parte de los paramilitares, que obligó a la familia a exiliarse en Washington. “Empezamos desde cero. Fue duro pero interesante porque aprendimos mucho”, recuerda Barno. Entre “ires y venires”, los Murillo ahora son cinco. Timur Kwami, el menor del clan multicultural, nacido en Estados Unidos, ya cumplió 15 años. Él será el único de los hijos que regresará con sus padres a Colombia, ya que los dos mayores tienen armada su vida en Estados Unidos: Julio David trabaja en una organización que defiende los derechos de los inmigrantes y Luis está terminando sus estudios de Ciencias Políticas.

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